20 septiembre
Dios provee
Mas en tu palabra echaré la red. Lucas 5:5.

Juan fue uno de los primeros en reconocer a Jesús como el Mesías. Había escuchado la predicación de Juan el Bautista, y sabía que este había sido enviado como el precursor de Aquel que era la esperanza de Israel. Para Juan y Andrés, el Bautista señalaba a Jesús como el "Cordero de Dios"... Jesús vio que lo seguían y los recibió en su humilde morada. Se quedaron con él esa noche, y cuando dejaron su presencia, la fe de ellos en su carácter y su misión divina quedó plenamente confirmada.
Andrés fue en búsqueda de su propio hermano, Simón, y lo trajo a Jesús con el agradable anuncio: "Hemos encontrado al Mesías". Al día siguiente, Jesús llamó a Felipe para que lo siguiese...
Andrés, Pedro, Santiago y Juan desde ese momento fueron conocidos como discípulos de Jesús...
Aunque prestaban atención a la predicación de Jesús y pasaban bastante tiempo con él, todavía se ocupaban de su humilde vocación; pero llegó el mo­mento en que habrían de dejar sus redes y sus botes pesqueros y asociarse más estrechamente con Jesús. Ahora las multitudes seguían su ministerio, y cuando enseñaba junto al lago de Genesaret, "el gentío se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios" (Luc. 5:1), al punto que entró en el bote de Pedro, y desde allí les enseñaba a las personas que estaban en la orilla. Cuando terminó de hablar, le dijo a Pedro: "Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar" (vers. 4).
Pedro les respondió que habían estado trabajando toda la noche, sin resul­tado. Sus labores habían sido infructíferas a la mejor hora para pescar, y ahora no había probabilidad humana de éxito; "mas en tu palabra echaré la red". Así fue, y la captura de peces fue tan grande que la red no podía contenerlos, y Santiago y Juan, los socios de Andrés y de Pedro, fueron llamados para que ofrecieran ayuda...

Había una obra importante y solemne ante ellos. Habrían de dejar su úni­co medio de sustento y dedicar su vida al esfuerzo desinteresado por salvar a pecadores que perecían. Pero antes de llamarlos a esta vida de negación propia y dependencia de Dios, el amante Salvador les demostró que él era abundan­temente capaz de proveer para todas sus necesidades, como Señor del cielo y la tierra —Signs of the Times, 8 de enero de 1885.