CAPÍTULO 11
Zacarías - Ia parte

Esperanza en un mundo desesperado

Patrick Greene era un activista ateo que protestaba por cualquier iniciativa que tomaran los cristianos de su comunidad. En una ocasión, Patrick había demandado a la alcaldía de su pueblo en Texas, Estados Unidos, por tener una escena de la natividad en propie­dad del Estado. Durante los meses que precedían al juicio que tenía en contra del Gobierno municipal, sucedió algo dramático en su vida. Hacía tiempo que Patrick tenía problemas de visión, pero ahora las cataratas de sus ojos empeoraron hasta el punto de que casi no podía ver. Eso le impidió continuar con su trabajo de taxista, y tuvo que dejar de conducir. Entonces las deudas comenzaron a amontonarse y su situación comenzó a ser precaria. Estaba desesperado, pues no tenía nada sobre lo cual poner sus esperanzas. ¿Hay esperanza sin Dios?
Aunque sea difícil de creer para muchos cristianos, uno de los grupos "religiosos" de mayor crecimiento en nuestros días es el de los ateos. Sus posturas son tan diversas como las estrellas del cielo. El espectro es am­plio, pues hay personas que creen que hay alguna fuerza superior, un "ser supremo" o algún "dios" imposible de conocer; mientras que hay otros que no creen en nada, quienes sostienen que somos fruto de la casualidad y que la vida termina de forma insignificante.1 Hay desde teístas morales, humanistas agnósticos y existencialistas; hasta ateos radicales y nihilistas hundidos en el pesimismo. No es correcto hacer una caricatura de ellos; es un cuadro variado y complejo. Entre ellos hay gente que parece muy feliz, mientras que hay otros que se muestran deprimidos y amargados.2 Aun así, el denominador común en todos ellos es la ausencia de una espe­ranza concreta después de la muerte. Se han desarrollado sistemas para darle sentido a la vida, pero el fin es similar, la paz es tan elusiva como la esperanza en un mundo de desesperación.
El período posexílico, cuando los hebreos regresaron de Mesopotamia en el siglo VI a.C., estaba caracterizado por esa lóbrega atmósfera. Eran evidentes el cinismo y la apatía de muchos de los que habían regresado. A ese mundo de contradicciones se enfrenta el profeta Zacarías, que debe predicar esperanza a gente que la había perdido. Zacarías comienza su ministerio veinte años después de regresar de Mesopotamia, mientras el Templo permanecía en ruinas. La situación no era nada fácil para el profeta, que se une a uno de nuestros amigos que ya conocemos: Hageo. Ambos formaron un gran equipo, en el cual sus ministerios se apoyaron y complementaron.
El éxito de su trabajo es particular, pues hemos estudiado a varios pro­fetas que fueron contemporáneos y ejercieron su ministerio en proximidad geográfica, pero no tenemos pruebas de que hayan trabajado juntos. Recordamos en el siglo VIII a.C. a Oseas y a Amos en el reino del norte (Israel). En Judá, estuvieron profetizando al mismo tiempo Miqueas e Isaías durante los reinados de Jotam, Acaz y Ezequías, pero no parece que actuaban en equipo (algunos sugieren que Joel y Abdías vivieron en esta época). El caso de Nahúm y Sofonías es similar, ayudaron a sacar a Judá de las tinieblas del tiempo de Manasés, pero no sabemos si lo hi­cieron juntos. En esa misma época de reformas, sabemos que Jeremías y Habacuc proclamaron sus profecías, pero no parece que haya habido contacto entre ellos. Alguna correspondencia hubo con Ezequiel en el exilio y Daniel conoce de las profecías de Jeremías; pero los profetas que vivían en Mesopotamia trabajaban de forma independiente. Ese no es el caso de Zacarías y Hageo. "Las fervientes súplicas y palabras de aliento dadas por medio de Hageo fueron recalcadas y ampliadas por Zacarías, a quien Dios suscitó al lado de aquel para que también instara a Israel a cumplir la orden de levantarse y edificar" (Profetas y reyes, cap. 46, p. 422). Estos compañeros en el ministerio lucharon codo con codo, para impartir esperanza en Yehud.

