2 octubre
La Ley eterna de Dios

Guardaré tu ley siempre, para siempre y eternamente. Salmo 119:44.

uán maravillosa es la Ley de Dios en su sencillez, extensión y perfección...
No hay misterio en la ley de Dios. El intelecto más débil puede captar esos principios para regular su vida y formar su carácter de acuerdo con el Modelo divino...
El sacrificio infinito de Cristo, hecho para magnificar y exaltar la Ley, testifica de que ni una tilde ni una jota de esa ley dejará de tener validez sobre el transgresor. Cristo vino a pagar la deuda en la que había incurrido el pecador por la transgresión, y a enseñar al hombre mediante su propio ejemplo a guardar la Ley de Dios: Cristo dijo: “Yo he guardado los mandamientos de mi Padre” (Juan 15.10). Al considerar todos los hechos que establecen tan claramente los reclamos de la Ley de Dios, con el cielo y la vida eterna a la vista para inspirar esperanza e inducir el esfuerzo, es inconcebible que tantos profesos servidores de Dios puedan descartar su ley y enseñar a los pecadores que sus preceptos no tienen validez para ellos. ¡Qué engaño fatal! Satanás inventó esta herejía primero, y con ella atrajo a Eva al pecado. Los resultados tristes de tal transgresión están ante nosotros...
Cristo vino a enseñarnos el camino de la salvación. Y cuando los servicios desdibujados de la antigua dispensación ya no tenían valor alguno, cuando el símbolo encontró su realización en la muerte de Cristo, entonces podríamos esperar que si la ley de los Diez Mandamientos ya no era vigente, Cristo habría declarado su abrogación. Si las Escrituras del Antiguo Testamento ya no debían ser tenidas como una guía para los cristianos, él lo habría hecho saber...
Los santos profetas han predicho cómo Cristo nacería; los eventos de su vida; su misión, y su muerte y resurrección. En el Antiguo Testamento encontramos el evangelio de un Salvador que viene. En el Nuevo Testamento tenemos el evangelio de un Salvador revelado como la profecía lo había predicho...
No hay discordia entre las enseñanzas de Cristo en el Antiguo Testamento y sus enseñanzas en el Nuevo Testamento...
En el último mensaje a su iglesia, vía Patmos, el Salvador resucitado pronuncia una bendición sobre los que guardan la Ley de su Padre: “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad” (Apoc. 22:14, RVA) –Review and Herald, 14 de septiembre de 1886; también se encuentra en A fin de conocerle, p. 296.