7 julio
Enoc y el Espíritu de la profecía
De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares. Judas 1:14.

Dios reveló a Enoc... el plan de la redención. Mediante el Espíritu de pro­fecía lo llevó a través de las generaciones que vivirían después del diluvio, y le mostró los grandes eventos relacionados con la segunda venida de Cristo y el fin del mundo.
Enoc había estado preocupado acerca de los muertos. Le había parecido que los justos y los impíos se convertirían igualmente en polvo, y que ese sería su fin. No podía concebir que los justos vivieran más allá de la tumba. En visión profética, se lo instruyó en lo concerniente a la muerte de Cristo y se le mostró su venida en gloria, acompañado de todos los santos ángeles, para rescatar a su pueblo de la tumba. También vio la corrupción que habría en el mundo cuando Cristo viniera por segunda vez, y que habría una generación presumi­da, jactanciosa y empecinada que negaría al único Dios y al Señor Jesucristo, pisoteando la Ley y despreciando la redención. Vio a los justos coronados de gloria y honor, y a los impíos desechados de la presencia del Señor, y destruidos por el fuego...
A través de las bendiciones y los honores otorgados a Enoc, el Señor enseña una lección de gran importancia: Todos los que por la fe confían en el Sacrificio prometido y obedecen fielmente los Mandamientos de Dios, serán recompen­sados. Nuevamente, aquí se representan dos grupos que han de existir hasta la segunda venida de Cristo: los justos y los impíos, los leales y los rebeldes. Dios recordará a los justos, quienes lo temen. Por cuenta de su amado Hijo, los respetará y honrará, y les dará vida eterna. Pero a los impíos que pisotean su autoridad los raerá de la tierra, y serán como si nunca hubiesen sido.
Después de la caída de Adán desde un estado de felicidad perfecta a una condición de pecado y miseria, hubo peligro de que los hombres y las mujeres se desanimaran... Pero las instrucciones que Dios dio a Adán, repetidas por Set y practicadas por Enoc, despejaron las tinieblas y la tristeza e infundieron al hombre la esperanza de que, así como por Adán vino la muerte, por el Re­dentor prometido vendría la vida y la inmortalidad —Signs of the Times, 20 de febrero de 1879; parcialmente en Patriarcas y profetas, pp. 73-76.