30 Septiembre
La restauración de Pedro

Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Juan 21:15.

Pedro nunca olvidó la triste escena de su humillación. No olvidó que había negado a Cristo ni pensó que, después de todo, ese no era un gran pecado...
Ninguna restauración puede ser completa a menos que el poder transfor­mador del Espíritu Santo alcance lo más profundo del alma. Bajo la influencia del Espíritu Santo, Pedro se puso de pie ante una congregación de miles, y con santo atrevimiento acusó a los sacerdotes y los gobernantes malvados del mis­mo pecado del cual él mismo había sido culpable...
-Cristo puso a prueba a Pedro tres veces después de su resurrección. "Si­món, hijo de Jonás —le dijo—, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas" (Juan 21:15, 16).
Cuando Cristo le preguntó a Pedro por tercera vez "¿Me amas?", la sonda llegó hasta lo más profundo del alma. Pedro, juzgándose a sí mismo, cayó sobre la Roca y dijo: "Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo" (vers. 17).
Algunos afirman que si un alma tropieza y cae, nunca puede recuperar su posición; pero el caso que tenemos ante nosotros contradice esto. Antes de su negación, Cristo dijo a Pedro: "Tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos" (Luc. 22:32). Al confiarle la mayordomía de las almas por quienes había dado su vida, Cristo dio a Pedro la más firme evidencia de su confianza en su res­tauración...
Pedro era ahora bastante humilde para entender las palabras de Cristo, y sin hacer más preguntas, el discípulo, una vez impaciente, jactancioso y seguro de sí mismo se volvió sumiso y contrito. Sin duda alguna, siguió a su Señor, al Se­ñor que había negado. El pensamiento de que Cristo no lo había negado ni re­chazado fue para Pedro una luz, un consuelo y una bendición. Creyó que podía elegir la forma en que sería crucificado, pero sería con la cabeza hacia abajo...
Cristo es nuestra Torre fuerte, y Satanás no puede ejercer poder sobre el alma que camina con Dios en humildad de mente... Si nos apoyamos en nues­tra propia sabiduría, esta resultará en necedad. Pero si nos entregamos desinte­resadamente a la obra, nunca desviándonos en lo más mínimo de los principios, el Señor nos rodeará con los brazos eternos y demostrará que es un poderoso ayudador —Youth's Instructor, 22 de diciembre de 1898; también se encuentra en Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1125.