27 junio
Los frutos de la misericordia
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Mateo 5:7.


1 deber de los hijos de Dios es ser luz plena en el Señor y esparcir ben diciones sobre la senda de los demás. No han de decir: "Caliéntense, y aliméntense", y no hacer algo para aliviar las necesidades de los que están en necesidad...
Somos la posesión comprada del Señor, y como sus agentes humanos es nuestro deber positivo administrar las cosas temporales y espirituales del al­macén que Dios nos ha dado. Debe ejercitarse constantemente el amor para inspirar fe en Dios, para suscitar la alabanza a Dios en los corazones humanos, y para que la cadena dorada del amor pueda unir los corazones de la humanidad. Quienes son receptores de la misericordia, la simpatía y la compasión de Dios debieran transmitirlas a los demás...
El Hijo del Dios infinito es nuestro Patrón. El cielo está lleno de misericor­dia, y esta fluye constantemente, no solo a favor de unos pocos predilectos, sino para bendición de todos los que más la necesitan, para el beneficio de aquellos cuyas vidas son las menos placenteras y felices...
A aquellos que Dios ha convertido en mayordomos de habilidades y me­dios él les ordena, por su propio interés, que coloquen sus tesoros en el cielo, y así como él les ha dado libremente de su abundante misericordia, ellos la com­partan libremente con otros. En vez de vivir para sí mismos, Cristo ha de vivir en ellos, y su Santo Espíritu ha de guiarlos para que dispensen sabiamente sus bienes, mostrando misericordia a otros como él es misericordioso con todos. Ningún hombre o mujer puede ser un seguidor de Cristo y vivir para sí...
Según se les confían bienes, ellos deben dispensarlos a otros. Los hombres y las mujeres más humildes han de invertir los talentos del Señor, al advertir que lo que se les ha confiado a ellos deben devolverlo con intereses a Dios. Aunque tengamos un solo talento, si lo consagramos fielmente a Dios y lo empleamos en actos de misericordia en asuntos temporales o espirituales, y de esa manera ministramos a favor de las carencias de los necesitados, nuestro talento au­mentará en valor y será anotado en el registro del cielo como algo que supera nuestra capacidad para computar. Toda acción misericordiosa, cada sacrificio, cada negación propia, traerá una respuesta segura, cien veces tanto ahora, y vida eterna en el mundo venidero -Signs ofthe Times, 12 de septiembre de 1895.