Notas de Elena G. de White

 Lección 4
26 de Enero de 2013 -
La creación:Un tema bíblico

Sábado 19 de enero

La mente y la mano divinas han conservado puro a través de los siglos el relato de la creación. Únicamente la Palabra de Dios nos presenta los anales auténticos de la creación de nuestro mundo. Esta Palabra ha de constituir el estudio principal en nuestras escuelas. En ella podemos aprender lo que nuestra redención costó al que desde el principio era igual al Padre, y sacrificó su vida para que un pueblo pudiese subsistir ante él, redimido de todo lo terreno, renovado en la imagen de Dios (Consejos para los maestros, p. 15).

"Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos" (Salmo 102:25).

Al principio, Dios se revelaba en todas las obras de la creación. Fue Cristo quien extendió los cielos y echó los cimientos de la tierra. Fue su mano la que colgó los mundos en el espacio, y modeló las flores del campo. Él "asienta las montañas con su fortaleza", "suyo es el mar, pues que él lo hizo" (Salmo 65:6; 95:5). Fue él quien llenó la tierra de hermosura y el aire con cantos. Y sobre todas las cosas de la tierra, el aire y el cielo, escribió el mensaje del amor del Padre (Exaltad a Jesús, p. 40).

Domingo 20 de enero:
La creación en Génesis 2

La primera semana, en la que Dios realizó su obra creadora en seis días y descansó en el séptimo, fue como cualquier otra semana. El gran Dios estableció este ciclo semanal como un ejemplo que habría de seguir hasta el fin de los tiempos. En cada día Dios generó o produjo una nueva porción de su obra creadora y en el séptimo descansó de su labor, lo bendijo y lo apartó como día de descanso para el ser humano. Este ciclo semanal de siete días literales, seis para trabajar y el séptimo para descansar, que ha sido preservado mediante la historia bíblica, se originó en los grandes eventos de los primeros siete días (Signs of the Times, 20 de marzo, 1879).

Entre los judíos se permitía que un hombre repudiase a su mujer por las ofensas más insignificantes, y ella quedaba en libertad para casarse otra vez. Esta costumbre era causa de mucha desgracia y pecado. En el Sermón del Monte, Jesús indicó claramente que el casamiento no podía disolverse, excepto por infidelidad a los votos matrimoniales. "El que repudia a su mujer --dijo él- a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio".

Después, cuando los fariseos lo interrogaron acerca de la legalidad del divorcio, Jesús dirigió la atención de sus oyentes hacia a institución del matrimonio conforme se ordenó en la creación del mundo. "Por la dureza de vuestro corazón –dijo él– Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres: mas al principio no fue así". Se refirió a los días bienaventurados del Edén, cuando Dios declaró que todo "era bueno en gran manera". Entonces tuvieron su origen dos instituciones gemelas, para la gloria de Dios y en beneficio de la humanidad: el matrimonio y el sábado. Al unir Dios en matrimonio las manos de la santa pareja diciendo: "Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne", dictó la ley del matrimonio para todos los hijos de Adán hasta el fin del tiempo. Lo que el mismo Padre eterno había considerado bueno era una ley que reportaba la más elevada bendición y progreso para los hombres.

Como todas las demás excelentes dádivas que Dios confió a la custodia de la humanidad, el matrimonio fue pervertido por el pecado; pero el propósito del evangelio es restablecer su pureza, y hermosura. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, se emplea el matrimonio para representar la unión tierna y sagrada que existe entre Cristo y su pueblo, los redimidos a quienes él adquirió al precio del Calvario. Dice: "No temas... porque tu marido tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado". "Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo". En el Cantar de los Cantares oímos decir a la voz de la novia: "Mi amado es mío, y yo suya". Y el "señalado entre diez mil" dice a su escogida: "Tú eres hermosa, amiga mía, y en ti no hay mancha" (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 56, 57).

 

Lunes 21 de enero:
La creación en los Salmos

La religión pura y sin mácula ennoblece al que la posee. En el verdadero cristiano siempre se encontrará una alegría distinguida, una santa y feliz confianza en Dios, una sumisión a sus providencias que refrescará el alma. En cada bendición que recibe el cristiano, se pueden ver el amor y la benevolencia de Dios. Las bellezas naturales son dignas de nuestra admiración. Al estudiar la hermosura natural que nos rodea, la mente es conducida mediante la naturaleza al Autor de todo lo que es bello. Todas las obras de Dios hablan a nuestros sentidos y magnifican su poder y exaltan su sabiduría. Cada cosa creada posee encantos que interesan al hijo de Dios y acostumbran su gusto a considerar que todas estas preciosas evidencias del amor de Dios están por encima de la obra y la habilidad humanas (Exaltad a Jesús, p. 299).

"Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?" (Salmo 8:3, 4).

Dios nos insta a contemplar sus obras en el mundo natural. Desea que todos apartemos nuestra mente del estudio de lo artificial para dedicarlo a lo natural. Lo comprenderemos mejor al elevar nuestra mirada a las colinas de Dios, y contemplar las obras que él ha hecho con sus propias manos. Su mano ha modelado las colinas, y las ha puesto en equilibrio en su sitio, a fin de que no se muevan sino a su mandato. El viento, el sol, la lluvia, la nieve y el hielo son servidores que cumplen su voluntad (Hijos e hijas de Dios, p. 112).

Adán estuvo rodeado con todo lo que podía desear su corazón. Estaba atendida cada necesidad suya. No había pecado ni había señales de decadencia en el glorioso Edén. Los ángeles de Dios conversaban libre y amablemente con la santa pareja. Las felices aves canoras gorjeaban sus inocentes y gozosos cantos de alabanza a su Creador. Los pacíficos cuadrúpedos, en su feliz inocencia, jugaban en torno de Adán y Eva, obedientes a la palabra de ellos. Adán se hallaba en la perfección de su virilidad, y era la más noble obra del Creador. Estaba creado a la imagen de Dios, pero era un poco menor que los ángeles (Mensajes selectos, tomo 1, p. 314).

Una vez creada la tierra con su abundante vida vegetal y animal, fue introducido en el escenario el hombre, corona de la creación para quien la hermosa tierra había sido aparejada. A él se le dio dominio sobre todo lo que sus ojos pudiesen mirar; pues, "dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree... en toda la tierra. Y crió Dios al hombre a su imagen... varón y hembra los crió" (Génesis 1:26, 27).

Aquí se expone con claridad el origen de la raza humana; y el relato divino está tan claramente narrado que no da lugar a conclusiones erróneas. Dios creó al hombre conforme a su propia imagen. No hay en esto misterio. No existe fundamento alguno para la suposición de que el hombre llegó a existir mediante un lento proceso evolutivo de las formas bajas de la vida animal o vegetal. Tales enseñanzas rebajan la obra sublime del Creador al nivel de las mezquinas y terrenales concepciones humanas. Los hombres están tan resueltos a excluir a Dios de la soberanía del universo que rebajan al hombre y le privan de la dignidad de su origen. El que colocó los mundos estrellados en la altura y coloreó con delicada maestría las flores del campo, el que llenó la tierra y los cielos con las maravillas de su potencia, cuando guiso coronar su gloriosa obra, colocando a alguien para regir la hermosa tierra, supo crear un ser digno de las manos que le dieron vida. La genealogía de nuestro linaje, como ha sido revelada, no hace remontar su origen a una serie de gérmenes, moluscos o cuadrúpedos, sino al gran Creador. Aunque Adán fue formado del polvo, era el "hijo de Dios" (Lucas 3:38, V.M.).

Adán fue colocado como representante de Dios sobre los órdenes de los seres inferiores. Éstos no pueden comprender ni reconocer la soberanía de Dios; sin embargo, fueron creados con capacidad de amar y de servir al hombre. El salmista dice: "Hicístelo enseñorear de las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies... asimismo las bestias del campo; las aves de los cielos... todo cuanto pasa por los senderos de la mar" (Salmo 8:6-8). (Patriarcas y profetas, pp. 24, 25).

 

Martes 22 de enero:
La creación en Job

No es algo liviano pecar contra Dios; erigir la perversa voluntad del hombre en oposición a la voluntad de su Hacedor. Conviene a los mejores intereses de los seres humanos, aun en este mundo, obedecer los mandamientos de Dios. Y conviene, por cierto, a su eterno interés someterse a Dios y estar en paz con él. Las bestias del campo obedecen la ley de su Creador por medio del instinto que las gobierna. Dios le habla al orgulloso océano y le dice: "Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante" (Job 38:11). Los planetas marchan en perfecto orden obedeciendo las leyes que Dios ha establecido. De todas las criaturas que Dios ha hecho sobre la tierra, solo el ser humano es el único rebelde, a pesar de que posee razonamiento para entender los reclamos de la ley divina, y una conciencia que le hace sentir culpa por la transgresión o paz y gozo cuando obedece. Dios lo hizo un agente moral libre, para obedecer o desobedecer. La recompensa de la vida eterna -un eterno peso de gloria- se promete a los que hacen la voluntad de Dios (The Sanctified Life, p. 76; parcialmente en, Reflejemos a Jesús, p. 87).