La falta de esperanza en Yehud

Lo cierto es que ni el presente ni el futuro eran nada halagüeños para los habitantes de Yehud. En su memoria estaba el edicto proclamado por Ciro, que permitió el regreso a sus tierras a los procedentes de Judá en el año 539 a.C., y autorizó que el Templo fuese reconstruido. Esdras, casi un siglo más tarde, cita las órdenes de Ciro, que había sido profetizado por Isaías como un "ungido" (mesías). Por otro lado, algunos críticos de la Biblia dudaban de que un documento como el descrito en Esdras se hubiese promulgado. Cuando los arqueólogos encontraron el "Cilindro de Ciro", con un lenguaje muy similar, tuvieron que aceptar la veracidad del relato bíblico. Aunque en el Cilindro de Ciro no se menciona a Judá, y en vez de a Yahveh se le da la gloria a Marduk, podemos reconocer cómo la profecía de Isaías (45:1-7) se cumplió en este astuto político.3 Aun así, no se cumplió completamente y el Templo no fue edificado de forma inmediata. Encontramos a un Daniel afligido porque la profecía no se cumplía como él esperaba;4 una aflicción que debió haber invadido a muchos en el exilio, que querían ver las profecías cumplidas en su totalidad. Lo peor es que no todos tuvieron el privilegio que tuvo Daniel de ver detrás del telón y entender los poderes cósmicos que estaban en lucha (Dan. 9).
En esa búsqueda de esperanza, casi nos podemos imaginar a algunos yehuditas haciendo rollos y tablas proféticas con los cumplimientos de los acontecimientos políticos y proféticos, mientras estaban tratando de determinar de forma exacta cuál sería el próximo paso en el cuadro de la profecía. Para el desaliento de muchos, no se reconstruyó en el tiempo de Ciro, y su ambicioso hijo Cambises ocupó el trono. Cambises pasó cerca de Yehud por la Vía Horus mientras marchaba hacia el sur, para conquistar Egipto. La presencia del emperador en esa región pudo haber llenado a los yehuditas de esperanza, pues podían presentar su caso delante del monarca para que se hiciese valer el edicto de Ciro. Algunos "expertos" tal vez aseguraron que ahora sí se cumpliría la profecía, basados sobre sus cálculos.
Sin embargo, los planes expansionistas de Cambises estaban enfocados en subyugar a Egipto, y no tenía tiempo para atender problemas "menores". Eso hizo que desde el año 530 hasta el 522 a.C. no sucediera nada en el tem­plo, y Cambises ni siquiera es mencionado de forma directa en las Escrituras hebreas. La súbita muerte del monarca en su regreso de Egipto desencadenó una guerra civil en el imperio, donde el "falso" Esmerdis trató de usurpar el trono persa, mientras Darío luchaba por coronarse como emperador.5 Darío fue capaz de consolidarse como monarca y celebró su victoria en la inscripción monumental de Behistún. En ella, Darío se proclama protector de los templos y lugares de culto: buenas noticias para Yehud.
Los confusos acontecimientos políticos e históricos deberían haber sido identificados de forma precisa por aquellos que querían fechas exac­tas y trataban de afinar los detalles de la profecía. Los acontecimientos eran impresionantes, el "sacudir de las naciones", aludido en Hageo, no termina ahí, sino que los griegos comenzaban a amenazar a los persas en el oeste. Las intervenciones de los atenienses en Anatolia y los puertos al Mediterráneo crearon una tensión increíble, que desencadenaría en la primera lucha "mundial" entre Occidente y Oriente; una pugna que terminaría cambiando el curso de la historia. Además, Egipto, en el sur, amenazaba con rebelarse; y la frontera este, en lo que hoy conocemos como Afganistán, estaba tan inestable como hoy. Aquellos eran momen­tos clave que estaban cambiando el mundo como había sido conocido durante milenios. El ambiente resultaba asfixiante. La pequeña y pobre comunidad de Yehud no parecía tener mucho porvenir, solo podía especular sobre su futuro.
"Pero aun en esa hora sombría había esperanza para los que con­fiaban en Dios. Los profetas Hageo y Zacarías fueron suscitados para hacer frente a la crisis" (Profetas y reyes, cap. 46, p. 420). El relato de Esdras, décadas más tarde, trata de resumir los acontecimientos de casi un siglo,culminando en el 457 a.C. con el cumplimiento de la profecía de Daniel para comenzar las setenta semanas (Dan. 9:25). En la narración de Esdras, el orden de los reyes y de los acontecimientos puede resultar confuso para el lector superficial; pero si se estudia cuidadosamente con la historia, se puede entender la secuencia de los hechos y el orden de los monarcas. La arqueología ha podido constatar estos acontecimientos y la cronología bíblica, sin que haya lugar para confusiones.6 Entre todos esos sucesos, queda claro que no podemos condenar a los yehuditas por estar tan desanimados y tristes. Ninguna "predicción" exacta del orden de los acontecimientos hubiese sido prudente para los hebreos.
Para tener una idea de cómo se sentían, solo hay que observar a algunos de los miles de judíos del siglo XXI que lloran diariamente por el Templo destruido frente al "Muro de los Lamentos" en Jerusalén. Aunque para muchos el también llamado "Muro Occidental" es motivo de celebración y de júbilo, son miles los que se lamentan porque el Templo continúa en ruinas y sus esperanzas no se han cumplido. Eso ha movido a la mayoría en Israel a dudar de esas promesas, e incluso de la existencia de Dios. El escepticismo y el agnosticismo reinan sobre la mayor parte de la población israelí, que en su mayoría no cree realmente en Dios o en su capacidad para restaurar lo que se había prometido en las Escrituras.


