8 septiembre
Timoteo
Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. 1 Timoteo 4:12.

La Palabra de Dios era la regla que guiaba a Timoteo... Las instructoras en su hogar cooperaron con Dios para educar a este joven con el propósito de llevar las responsabilidades que le llegarían a una edad temprana.
Timoteo era solo un joven cuando fue escogido por Dios como maestro. Pero, sus principios habían sido tan bien establecidos por una educación co­rrecta que era digno de ser un maestro cristiano en conexión con Pablo, el gran apóstol a los gentiles. Y aunque era joven, llevó sus responsabilidades con man­sedumbre cristiana. Era fiel, constante y sincero, y Pablo lo eligió como su com­pañero de trabajo y de viajes, para que tuviera el beneficio de la experiencia del apóstol en la predicación del evangelio y en el establecimiento de las iglesias.
Pablo amaba a Timoteo porque Timoteo amaba a Dios. El gran apóstol a menudo lo buscaba y lo interrogaba respecto de la historia en las Escrituras. Le enseñó la necesidad de rechazar toda maldad, y le dijo que la bendición cier­tamente acompañaría a todos los que fueran fieles y honestos, y les daría una virilidad noble...
Las palabras del apóstol Pablo poco antes de su muerte fueron: "Pero persis­te tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús" (2 Tim. 3:14, 15)...
Pablo podía escribir esto con tranquilidad porque Timoteo no exhibía un espíritu de autosuficiencia. Trabajaba en conexión con Pablo, buscaba su con­sejo e instrucción. No funcionaba por impulso. Ejercía la consideración y un pensamiento calmado, y se preguntaba a cada paso: "¿Será este el camino del Señor?"...
"Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren" (1 Tim. 4:16).

El encargo dado a Timoteo debe ser tenido en cuenta en cada hogar, y debe convertirse en un móvil de la educación en cada familia y cada escuela —Youth's Instructor, 5 de mayo de 1898.