4 octubre
El dúo dinámico

¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? Gálatas 3:21.

La Ley y el evangelio no pueden separarse. En Cristo, la misericordia y la verdad se unieron, la justicia y la paz se besaron. El evangelio no ha ignorado las obligaciones debidas a Dios por hombres y mujeres. El evangelio es la Ley desplegada; nada más ni nada menos. No da más licencia al pecado que la Ley. La Ley señala a Cristo; Cristo señala a la Ley. El evangelio nos llama al arrepentimiento. Arrepentimiento ¿de qué? Del pecado. ¿Y qué es el pecado? La transgresión de la Ley. Por lo tanto, el evangelio llama a los pecadores a volver de su transgresión a la obediencia a la Ley de Dios. Jesús, en su vida y su muer- te, enseñó la más estricta obediencia. Murió el justo por el injusto, el inocente por el culpable, para que el honor de la Ley de Dios fuera preservado, y que la humanidad no se perdiera totalmente.
La obra de la salvación tanto en la dispensación del Antiguo Testamento como en la nueva es la misma...
Satanás obra con todos sus poderes engañosos para entrampar al mundo. Desea que crean que se hizo este gran sacrificio para poder abolir la Ley de Dios. Representa a Cristo como si estuviera en oposición al gobierno de la Ley de Dios en el cielo y en la tierra. Pero el Soberano del mundo tiene una Ley por la cual gobierna a los seres inteligentes del cielo y a su familia humana, y la muerte de su Hijo fija la inmutabilidad de esa Ley sin lugar a duda alguna. Dios no tiene ninguna intención de eliminar su gran norma de justicia. Por esta norma puede definir lo que es un carácter correcto...
Es necesario que todo ser inteligente entienda los principios de la Ley de Dios. Cristo declaró, por medio del apóstol Santiago: “Cualquiera que guar- dare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Sant.
2:10). Estas palabras fueron expresadas después de la muerte de Cristo; por lo tanto, la Ley era vigente para todos en ese momento...
La gente puede hablar de la libertad del evangelio. Pueden asegurar que no son esclavos de la Ley. Pero la influencia de una esperanza [basada] en el evange- lio no llevará a los pecadores a considerar la salvación de Cristo como un asunto de gracia gratuita, mientras siguen transgrediendo la Ley de Dios. Cuando la luz de la verdad se revela en su mente, y entienden plenamente los requisitos de Dios y advierten el alcance de sus transgresiones, reformarán sus caminos, llegarán a ser leales a Dios por medio de la fuerza obtenida de su Salvador, y llevarán una vida nueva y más pura –Signs of the Times, 25 de febrero de 1897.