"¿Hasta cuándo?"


Antes de criticar la actitud de muchos de los israelíes de la actualidad, o de los yehuditas del tiempo de Zacarías, debemos reconocer las tragedias que han tenido que sufrir durante siglos. Cuando preguntan "¿Hasta cuán­do?", no se trata de la infantil petición de nuestros niños: "¿Llegamos ya?" Esto es algo serio, se trata de la Palabra de Dios, sus promesas, su honor. El giro sorprendente, para algunos, en Zacarías es que quien pregunta no es el profeta, sino el "ángel de Jehová" (1:1 2): "¿Hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalén?"7 Esta pregunta parece un eco de la petición de un "santo", quien le pregunta a otro de los "santos": "¿Hasta cuándo durará la visión del continuo, la prevaricación asoladora y la entrega del santuario y el ejército para ser pisoteados?" (Dan. 8:13). Esa fórmula de petición, "¿Hasta cuándo?" (heb. 'ad matay), aparece en Daniel 12:6.8
Las preguntas presentadas en Zacarías hay que entenderlas en el con­texto cultural donde fueron escritas. Uno debe notar que la noción del tiempo en el Cercano Oriente es "diferente" de la de Occidente. En Occi­dente, estamos atados a citas por horas, días concretos, y agendas que nos comprometen y casi controlan nuestras vidas. Las culturas de esa región, aun en la actualidad, son más flexibles sobre cuándo deben ocurrir los acontecimientos. La expresión en castellano "ojalá" tiene su raíz en la máxima árabe: insha'Allah ("si Dios lo permite"). Esta idea permite que lo dicho pueda ser una posibilidad y le da un espacio de tiempo, a veces indeterminado, para cumplir lo esperado. En las culturas originales de América y África también se pone un mayor énfasis en las personas y las relaciones que en los hechos. No es bueno caricaturizar pero, en general, las relaciones personales son elevadas como más importantes que los compromisos generales.
Por otro lado, aunque la mente hebrea está enraizada en ese contexto, donde el énfasis no es la "puntualidad" como se entiende en Occidente, se espera que se cumpla con lo prometido. No se debe olvidar que en la Biblia, las profecías de tiempo tienen interés en cronología, y las profecías de naturaleza apocalíptica no están condicionadas a los seres humanos. Sin embargo, no podemos reducir estas expresiones a nuestra manera de razonar actual, la cual está muy influenciada por el pensamiento griego.
Aquí no debemos poner nuestra atención en las fechas, porque el pasaje en Zacarías no está subrayando acontecimientos con un calendario estricto o una lista de cotejo.
He aquí otro concepto oriental muy relevante en estos textos y que determina dónde está el énfasis. Las culturas de Oriente valoran mucho la "vergüenza" y el "honor"; ahí es donde está el corazón de la pregunta del ángel del Señor. El punto central del pasaje es el honor de Yahveh de los ejércitos, el cual está siendo cuestionado. La pregunta "¿Hasta cuándo?" está poniendo a prueba el honor de Dios. Las otras naciones han inter­pretado que el Dios de Israel ha sido vencido, y aun los mismos hebreos se preguntan si realmente su deidad es honorable y si va a cumplir su palabra. Los otros profetas aluden al tema del honor de Dios cuando discuten temas de teodicea y de justicia social. Los descendientes de quienes so­brevivieron al exilio, tanto como los israelíes de hoy que tienen todavía en su memoria el Holocausto, tienen que contestar si realmente vale la pena honrar a Yahveh y darle gloria. Contestar a la pregunta "¿Hasta cuándo?" implica devolver la honra al nombre divino al restaurar Jerusalén.


