18 junio
Seguros en las manos de Jesús

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Juan 10:27,28.

Cuando Satanás escuchó las palabras "pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya", sabía que se daría poder a hombres y mujeres para resistir sus tentaciones. Advirtió que su aspiración a ser príncipe del mundo recién creado habría de ser desafiada; que vendría Uno cuya obra se­ría fatal para sus propósitos malignos; que él y sus ángeles serían vencidos para siempre. Su certeza de poseer cierto poder, su sentido de seguridad, se esfumó. Adán y Eva habían cedido a sus tentaciones, y su posteridad sentiría la fuerza de sus asaltos. Pero ellos no quedarían sin un ayudador. El Hijo de Dios vendría al mundo, para ser tentado en lugar de nosotros y vencer en lugar de nosotros.
Hay enemistad entre los seres humanos caídos y Satanás únicamente si se colocan a sí mismos de parte de Dios y rinden obediencia a la Ley de Jehová. Esto les trae poder para resistir los ataques de Satanás. Es por medio del sacri­ficio de Cristo que son habilitados para obedecer... El Hijo de Dios, al llevar la naturaleza humana y ser tentado en todo como nosotros, enfrentó y resistió los asaltos del enemigo. Y en su fuerza los seres humanos pueden ganar la victoria, enfrentar al tentador y no ser vencidos por sus artificios y sus presentaciones presuntuosas. Al aceptar a Cristo como un Salvador personal, los hombres y las mujeres pueden mantenerse firmes contra las tentaciones del enemigo. Los seres humanos pueden tener vida eterna si aceptan los principios del Cielo y permiten que Cristo someta el corazón y la mente a la obediencia a la Ley de Jehová.
Cristo vio el significado de los artificios de Satanás, y hasta el fin de su lucha y prueba se mantuvo firme en su resistencia, negándose a apartarse de su lealtad a Dios...
De la manera en que Satanás tentó a Cristo, él tienta hoy a toda alma. Bus­ca controlar a toda persona con su razonamiento. El Salvador nos advierte con­tra entrar en controversia con él o con sus agencias: no hemos de enfrentarlos, excepto en el terreno bíblico de un "Escrito está". Mientras menos tengamos que ver con los argumentos de los que se oponen a Dios, más firme será nues­tro fundamento. Hemos de repetir lo menos posible los argumentos formados por Satanás. Que cada alma tentada siga contemplando los principios que son enteramente de arriba, recordando la promesa: "Pondré enemistad entre ti y la mujer" (Gén. 3:15) -Review and Herald, 3 de mayo de 1906.