Adán y Eva estaban encargados del cuidado del jardín, para que lo guardaran y lo labrasen. Aunque poseían en abundancia todo lo que el Dueño del universo les podía proporcionar, no debían estar ociosos. Se les había asignado como bendición una ocupación útil, que habría de fortalecer su cuerpo, ampliar su mente y desarrollar su carácter.

El libro de la naturaleza, al desplegar ante ellos sus lecciones vivas, les proporcionaba una fuente inagotable de instrucción y deleite. El nombre de Dios estaba escrito en cada hoja del bosque y en cada piedra de las montañas, en toda estrella brillante, en el mar, el cielo y la tierra. Los moradores del Edén trataban con la creación animada e inanimada; con las hojas, las flores y los árboles, con toda criatura viviente, desde el leviatán de las aguas, hasta el átomo en el rayo del sol, y aprendían de ellos los secretos de su vida. La gloria de Dios en los cielos, los mundos innumerables con sus movimientos prefijados, "las diferencias de las nubes", los misterios de la luz y el sonido, del día y de la noche, todos eran temas de estudio para los alumnos de la primera escuela de la tierra (La educación, p. 21).

"Respondió Jehová a Job desde un torbellino" (Job 38:1), y reveló a su siervo la grandeza de su poder. Cuando Job alcanzó a vislumbrar a su Creador, se aborreció a sí mismo y se arrepintió en el polvo y la ceniza. Entonces el Señor pudo bendecirle abundantemente y hacer de modo que los últimos años de su vida fuesen los mejores (Profetas y reyes, p. 120).

 

Miércoles 23 de enero:
La creación en los profetas

No solo el hombre sino también la tierra había caído por el pecado bajo el dominio del maligno, y había de ser restaurada mediante el plan de la redención. Al ser creado, Adán recibió el señorío de la tierra. Pero al ceder a la tentación, cayó bajo el poder de Satanás. Y "el que es de alguno vencido, es sujeto a la servidumbre del que lo venció" (2 Pedro 2:19). Cuando el hombre cayó bajo el cautiverio de Satanás, el dominio que antes ejercía pasó a manos de su conquistador. De esa manera Satanás llegó a ser "el dios de este siglo" (2 Corintios 4:4). Él había usurpado el dominio que originalmente fue otorgado a Adán. Pero Cristo, mediante su sacrificio, al pagar la pena del pecado, no solo redimiría al hombre, sino que también recuperaría el dominio que éste había perdido. Todo lo que perdió el primer Adán será recuperado por el segundo. El profeta dijo: "Oh torre del rebaño, la fortaleza de la hija de Sión vendrá hasta ti: y el señorío primero " (Miqueas 4:8). Y el apóstol Pablo dirige nuestras miradas hacia "la redención de la posesión adquirida" (Efesios 1:14). Dios creó la tierra para que fuese la morada de seres santos y felices. El Señor "que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la crió en vano, para que fuese habitad a la crió" (Isaías 45:18). Ese propósito será cumplido, cuando sea renovada mediante el poder de Dios y libertada del pecado y el dolor; entonces se convertirá en la morada eterna de los redimidos. "Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella" (Salmo 37:29). "Y no habrá más maldición; sino que el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán " (Apocalipsis 22:3) (Patriarcas y profetas, pp. 52, 53).

El profeta ensalzaba a Dios como Creador de todo. Su mensaje a las ciudades de Judá era: "¡He ahí a vuestro Dios!" (Isaías 40:9, V. M.). "Así dice el Dios Jehová, el Criador de los cielos, y el que los extiende; el que extiende la tierra y sus verduras... Yo Jehová, que lo hago todo... que formo la luz y crío las tinieblas... yo hice la tierra, y crié sobre ella al hombre. Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé" (Isaías 42:5; 44:24; 45:7, 12) (Profetas y reyes, p. 234).