Dios restaura Jerusalén ante las naciones

En la tercera visión que tiene Zacarías, descrita en su segundo capítulo, el profeta ve más allá de las murallas rotas, las ruinas del templo y la ciudad en escombros. Hay que recordar la fecha de estas visiones (520 a. C.); estas se dan antes de los éxitos que hemos descrito al estudiar a Hageo en el año 519 a.C. Tampoco podemos dejar de enfatizar que las visiones de Zacarías tienen lugar setenta años antes que Esdras y Nehemías.® Aun así, los ojos del profeta se trasladan a una Jerusalén que sería centro de las naciones, donde el nombre de Yahveh sería honrado y venerado. En el siglo XXI, hay perso­nas que llegan a Jerusalén procedentes de todas direcciones para buscar el rostro de Dios, en respuesta a un llamado a venir. Esa visión demuestra que Yahveh nunca tuvo la intención de ser exclusivista o etnocentrista; su corazón va tras los pueblos de la Tierra. En Abraham, Jonás, Elíseo y otros, vemos la iniciativa de ir en pos de los que no conocen a Yahveh. Dios siempre quiso ser una bendición para todas la naciones (Gén. 12:1-3). Tanto en ir como en el venir, muestran cómo el carácter y el honor de Dios debía ser vindicado ante el universo.

