Notas de Elena G. de White

Lección 6
9 de Febrero de 2013

La creación y la caída

Sábado 2 de febrero

La guerra que comenzó en el cielo, no terminó allí. Cuando Satanás fue expulsado también lo fueron una cantidad de ángeles a quienes él había llevado a rebelarse contra Dios. Y cuando vinieron a esta tierra, el mismo engaño que había resultado en la caída de los ángeles fue practicado con Adán y Eva, quienes cedieron a sus tentaciones. Desde entonces ha habido en esta tierra un incesante y desesperado conflicto entre el bien y el mal; entre las fuerzas de Cristo y las fuerzas de Satanás. Y esta lucha entre las agencias satánicas y aquellos por los que Cristo dio su vida, durará hasta el fin del tiempo. Pero los que lo acepten, recibirán el poder para obedecer la ley de Dios. Este conflicto, que está claramente delineado en la Palabra de Dios, nos concierne individualmente, y debiéramos estar intensamente interesados en él.

Cuando Adán apostató, se colocó a sí mismo del lado de Satanás; su naturaleza se volvió hacia el mal y quedó separado de Dios. Si el Señor no hubiera intervenido, los seres humanos hubieran entrado en una alianza con Satanás y hubieran intentado una batalla contra Dios y contra el cielo, porque no existe una enemistad natural entre los ángeles caídos y los humano s caídos. En su estado actual, ambos están en rebelión contra todo lo bueno. Y el mal, doquiera se lo encuentre, se unirá con otro mal en contra del bien. Por eso, los ángeles caídos y los seres humanos caídos se buscan en desesperada compañía (Review and Herald, 3 de mayo, 1906).

Aunque la lobreguez y oscuridad pendían como una mortaja sobre el futuro, sin embargo, en la promesa del Redentor, la Estrella de la esperanza alumbraba el lóbrego futuro. La primera predicación del evangelio fue hecha por Cristo a Adán. Adán y Eva experimentaron sincero dolor y arrepentimiento por su culpa. Creyeron la preciosa promesa de Dios y fueron salvados de una ruina total (Comentario bíblico adventista, tomo l, p. 1098).

Domingo 3 de febrero:
La serpiente era más astuta

En su primera exhibición de desafecto, Satanás fue muy astuto. Solamente afirmaba que lo que quería era lograr un mejor estado de cosas, hacer grandes mejoras. Indujo a la primera pareja a separarse de Dios, a apartarse de su lealtad a los mandamientos divinos, en tomo al mismo punto en que son tentadas y fracasan miles de personas hoy en día; es decir, por medio de sus propios vanos pensamientos. El verdadero conocimiento es de origen divino. Satanás insinuó en las mentes de nuestros primeros padres el deseo por el pensamiento especulativo, por medio del cual declaró que ellos mejorarían su condición grandemente; pero, para lograrlo, deberían seguir por un camino contrario a la santa voluntad de Dios, por cuanto Dios no los conduciría a alturas mayores. No era el propósito de Dios que ellos obtuvieran un conocimiento que se basara en la desobediencia. Satanás procuraba dirigir a Adán y Eva por un campo ancho, y abre hoy ese mismo campo ante el mundo por medio de sus tentaciones (Testimonios para la iglesia, tomo 5, pp. 474, 475).
                                    
Satanás tomó la forma de una serpiente y entró en el Edén. Esta era una hermosa criatura alada, y mientras volaba su aspecto era resplandeciente, semejante al oro bruñido. No se arrastraba por el suelo sino que se trasladaba por los aires de lugar en lugar, y comía fruta como el hombre. Satanás se posesionó de la serpiente, se ubicó en el árbol del conocimiento y comenzó a comer de su fruto con despreocupación.

Eva, en un primer momento sin darse cuenta, se separó de su esposo absorbida por sus ocupaciones. Cuando se percató del hecho, tuvo la sensación de que estaba en peligro, pero nuevamente se sintió segura, aunque no estuviera cerca de su esposo. Creía tener sabiduría y fortaleza para reconocer el mal y enfrentarlo. Los ángeles le habían advertido que no lo hiciera. Eva se encontró contemplando el fruto del árbol prohibido con una mezcla de curiosidad y admiración. Vio que el árbol era agradable y razonaba consigo misma acerca de por qué Dios habría prohibido tan decididamente que comieran de su fruto o lo tocaran. Esa era la oportunidad de Satanás. Se dirigió a ella como si fuese capaz de adivinar sus pensamientos: "¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?" Así, con palabras suaves y agradables, y con voz melodiosa, se dirigió a la maravillada Eva, que se sintió sorprendida al verificar que la serpiente hablaba. Ésta alabó la belleza y el extraordinario encanto de Eva, lo que no le resultó desagradable (La historia de la redención, pp. 33, 34).

