29 julio
La Pascua

Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas. Éxodo 12:7.

El Señor dio a Moisés instrucciones especiales para los hijos de Israel acerca de lo que debían hacer para preservarse ellos y sus familias de la temible plaga que estaba a punto de enviar sobre los egipcios. Moisés también habría de dar a su pueblo instrucciones sobre su salida de Egipto. Esa noche, tan terrible para los egipcios y tan gloriosa para el pueblo de Dios, se instituyó la solemne ordenanza de la Pascua. Por la orden divina, cada familia, ya sea sola o en co­nexión con otras, habría de matar un cordero "sin defecto", y con un hisopo rociar su sangre sobre "los dos postes y en el dintel" de sus casas como una señal, de manera que el ángel destructor que pasaría a medianoche no entrase a aquella morada. Habían de comer la carne asada, con hierbas amargas y pan sin levadura, de noche, y como Moisés dijo: "Ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apre­suradamente; es la Pascua de Jehová" (Éxo. 12:11). Este nombre fue dado en memoria del paso del ángel por su morada [sin herirlos]; y el pueblo de Israel había de celebrar una fiesta anual a través de las generaciones futuras.
La levadura obra secretamente, y es un emblema adecuado de la hipocresía y el engaño. En esta ocasión, los hijos de Israel habían de abstenerse de pan con levadura; esto grababa en sus mentes el hecho de que Dios requiere verdad y sinceridad en su adoración. Las hierbas amargas representaban su larga y amar­ga esclavitud en Egipto, al igual que la esclavitud del pecado. No era suficiente matar el cordero y esparcir su sangre sobre los dinteles, había de ser comido, lo que representaba la íntima unión que debe existir entre Cristo y sus seguidores.
Se requería una obra de los hijos de Israel, para probarlos y mostrar su fe en la gran liberación que Dios estaba efectuando a su favor. Para escapar del terrible castigo que estaba a punto de caer sobre Egipto, debía verse una señal de sangre sobre sus casas. Y se requirió que se separaran ellos y sus hijos de los egipcios y que se reunieran en sus propias casas, porque si se encontraba a algún israelita en las moradas de los egipcios caería víctima del ángel destructor. También fueron dirigidos a establecer la fiesta de la Pascua como una ordenanza para que, cuan­do sus hijos preguntaran por el significado de tal servicio, se lo relacionara con la manera maravillosa en que fueron protegidos en Egipto —Signs of the Times í 25 de marzo de 1880.