Pablo predica basándose en el Antiguo Testamento, cuando registra en sus cartas cómo se cumplieron esas promesas de bendecir a todas la naciones para unirse en alabanza al Dios verdadero (ver Rom. 15:9-18; Efe. 3:1-8). Zacarías quiere ampliar la visión de sus compatriotas, para hacerles reconocer su papel en el Imperio Persa y en el mundo entero. Jerusalén es un tipo de Jesús y, más adelante, de su iglesia, medios por los cuales todos los pueblos serían unidos bajo las bendiciones del pacto (Rom. 9-10). Después de haber leído profecías de retribución y destrucción contra naciones en otros profetas, podemos observar que en Zacarías el énfasis es la restauración (2:8). Zacarías les ofrece esperanza a sus compatriotas y deja un legado para los creyentes de todas las edades. Esa es la razón por la cual los escritores del Nuevo Testamento lo citan y aluden tan frecuentemente. Más aún, Zacarías sigue siendo relevante hoy y tiene mensajes para el siglo XXI, cuando Dios tiene un mensaje para todas las naciones.
¿Qué mensaje central tiene Zacarías para nuestros días? ¿Podría ser político, un "sionismo" para el siglo XXI? ¿Se va a convertir la iglesia en un grupo exclusivista? Muchos lectores modernos usan a Zacarías en es­peculaciones proféticas, por no tener claros los principios hermenéuticos de cómo leer las profecías clásicas y apocalípticas. Las visiones de Zacarías han despertado la imaginación de muchos; son frecuentemente usadas en diversos escenarios proféticos. Hay muchos predicadores populares que diseminan interpretaciones creativas en esquemas tan diversos como son las diferentes iglesias que los patrocinan. Algo así sucede con el libro de Apocalipsis, el cual ha sido objeto de variadas interpretaciones por "expertos" que pretenden delinear de forma exacta los "mapas" o "tablas" del fin del tiempo.
En el caso de Apocalipsis, el mensaje de los tres ángeles en el capítulo 14 es central para nuestra experiencia adventista. Sin embargo, algunos solo enfatizan el "temed a Dios" o las amenazas contra Babilonia, haciendo caso omiso del mensaje central de ese capítulo. En Zacarías 2:7 aparece una advertencia similar a la de Juan, contra permanecer en Babilonia, donde se habían quedado cómodamente muchos de los de Judá. La his­toria nos confirma que ellos sufrirían dos terribles conflagraciones en esa ciudad, durante el tiempo de Darío. Unos dos mil quinientos años después, el vidente de Patmos tenía a Zacarías en mente cuando registra advertencias similares en Apocalipsis 14 y 18 sobre salir de Babilonia. Juan les hace saber a los seres humanos de la inminente caída de la Ba­bilonia profética. Ahí y en muchas partes de Apocalipsis el apóstol usa el lenguaje de Zacarías con el significado del fin del tiempo, aplicándolo a la profecía apocalíptica.10
Pero la caída de Babilonia tampoco es el mensaje central del profeta. El capítulo 3 es, sin lugar a dudas, el corazón del libro de Zacarías. Ahí está el sacerdote Josué, siendo acusado por Satanás por sus ropas sucias e indignas (3:1). No sé si alguna vez has sido acusado de algo, pero es una sensación muy desagradable. Solo he estado una vez acusado ante la corte de justicia por haberme pasado un semáforo en rojo; aunque había parado y mirado antes de continuar, eso no me libró de la multa. También he sido acusado falsamente por terroristas cibernéticos, de esos que se esconden detrás del anonimato para destruir a los dirigentes, como lo hacen los cobardes con bombas escondidas, rifles con mira telescópica o desde sofisticados aparatos. Pero, gracias a Dios por nuestro Aboga­do celestial, el cual me ha asegurado estar conmigo en todo momento. Todos los acusadores encapuchados que sirven al acusador tendrán que enfrentarse con el Abogado algún día.
Lo cierto es que soy culpable de cualquier acusación como pecador. En el caso de Josué, "no puede defenderse a sí mismo ni a su pueblo de las acusaciones de Satanás [...]. En sus andrajos sucios, que simbolizan los pecados del pueblo, que él lleva como su representante" {Profetas y reyes, cap. 47, p. 428). Hay que señalar que el sacerdote no trata de justificarse, acepta que es merecedor del castigo ya que lo es; un pecador injustifica­ble. Aquí se puede ver un marcado contraste con la actitud laodicense de autojustificación y falsa noción de inocencia (Apoc. 3:15-17). Sin embargo, Josué está "confesando su culpa, señalando su arrepentimiento y humi­llación y fiando en la misericordia de un Redentor que perdona el pecado. Con fe se aferra a las promesas de Dios" (ibíd.). Josué se aferraba tenaz­mente de lo prometido por el Cielo, como nosotros debemos hacer hoy.
El ángel del Señor, que es Jesús mismo, ordena que las ropas sucias sean quitadas y le sean otorgadas vestiduras nuevas (3:5; cf Apoc. 3:18). Ese es el mensaje que Dios quería que los pecadores yehuditas tuvieran en claro. Aunque eran pecadores y las acusaciones de Satanás eran reales, Jesús mismo les aseguraba justificación por medio de la fe. No me explico cómo hay personas que no pueden reconocer el mensaje evangélico en el Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento no es legalista ni frío; desde el Génesis hasta el final está lleno de mensajes de gracia, perdón y evangelio. La conexión con Apocalipsis continúa, al estar aludido el tema de Zacarías capítulo 3 en al mensaje de los tres ángeles. Ese mensaje de Apocalipsis no es de miedo ni de acusación, sino el mismo que Zacarías: justificación por la fe. Elena de White asegura: "Varios me han escrito preguntándome si el mensaje de la justificación por la fe es el mensaje del tercer ángel, y he contestado: 'Es el mensaje del tercer ángel en verdad'" (Mensajes selectos, 1.1, p. 437).
El mensaje de salvación únicamente por la fe es el que ha de atraer a las naciones a Jesús y a su iglesia, libres de escenarios paranoicos que cambian tan frecuentemente como las noticias en Internet, ni acusaciones o juicios como los que inspira el gran acusador. Laodicea necesita "ves­tiduras blancas" de justicia y oro refinado para nuestra pobreza (Apoc. 3:1 8). Esas fueron las buenas nuevas de esperanza que Zacarías dio a su desesperanzada audiencia.

¿Hay esperanza, después de todo?

