INTRODUCCIÓN

ACTO INHUMANO    (Audio > ) - - Descargar

La mente, dijo alguien, nunca está satisfecha, nunca. Esto es porque enfrenta una cruel paradoja: la mente, que puede contemplar lo eterno, está com­puesta por materia que no es eterna y, peor todavía, sabe que no es eterna. Como los pollos y las ostras, vamos a morir. La diferencia, sin embargo, es que los pollos y las ostras no lo saben. Nosotros sí lo sabemos, y darnos cuenta de esto nos produce mucha angustia y sufrimiento.
¿Cómo llegamos a estar en este problema? Por supuesto, la respuesta es una palabra: pecado. El pecado lleva a la muerte. Los humanos pecan; por lo tanto, los humanos mueren. Es así de sencillo.
"Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron" (Rom. 5:12).
Sí, los seres humanos mueren. Y aquí está la dificultad: nunca se esperaba que muriéramos. Fuimos originalmente creados para la vida eterna. El plan, desde el principio, fue que viviéramos para siempre. La muerte, entonces, es un intruso: el acto más inhumano. Estamos tan acostumbrados a la muerte que la damos por sentada; la aceptamos simplemente como una "parte de la vida".
¿La muerte como una parte de la vida? Si eso suena paradójico y absurdo, es porque lo es. La muerte es la negación de la vida, no un aspecto de ella.
En este contexto, vamos a las lecciones de este trimestre. Tal vez se pueda expresar mejor con la cita famosa en la que Elena de White escribe que el gran tema de la Biblia es "la obra de Dios que abate en el polvo la gloria del hombre, y hace por el hombre lo que este no puede hacer por sí mismo" (TM 456).
Y ¿qué es lo que Dios hace por nosotros que no tenemos el poder de hacer por nosotros mismos? Por supuesto, es salvarnos del más inhumano de los actos, la muerte; la muerte eterna, que sería nuestra si no fuera por la gracia de Dios revelada en el plan de salvación. En otras palabras, es el llamado que nos hace, como individuos y como iglesia: "Buscad a Jehová, y vivid".
Ese es el tema que estudiaremos: lo que Dios hace por nosotros que nunca podremos hacer por nosotros mismos, que es darnos el don de la vida, vida eterna en Jesús. Sin embargo, lo exploraremos en un lugar donde no vamos muy a menudo, los "profetas menores", los doce breves libros con que termina el Antiguo Testamento. Estos profetas han sido apodados "los profetas menores" no porque sean de menor importancia que los mayores, sino solo porque sus libros son mucho más breves que los de los otros escritores del Antiguo Testamento.
En realidad, sea por medio del casamiento de Oseas con una mujer infiel, o por el intento de Jonás de huir del llamado profético de Dios (o, por lo menos, tratar de hacerlo), o por la sorprendente visión de Zacarías acerca de Josué y el ángel (y también con todos los demás), los profetas menores juntos tienen un mensaje poderoso, que aparece vez tras vez, que es acerca de la gracia de Dios hacia los pecadores que no la merecen. El mensaje es que Dios quiere salvarnos de nuestros pecados, salvarnos de la devastación que el pecado, la rebelión y la desobediencia producen. Una y otra vez en estos libros, vemos a Dios suplicando a su pueblo que se arrepienta, que ponga a un lado sus pecados, que vuelva a él y encuentre vida, y no muerte, salvación y no condenación, esperanza y no desesperación.
No hay nada "menor" acerca de ese tema. Es verdad presente: el mensaje de Dios para nosotros hoy, así como lo fue para quienes vivieron en el tiempo de estos escritores, quienes, aunque desaparecidos hace mucho, todavía hablan.
La pregunta es: ¿Escucharemos? La respuesta es: Por supuesto, ya que es un asunto de vida o muerte.


Zdravko Stefanovic es profesor de Teología en la Universidad del Hospital de Florida, en Orlando, Florida, Estados Unidos. Está casado con Bozana, profesora de Matemáticas, y tienen dos hijos varones. La familia guarda cálidos recuerdos de sus doce años de servicio misionero en el Asia Oriental y sus doce años de docencia en la Universidad de Walla Walla.