En las tácticas que puso en juego, Satanás mostró una gran astucia. Asaltó a Cristo en el asunto del apetito, apeló a su confianza en Dios, y le mostró las escenas más cautivantes de la tierra. Pero Cristo no fracasó. Veía un mundo que perecía en el pecado y se sostuvo firmemente en el sendero de la resistencia. Había venido para rescatar al mundo y para buscar y salvar lo que se había perdido.

Cristo pasó por el terreno donde Adán cayó, pero venció en nuestro beneficio. Soportó cada prueba que los seres humanos están llamados a soportar, y enfrentó cada tentación que nosotros estamos llamados a enfrentar. Anduvo por el camino en el que nosotros debemos caminar: "Si alguno quiere venir en pos de mí –dice él– niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Marcos 8:34). Podemos soportar las pruebas y las tentaciones como él lo hizo, dependiendo de Dios y del poder divino en cada paso, y podemos llegar a recibir la corona de conquista­ dores. Nos dice: "Confiad, yo he vencido al mundo". "Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono" (Juan 16:33; Apocalipsis 3:21) (The Bible Echo, 23 de julio, 1900).


Lunes 4 de febrero:
La mujer y la serpiente

La curiosidad de Eva se había despertado. En vez de huir de ese lugar, se quedó allí para escuchar hablar a la serpiente. No cruzó por su mente la posibilidad de que el enemigo caído utilizara a ésta como un médium. Era Satanás quien hablaba, no la serpiente. Eva estaba encantada, halagada, infatuada. Si se hubiera encontrado con un personaje imponente, que hubiera tenido la forma de los ángeles y se les pareciera, se habría puesto en guardia. Pero esa voz extraña debiera haberla conducido al lado de su esposo para preguntarle por qué otro ser podía dirigirse a ella tan libremente. En cambio, se puso a discutir con la serpiente. Le respondió: "Del fruto de los árboles del  huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis". La serpiente contestó: ''No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal".

Satanás quería introducir la idea de que al comer del árbol prohibido recibirían una nueva clase de conocimiento más noble que el que habían alcanzado hasta entonces...

No era la voluntad de Dios que esa inocente pareja tuviera el menor conocimiento del mal. Les había otorgado el bien con generosidad, y les había evitado el mal. Eva creyó que las palabras de la serpiente eran sabias, y escuchó la audaz aseveración: ''No moriréis, sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal". Con esto Satanás presentó a Dios como mentiroso. Insinuó con osadía que Dios los había engañado para evitar que alcanzaran una altura de conocimiento igual a la suya. Dios dijo: "Si coméis, moriréis". La serpiente dijo: "Si coméis, no moriréis".

El tentador aseguró a Eva que tan pronto como comiera del fruto recibiría un conocimiento nuevo y superior que la igualaría a Dios. Llamó la atención de ella a sí mismo. Comió a su gusto del fruto del árbol, y descubrió  que no solo era inofensivo,  sino además delicioso y estimulante, y le dijo que por causa de sus maravillosas propiedades para impartir sabiduría y poder Dios les había prohibido que lo comieran o aun lo tocaran, porque conocía sus maravillosas cualidades. Afirmó que por comer del fruto del árbol prohibido había adquirido la capacidad de hablar. Insinuó que Dios no cumpliría su palabra, que era solo una amenaza para intimidarlos e impedirles lograr un gran beneficio. Además  le dijo que no morirían. ¿No habían comido acaso del árbol de la vida que perpetuaba la inmortalidad? Le dijo seguidamente que Dios  los estaba engañando para impedirles alcanzar un nivel de felicidad más elevado y un gozo más excelso. El tentador arrancó el fruto y se lo alcanzó a Eva. Ella lo tomó... (La historia de la redención, pp. 34-36).

