31 de marzo

Y verán su rostro
Y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. Apocalipsis 22:4.

Cuando Moisés le suplicó a Dios: "Te ruego que me muestres tu gloria", este le respondió: "No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá" (Éxo. 33:18-20)... Moisés no podía contemplar la revelación de la gloria del rostro de Dios y vivir; pero se nos ha dado a nosotros una promesa: "Y verán su rostro".
Cuando Moisés bajó de la montaña en la que se le había dado una visión de la gloria de Dios, su rostro estaba tan iluminado que Aarón y los hijos de Israel tuvieron temor de acercársele...
Ahora no podemos ver la gloria de Dios; pero únicamente al recibirlo aquí es que seremos capaces de verlo finalmente cara a cara. Dios desea que tengamos nuestra vista fija en él, para que perdamos de vista las cosas de este mundo...
Hoy por nuestras asociaciones, por nuestra vida, nuestro carácter, estamos escogiendo a quién tendremos por nuestro rey. Los seres celestiales buscan acer­carnos a Cristo... Aunque somos transgresores de la Ley de Dios, si nos arrepen­timos con fe, Dios puede obrar por nuestro medio las obras de Cristo...
Cuando Cristo ascendió a las alturas, envió a su Representante como un Consolador. Este Representante -un vigilante y testigo de todo lo que se dice y se hace— está a nuestro lado dondequiera que estemos, listo para protegernos de los asaltos del enemigo si solo nos colocamos bajo su protección. Pero debemos actuar nuestra parte, y entonces Dios actuará la suya. Cuando seamos traídos a juicio y aflicción por su nombre, el Consolador estará a nuestro lado, trayéndo- nos a la memoria las palabras y las enseñanzas de Cristo.
¿Está escrito su nombre en el Libro de la Vida? Solo al mirar a Jesús, el Cor­dero de Dios, y siguiendo sus pisadas, puede usted prepararse para encontrarse con Dios. Sígalo a él, y un día usted caminará por las calles de oro de la ciudad de Dios...
Los que consagran sus vidas al servicio de Dios vivirán con él por los tiem­pos sin fin de la eternidad...
Él los toma como sus hijos y les dice: "Entren en el gozo de su Señor. La corona de la inmortalidad es colocada en las sienes de los vencedores" —Youth's Instructor, 20 de agosto de 1896.