Para algunos, la esperanza es solo una utopía; se sienten chasqueados como los yehuditas del tiempo de Zacarías. Han escuchado de muchas escenas del fin del mundo por parte de religiosos, políticos y ahora hasta ecólogos, que tienen una escatología naturalista, por la cual el fin del mundo se producirá por el calentamiento global o una catástrofe cós­mica. El prominente ateo Richard Dawkins sugiere que "el universo que observamos tiene precisamente las propiedades que podríamos esperar si hubiese al fondo, ningún diseño, ningún propósito, ningún mal, nin­gún bien; nada, sino indiferencia ciega y lastimera".11 Pero, los creyentes en la Biblia tenemos un mensaje de esperanza y de significado en la vida.
Jessica Crye, una cristiana de Texas, se enteró de los problemas financie­ros de Patrick, nuestro amigo ateo que estaba enfermo de sus ojos. Jessica conocía la beligerancia de Patrick contra los cristianos, pero quiso, junto con otras personas, ayudar financieramente al amargado hombre. Patrick quedó tan impactado por la generosidad de los cristianos que dejó de luchar para demandar a la alcaldía, y más adelante entregó su vida a Jesús. Reco­noció que había esperanza en un mundo de desesperación, que Cristo puede cambiar las cosas; y actualmente quiere convertirse en pastor. El mensaje de la justificación por la fe sigue transformando vidas y corazones. Cuando este evangelio sea predicado... entonces vendrá el fin.

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Referencias

  1. Ver por ejemplo C. Richard Dawkins, The Blind Watchmaker: Why the Evidence ofEvolution Reveáis a Universe without Design (New York: W. W. Norton and Co., 1989).
  2. No puedo dejar de recomendar el libro escrito por Ruth Tucker Wal- kingAwayfromFaith: Unraveling the Mystery ofBelief& Unbelief(Dow- ners Grove, IL: InterVarsity, 2002).
  3. Para más información ver A. Kuhrt, "The Cyrus Cylinder and Achae- menid Imperial Policy", en Journalfor the Study of the Oíd Testament, 25:83-97 (1983).
  4. Daniel usaba el año 605 a.C., cuando él fue llevado cautivo a Babilonia, como punto de partida para la profecía de los setenta años (de Jeremías) y reconocía que el edicto de Ciro era la señal indicada para regresar a Jerusalén y que el templo fuera restaurado. Daniel vio cómo el primer grupo de exiliados regresaron a la tierra prometida. Si Zacarías usa la destrucción del templo en el 589 a.C. como punto de partida para la pro­fecía de los setenta años debió identificar al 519 a.C. como clave para ese proyecto de restauración. Aquí no vamos a detallar las diferencias entre las cronologías hebreas y babilonias sobre años de ascensión de los reyes o el uso del verano u otoño para medir el tiempo.
  5. No se confunda con "Darío el medo", que reinó sobre la ciudad de Babilonia mientras Ciro era emperador. Sobre el "pseudo-Esmerdis" hay algunos eruditos que sugieren que era realmente Esmerdis, hijo de Ciro y que Darío se encargó de hacerlo ver como usurpador para tomar él el poder de Persia. Ver entre otros a Pierre Briant, From Cyrus toAlexan- der: A History ofthe Persian Empire (Winona Lake, IN: Eisenbrauns, 2002), pp. 100-106.
  6. Para más detalles ver Efraín Velázquez II,AnArchaeologicalReading ofMalachi. Tesis doctoral, Universidad Andrews, (2008). La descripción de Profetas y reyes es bien exacta y confiable al compararlo con los anales históricos.
  7. David J. Clark y Howard Hatton sugieren que además de Jerusalén se debe incluir a las "ciudades de Judá" en la traducción, sin embargo no creo que haya que enmendar el texto pues la preocupación aquí está íntimamente relacionada al templo. A Handbook onZechariah, UBS Handbook Series (New York: United Bible Societies, 2002), p. 91.
  8. Agradezco a Pedro Martínez por sus notas de estudio sobre Zacarías.
  9. No se puede subestimar la importancia de tener claras las fechas de varios libros de la Biblia, ya que es difícil entender su contenido sin un cuadro sobre su contexto histórico; aunque esto no siempre es posible. El período postexílico es uno de los más violentados en interpretaciones y sermones. El orden de los monarcas, los acontecimientos y los personajes son invertidos o alterados por muchos lectores superficiales.
  10. Paul Lamarche reconoce que aparte de Ezequiel, Zacarías es el pro­feta que más influye en Juan para escribir el Apocalipsis. Zacharie IX- XIV: Structure littéraire et messianisme (Paris: Gabalda, 1961), pp. 8, 9.
  11. Richard Dawkins, A River Out ofEden (Nueva York: Basic Books, 1995), p. 133.