18 septiembre
El amor supremo de Dios
¡Por Jehováy por Gedeón! Jueces 7:18.

El Señor mismo dirigió la mente de Gedeón en la adopción de un plan...
Dividió a sus trescientos hombres en tres grupos. A cada hombre se le dio una trompeta y un cántaro, con una lámpara encendida. Entonces colocó a sus hombres de tal manera que rodearan el campamiento entero de Madián. Anteriormente se les había instruido sobre cómo proceder, y a la medianoche, a la señal de Gedeón, los tres grupos tocaron sus trompetas, descubrieron sus lámparas y quebraron los cántaros a la misma vez, mientras clamaban: "¡Por la espada de Jehová y de Gedeón!" La luz de trescientas lámparas que rasgaba la oscuridad de la medianoche y el fuerte clamor de trescientas voces despertó sú­bitamente al ejército durmiente. Al creerse a la merced de fuerzas abrumadoras, los madianitas se llenaron de pánico. Siguió una terrible escena de confusión. En su terror, huían en todas las direcciones, y al confundir a sus propios com­pañeros por enemigos, se mataban unos a otros.
Según se corrían las noticias de la victoria de Israel, muchos que habían sido enviados a sus casas regresaron y se unieron para perseguir a los enemigos que huían. Gedeón también envió mensajeros a los de Efraín, y les pidió que tomaran los vados del Jordán, para que los fugitivos no escaparan hacia el este.
En esta terrible derrota murieron no menos de 120 mil de los invasores, y los madianitas fueron dominados hasta el punto que nunca más pudieron hacerle la guerra a Israel. Los quince mil que escaparon cruzando el río, fueron perseguidos por Gedeón y sus fieles trescientos y vencidos decisivamente; Oreb y Zeeb, príncipes de Madián, fueron asesinados...
Por causa del orgullo y la ambición de la raza humana, Dios ha escogido ejecutar sus poderosas obras por los medios más simples y humildes...
Su solicitud por las obras de su creación es incansable e incesante. Cuan­do los hombres y las mujeres salen a sus tareas diarias, cuando se dedican a la oración; cuando se acuestan en la noche y se levantan en la mañana; cuando los ricos se banquetean en sus palacios y los pobres reúnen a sus hijos ante una escasa despensa, todos son observados tiernamente por su Padre celestial...
Con humilde oración y fe confiada, deberíamos buscar consejo de Dios... Entonces todos nuestros actos serían gobernados por la discreción; nuestras energías serían dirigidas correctamente —Signs of the Times, 14 de julio de 1881.