Martes 5 de febrero
Engañados por la evidencia

Tomó entonces del fruto y comió, e imaginó que sentía el poder vivificante de una nueva y elevada existencia como resultado de la influencia estimulante del fruto prohibido. Se encontraba en un estado de excitación extraña y antinatural cuando buscó a su esposo con las manos llenas del fruto prohibido. Le habló acerca del sabio discurso de la serpiente y manifestó su deseo de llevarlo inmediatamente junto al árbol del conocimiento. Le dijo que había comido del fruto, y que en lugar de experimentar una sensación de muerte, sentía una influencia estimulante y placentera. Tan pronto como Eva desobedeció se transformó en un medio poderoso para ocasionar la caída de su esposo.

Vi que la tristeza se insinuaba en el rostro de Adán. Parecía temeroso y atónito. Al parecer, había una lucha en su mente. Le dijo a Eva que estaba casi seguro de que se trataba del enemigo contra el cual se los había advertido, y que de ser así, ella debía morir. La mujer le aseguró que no sentía efectos dañinos sino una influencia placentera, e insistió en que él comiera.

Adán comprendió perfectamente que su compañera había transgredido la única prohibición que se les había hecho como prueba de su fidelidad y su amor. Eva argumentó que la serpiente había dicho que no morirían, y sus palabras debían ser verdaderas, porque no sentía seña­ les del desagrado de Dios, sino una influencia placentera, como la que experimentaban  los ángeles, según ella lo imaginaba.

Adán lamentó que Eva se hubiera apartado de su lado, pero ya todo estaba hecho. Debía separarse de aquella cuya compañía tanto amaba.

¿Cómo podía permitirlo? Su amor por Eva era intenso. Y totalmente desanimado resolvió compartir su suerte. Razonaba que Eva era parte de sí mismo, y si ella debía morir, moriría con ella, porque no podía soportar el pensamiento de separarse de ella. Le faltaba fe en su misericordioso y benevolente Creador. No se le ocurrió que Dios, que lo había creado del polvo de la tierra para hacer de él un ser viviente y hermoso, y había creado a Eva para que fuera su compañera, la podía reemplazar. Después de todo, ¿no podrían acaso ser correctas las palabras de esa sabia serpiente? Allí estaba Eva ante él, tan encantadora y tan hermosa, y aparentemente tan inocente como antes de desobedecer. Manifestaba mayor amor por él que antes de su desobediencia, como consecuencia del fruto que había comido. No vio en ella señales de muerte. Eva le había hablado de la feliz influencia del fruto, de su ardiente amor por él, y  decidió  afrontar  las  consecuencias.  Tomó  el  fruto  y  lo  comió rápidamente, y al igual que Eva no sintió inmediatamente sus efectos perjudiciales.

La mujer creía que era capaz de discernir el bien y el mal. La lisonjera esperanza de alcanzar un nivel más elevado de conocimiento la había inducido a pensar que la serpiente era su amiga especial, que tenía gran interés en su bienestar. Si hubiera buscado a su esposo y ambos hubieran transmitido a su Hacedor las palabras de la serpiente, habrían sido librados al instante de esa artera tentación. El Señor no quería que averiguaran nada acerca del fruto del árbol del conocimiento, porque en ese caso se verían expuestos a la astucia de Satanás. Sabía que estarían perfectamente  seguros si no tocaban ese fruto...

Satanás se regocijó por su éxito. Había tentado a la mujer para que desconfiara de Dios, dudara de su sabiduría y tratara de entrometerse en sus omniscientes planes. Y por su intermedio había causado también la caída de Adán quien, como consecuencia de su amor por Eva, desobedeció el mandamiento de Dios y cayó juntamente con ella (La historia de la redención, pp. 36-40).
        
Miércoles 6 de febrero:
Gracia y juicio en el Edén: Parte 1

La primera indicación que el hombre tuvo acerca de su redención la oyó en la sentencia pronunciada contra Satanás en el huerto. El Señor declaró: "Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Génesis 3:15). Esta sentencia, pronunciada en presencia de nuestros primeros padres, fue una promesa para ellos. Mientras predecía la lucha entre el hombre y Satanás, declaraba que el poder del gran adversario sería finalmente destruido. Adán y Eva estaban como criminales ante el justo Juez, y aguardaban la sentencia que merecía su transgresión; pero antes de oír hablar de la vida de trabajo y angustia que sería su destino, o del decreto que determinaba que volverían al polvo, escucharon palabras que no podían menos que infundirles esperanza. Aunque habrían de padecer por efecto del poder de su gran enemigo, podrían esperar una victoria final...

