17 septiembre
Escuchando a escondidas
Baja tú con Fura tu criado al campamento, y oirás lo que hablan. Jueces 7:10, 11.

Cuando Gedeón se colocó a la cabeza de treinta mil hombres para entablar guerra contra los madianitas, sintió que a menos que Dios obrara a favor de Israel su causa estaba perdida. Por el mandato divino, el ejército hebreo fue reducido por medio de pruebas sucesivas, hasta que solo quedaban trescientos hombres con él para oponerse a una multitud incontable. No es de extrañar que su corazón desfalleciera anticipando el conflicto a la mañana siguiente.
Pero el Señor no dejó a su fiel siervo en el desánimo. Habló a Gedeón en la noche y le pidió que bajara con su confiable asistente, Fura, al campamento de los madianitas, sugiriendo que allí escucharía algo que lo animaría. Fue, y mientras esperaba en la oscuridad y el silencio, escuchó cómo un soldado, re­cién despierto, le contó un sueño a su compañero: "Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián, y llegó a la tienda, y la golpeó de tal manera que cayó, y la trastornó de arriba abajo, y la tienda cayó" (Jue. 7:13).
El otro contestó en palabras que conmovieron el corazón del oyente invisi­ble: "Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joás, varón de Israel. Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento" (vers. 14).
Gedeón reconoció la voz de Dios que le hablaba a través de estos madia- nitas desconocidos. Su fe y valor fueron fortalecidos grandemente, y se alegró porque el Dios de Israel pudiese obrar por medio de los medios más humildes para doblegar el orgullo humano. Con confianza y esperanza regresó a los po­cos hombres bajo su dirección, y les dijo: "Levantaos, porque Jehová ha entre­gado el campamento de Madián en vuestras manos" (vers. 15)...
De la manera en que el pan de cebada destruyó la tienda donde cayó, el puñado de israelitas destruiría a sus numerosos y poderosos enemigos.
El Señor mismo dirigió la mente de Gedeón en la adopción de un plan, que este último inmediatamente se dispuso a ejecutar...

¡Cuántas lecciones de humildad y fe podríamos aprender si considerásemos el trato de Dios hacia sus criaturas! —Signs of the Times, 14 de julio de 1881.