9 de mayo

La caída
Pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Génesis 3:3.

Eva se alejó del lado de su marido para ver las cosas hermosas de la naturaleza en la creación de Dios, deleitando sus sentidos con los colores y la fragancia de las flores, y la belleza de los árboles y los arbustos. Pensaba sobre las restric­ciones que Dios le había estipulado respecto del árbol del conocimiento. Se complacía con las bellezas y las riquezas que el Señor había provisto para la gra­tificación de todo deseo. Todas ellas, dijo, Dios nos ha dado para disfrutarlas...
Eva se había acercado al árbol prohibido, y su curiosidad se despertó por conocer cómo era que la muerte podría ocultarse en el fruto de este hermoso árbol. Se sorprendió al escuchar cómo sus preguntas fueron tomadas y repetidas por una voz extraña. "¿Conque Dios os ha dicho, no comáis de todo árbol del huerto?" (Gén. 3:1) Eva no advertía que ella había revelado sus pensamientos al conversar consigo misma en voz alta; por lo tanto, quedó maravillada al escu­char que una serpiente repetía sus preguntas. En verdad pensó que la serpiente conocía sus pensamientos y que era muy inteligente. Le respondió: "Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal" (vers. 2-5)...

Eva había agregado algo a las palabras de la orden de Dios. Él les había dicho a Adán y Eva: "De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás" (Gén. 2:16, 17). En la discusión de Eva con la serpiente, Eva añadió la frase: "Ni le tocaréis, para que no muráis"... Esta declaración de Eva dio una ventaja a la serpiente, y esta arrancó la fruta y la puso en la mano de ella, y empleó sus mismas palabras: "Si la tocáis, moriréis. Pero ves que no te ha pasado nada por tocarla, ni tampoco te perjudicará comerla"... Ella comió del fruto y no le hizo daño inmediato. Entonces tomó de la fruta para ella y para su marido...

Adán y Eva debieron haber quedado perfectamente satisfechos con el conocimiento de Dios en sus obras creadas, y por la instrucción de los ángeles santos... Ignorar el pecado era para su felicidad —Review and Herald, 24 de febrero de 1874.