Al hacer que los hombres violaran el segundo mandamiento, Satanás se propuso degradar el concepto que tenían del Ser divino. Anulando el cuarto mandamiento, les haría olvidar completamente a Dios. El hecho de que Dios demande reverencia y adoración por sobre los dioses paganos se funda en que él es el Creador, y que todas las demás criaturas le deben a él su existencia. Así lo presenta la Biblia. Dice el profeta Jeremías: "Jehová Dios es la verdad; él es Dios vivo y Rey eterno... los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, perezcan de la tierra y de debajo de estos cielos. El que hizo la tierra con su potencia, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su prudencia... Todo hombre se embrutece y le falta ciencia; avergüéncese de su vaciadizo todo fundidor; porque mentira es su obra de fundición, y no hay espíritu en ellos; vanidad son, obras de escarnios; en el tiempo de su visitación perecerán. No es como ellos la suerte de Jacob: porque él es el Hacedor de todo" (Jeremías 10:10-16).

El sábado, como recordatorio del poder creador de Dios, le señala a él como Hacedor de los cielos y de la tierra. Por lo tanto, es un testimonio perpetuo de su existencia, y un recuerdo de su grandeza, su sabiduría y su amor. Si el sábado se hubiera santificado siempre, jamás habría podido haber ateos ni idólatras (Patriarcas y profetas, pp. 348, 349).

 

Jueves 24 de enero:
La creación en el Nuevo Testamento

Pablo dirigió la mente de sus idólatras oyentes más allá de los límites de su falsa religión a un verdadero concepto de la Deidad, que habían titulado: "Dios no conocido." Este Ser, a quien ahora les declaraba, no dependía del hombre, ni necesitaba que las manos humanas añadiesen nada a su poder y gloria. La gente se llenó de admiración por el fervor de Pablo y su lógica exposición de los atributos del Dios verdadero: su poder creador y la existencia de su providencia predominan­ te. Con ardiente y férvida elocuencia, el apóstol declaró: "El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, éste, como sea Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos de manos, ni es honrado con manos de hombres, necesitado de algo; pues él da a todos vida, y respiración, y todas las cosas". Los cielos no eran bastante grandes para contener a Dios, cuánto menos los templos hechos por manos humanas.
En aquella época de castas, cuando a menudo no se reconocían los derechos de los hombres, Pablo presentó la gran verdad de la fraternidad humana, declarando que Dios "de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra". A la vista de Dios, todos son iguales. Cada ser humano debe suprema lealtad al Creador. Luego el apóstol mostró cómo, a través de todo el trato de Dios con el hombre, su propósito de misericordia y gracia corre como un hilo de oro. Él "les ha prefijado el orden de los tiempos, y los términos de la habitación de ellos; para que buscasen a Dios, si en alguna manera, palpando, le hallen; aunque cierto no está lejos de cada uno de nosotros." (Los hechos de los apóstoles, pp. 193, 194).

En Listra no había sinagoga judía, aunque vivían en la ciudad unos pocos judíos. Muchos de los habitantes de Listra adoraban en un templo dedicado a Júpiter. Cuando Pablo y Bernabé aparecieron en la ciudad y, reuniendo a su alrededor a los listrenses, explicaron las verdades sencillas del evangelio, muchos trataron de relacionar esas doctrinas con su propia creencia supersticiosa en el culto de Júpiter.

Los apóstoles se esforzaron por impartir a estos idólatras un conocimiento del Dios Creador y de su Hijo, el Salvador de la especie humana. Primero atrajeron su atención a las obras admirables de Dios, que son el sol, la luna y las estrellas, el hermoso orden de las estaciones sucesivas, las altas montañas cubiertas de nieve, los frondosos árboles, y otras varias maravillas de la naturaleza, que demostraban una habilidad que superaba la comprensión humana. Por medio de estas obras del Todopoderoso, los apóstoles dirigieron la mente de los paganos a la contemplación del gran Gobernante del universo.

Habiendo presentado estas verdades fundamentales concernientes al Creador, los apóstoles hablaron a los listrenses del Hijo de Dios, que vino del cielo a nuestro mundo porque amaba a los hijos de los hombres. Hablaron de su vida y ministerio, su rechazamiento por aquellos a quienes vino a salvar, su juicio y crucifixión, su resurrección y su ascensión al cielo, para actuar allí como abogado del hombre. Así, con el Espíritu y el poder de Dios, Pablo y Bernabé predicaron el evangelio en Listra (Los hechos de los apóstoles, pp. 146, 147).