31 mayo
Hay trabajo para todos
Cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. Romanos 14:12.

Dios ha dado a cada uno su obra. No ha dejado los intereses espirituales de la iglesia enteramente en las manos del ministro. No es para el bien del ministro, ni para el bien de los miembros individuales de la iglesia, que el ministro se encargue exclusivamente de la herencia del Señor. Cada miembro de la iglesia tiene una parte que ejercer con el fin de que el cuerpo sea preser­vado en una condición saludable. Todos somos miembros del mismo cuerpo, y cada miembro debe jugar una parte para el beneficio de todos los demás. No todos los miembros tienen el mismo deber. Al igual que los miembros de nuestro cuerpo natural son dirigidos por la cabeza, como miembros del cuerpo espiritual hemos de someternos a la dirección de Cristo, la cabeza viviente de la iglesia...
El ministro y los miembros de iglesia han de unirse como una sola persona en su labor por la edificación y la prosperidad de la iglesia. Todo aquel que es un soldado verdadero en el ejército del Señor será un obrero ferviente, sincero y eficiente, esforzándose para avanzar los intereses del Reino de Cristo...
Muchos miembros de la iglesia han sido privados de la experiencia que de­bieron haber tenido, porque predominaba la idea de que el ministro debe hacer todo el trabajo y llevar toda la carga. O se apilaron cargas sobre el ministro, o este asumió deberes que debieron haber sido cumplidos por los miembros de la iglesia. Los ministros deben relacionarse en confianza con los funcionarios y los miembros de la iglesia, y enseñarles cómo trabajar para el Maestro. Así el ministro no tendrá que hacer todo el trabajo y, a la vez, la iglesia recibirá mayor beneficio que si él se esforzara por hacerlo todo y librara a los miembros de la iglesia de cumplir la parte que el Señor designó que cumplieran...
La carga del trabajo de la iglesia debiera distribuirse entre sus miembros in­dividuales, de manera que cada uno pueda convertirse en un obrero inteligente para Dios. Generalmente, hay demasiada fuerza no usada en nuestras iglesias... Muchos tienen manos y corazones dispuestos, pero se los desanima respecto de colocar sus energías en el trabajo... La sabiduría para adaptarnos a situacio­nes peculiares, la fuerza para actuar en tiempo de emergencia, se adquieren al emplear los talentos que el Señor nos ha dado, y al ganar una experiencia por medio de la obra personal —Review and Herald, 9 de julio de 1895.