No solo el hombre sino también la tierra había caído por el pecado bajo el dominio del maligno, y había de ser restaurada mediante el plan de la redención. Al ser creado, Adán recibió el señorío de la tierra. Pero al ceder a la tentación, cayó bajo el poder de Satanás. Y "el que es de alguno vencido, es sujeto a la servidumbre del que lo venció" (2 Pedro 2: 19). Cuando el hombre cayó bajo el cautiverio de Satanás, el dominio que antes ejercía pasó a manos de su conquistador. De esa manera Satanás llegó a ser "el dios de este siglo" (2 Corintios 4:4). Él había usurpado el dominio que originalmente fue otorgado a Adán. Pero Cristo, mediante su sacrificio, al pagar la pena del pecado, no solo redimiría al hombre, sino que también recuperaría el dominio que éste había perdido. Todo lo que perdió el primer Adán será recuperado por el segundo. El profeta dijo: "Oh torre del rebaño, la fortaleza de la hija de Sión vendrá hasta ti: y el señorío primero" (Miqueas 4:8). Y el apóstol Pablo dirige nuestras miradas hacia "la redención de la posesión adquirida" (Efesios 1:14). Dios creó la tierra para que fuese la morada de seres santos y felices. El Señor "que formó la tierra, el que la hizo y La compuso; no La crió en vano, para que fuese habitada la crió" (Isaías 45: 18). Ese propósito será cumplido, cuando sea renovada mediante el poder de Dios y libertada del pecado y el dolor; entonces se convertirá en La morada eterna de los redimidos. "Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella" (Salmo 37:29). "Y no habrá más maldición; sino que el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán" (Apocalipsis 22:3) (Patriarcas y profetas, pp. 51-53).

El misterio del evangelio se reveló en el Edén cuando Dios dijo a la serpiente: "Pondré enemistad entre ti y La mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Génesis 3: 15). Si Satanás pudiese haber herido la Cabeza con sus seductoras tentaciones, la familia humana hubiese estado perdida. Pero el Señor hizo conocer su propósito de planear el misterio de la gracia al declarar que Cristo aplastaría la cabeza de la serpiente bajo sus pies (The Messenger, 7 de junio, 1893).

Jueves 7 de febrero:
Gracia y juicio en el Edén: Parte 2

Los que logren la victoria finalmente vivirán una vida que se equipara con la de Dios y se ceñirán la corona del vencedor. Puesto que nos aguarda esta grande y eterna recompensa, deberíamos correr con paciencia la carrera, mirando a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe (Cada día con Dios, p. 175).

Las glorias que esperan a los fieles vencedores están por encima de cualquier descripción. El Señor los honrará y exaltará grandemente. Crecerán como el cedro y su entendimiento sin duda irá en aumento. Y a medida que vayan avanzando en las etapas del conocimiento, sus expectativas quedarán por debajo de la realidad. "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman" (1 Corintios 2:9). Nuestra tarea ahora es alistarnos para aquellas mansiones que Dios está preparando para los que lo aman y guardan sus mandamientos (Alza tus ojos, p. 149).
                                     
Cuando Satanás  escuchó  las  palabras: "Pondré  enemistad  entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Génesis 3:15), comprendió que el ser humano recibiría el  poder para resistir a sus tentaciones. También comprendió que su  pretendida  posición  de  ser  el  príncipe del nuevo mundo creado sería derrotada, y que él y sus ángeles serían definitivamente vencidos. Sus sentimientos de seguridad y poder se desvanecieron. Aunque Adán y Eva habían cedido a sus tentaciones y su posteridad  sentiría la fuerza de su s asaltos, no serían dejados sin un ayudador. El Hijo de Dios vendría a este mundo para ser tentado, pero para vencer en nuestro beneficio.

Solo hay enemistad entre los seres humanos caídos y Satanás cuando aquéllos se colocan del lado de Dios y obedecen su ley; cuando reciben poder para enfrentar sus ataques mediante los méritos y el sacrificio de Cristo. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16). El Hijo de Dios, en su naturaleza humana, fue tentado en todo como nosotros, pero enfrentó y resistió los asaltos del enemigo. Con la fuerza que él les da, los seres humanos pueden ganar la victoria sobre el tentador y descubrir sus engaños y artificios. Al aceptar a Cristo como su Salvador personal, pueden permanecer firmes ante las tentaciones del enemigo. Si aceptan los principios del cielo y permiten que Cristo llene su corazón y mente con el deseo de obedecer la ley de Jehová, llegarán a la vida eterna (Review and Herald, 3 de mayo, 1906).