5 octubre
Reposo en Cristo
Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Hebreos 4:1.

esús, nuestro compasivo Salvador, es el camino, la verdad y la vida. ¿Por qué no hemos de aceptar su amable oferta de misericordia y creer sus palabras de promesa para que el camino de la vida no sea tan duro? Al recorrer el precioso camino que ha sido forjado para que los rescatados del Señor lo caminen, no lo nublemos con dudas y oscuras premoniciones; ni sigamos nuestra voluntad murmurando y quejándonos, como si estuviéramos obligados a cumplir una tarea desagradable y exigente. Los caminos de Cristo son caminos agradables y todas sus sendas son paz. Si hemos forjado sendas pedregosas para nuestros pies y acarreado cargas pesadas de preocupación al edificarnos tesoros sobre la tierra, cambiemos ahora y sigamos la senda que Jesús ha preparado para nosotros.
No siempre estamos dispuestos a venir a Jesús con nuestras pruebas y dificultades. A veces, derramamos nuestros problemas en oídos humanos y contamos nuestras aflicciones a quienes no pueden ayudarnos, y no aprovechamos para confiarle todo a Jesús, quien es capaz de cambiar el camino del dolor en sendas de gozo y de paz. La negación del yo, el sacrificio propio, da gloria y victoria a la cruz. Las promesas de Dios son muy preciosas. Debemos estudiar su Palabra, si hemos de conocer su voluntad. Las palabras de inspiración, estudiadas cuidadosamente y obedecidas en la práctica, conducirán nuestros pies en una senda llana, que podamos recorrer sin tropezar. ¡Ojalá que todos los ministros y las personas llevaran sus cargas y confusiones a Jesús, quien está esperando para recibirlos y darles paz y reposo! Él nunca rechazará a los que colocan su confianza en él...
Tenemos el deber de amar a Jesús como nuestro Redentor. Él tiene el derecho de exigir nuestro amor, pero en lugar de hacerlo nos invita a que le demos nuestro corazón. Nos llama para que caminemos con él por el sendero de la obediencia humilde y verdadera. La invitación que nos hace es un llamamiento a una vida de pureza, santidad y felicidad –una vida de paz y reposo, de libertad y amor–, y a la participación en una rica herencia futura: la vida eterna. ¿Qué elegiremos, la libertad en Cristo o la esclavitud y la tiranía al servicio de Satanás? ¿Por qué descartaremos la invitación de misericordia y rechazaremos las ofertas de amor divino? Si elegimos vivir con Cristo durante las edades interminables de la eternidad, ¿por qué no escogerlo ahora como nuestro Amigo más amado y de mayor confianza, y nuestro Consejero mejor y más sabio? –Signs of the Times, 17 de marzo de 1887; parcialmente en Exaltad a Jesús, p. 92.