29 Septiembre
Aprendamos de la experiencia de Pedro
Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré. Marcos 14:31.

La razón por la que tantos de los discípulos profesos de Cristo caen en peno­sas tentaciones es que no tienen un conocimiento correcto de sí mismos. Fue en esto que Pedro fue zarandeado por el enemigo. Si pudiéramos entender nuestras propias necesidades, veríamos que necesitamos hacer tanto por no­sotros mismos que humillaríamos nuestro corazón bajo la poderosa mano de Dios. Haciendo que nuestra alma impotente dependa de Cristo, suplementa- ríamos nuestra ignorancia con su sabiduría, nuestra debilidad con su fortaleza, nuestra fragilidad con su poder duradero...
Note el camino que Pedro siguió. Su caída no fue instantánea, sino gradual. Dio paso tras paso, hasta que como miserable pecador negó a su Señor con maldiciones y juramentos...
El canto del gallo le hizo recordar las palabras de Cristo, y sorprendido y emocionado por lo que acababa de hacer, se volvió y miró a su Maestro. En ese momento, Cristo miró a Pedro. Y al contemplar Pedro la triste mirada, en la que se mezclaban la compasión y el amor hacia él, Pedro se comprendió a sí mismo. Con una fuerza sorprendente, sus palabras de confianza propia fulgura­ron en su mente: "Aunque todos se escandalicen, yo no" (Mar. 14:29). "Señor, dispuesto estoy a ir contigo no solo a la cárcel, sino también a la muerte" (Luc. 22:33). ¡No obstante, había negado a su Señor con maldiciones y juramentos!
Pero Pedro no fue dejado en la desesperación. La mirada de Cristo había dado un rayo de esperanza al discípulo errante. Allí leyó las palabras: "Pedro, lo siento por ti. Porque te has arrepentido, te perdono". Mientras el alma de Pedro pasaba por una humillación tan profunda, en medio de la horrible lucha contra las agencias satánicas recordó las palabras de Cristo: "He orado por ti", y fueron para él una preciosa promesa...
En la caída de Pedro se nos presentan nuestros casos individuales. Tan ciertamente como Pedro, muchos del profeso pueblo de Dios que guarda sus Mandamientos deshonran y traen reproche a su mejor Amigo, quienes puede salvarlos hasta lo sumo. Pero el Señor desea recobrar a todos los que lo han avergonzado por su curso de acción ajeno a las Escrituras.

Pedro pecó contra la luz y el conocimiento, y contra privilegios grandes y excelsos. Fue la confianza propia lo que lo hizo caer, y este mismo mal está obrando ahora en los corazones humanos. Puede que tengamos el propósito de estar en lo correcto y hacer lo correcto, pero ciertamente erraremos a menos que seamos aprendices permanentes en la escuela de Cristo. Nuestra única se­guridad se encuentra en caminar humildemente con Dios —Youth's Instructor, 15 de diciembre de 1898.