27 julio
Tinieblas sobre la Tierra
Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tanto que cualquiera las palpe.
Éxodo 10:21.

El pueblo egipcio estaba a punto de desesperarse. Las plagas que ya habían sufrido parecían casi insoportables, y estaban llenos de pánico por temor del futuro. La nación había adorado a Faraón como representante de su dios, pero ahora muchos estaban convencidos de que él se estaba oponiendo a Uno que mantenía a todas las naciones bajo su control. De repente una oscuridad se asentó sobre la tierra, tan densa y negra que parecía que se podía palpar. No solo quedó la gente privada de luz, sino también la atmósfera se puso muy pe­sada, de manera tal que era difícil respirar... mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones...
Los esclavos judíos continuamente eran los favorecidos por Dios, y se esta­ban volviendo confiados en que serían liberados. Los capataces no se atrevían a ejercer la crueldad que habían manifestado antes, temiendo que la vasta multi­tud hebrea se rebelara y se vengara del abuso ya sufrido.
Esta terrible oscuridad duró tres días, y durante este tiempo no se pudieron continuar los ajetreos cotidianos. Este era el plan de Dios. Les daría tiempo para reflexionar y arrepentirse, antes de enviarles la última y más terrible de las plagas: la muerte de los primogénitos. Quitaría todo lo que desviara su aten­ción y les daría tiempo para meditar, concediéndoles así nueva evidencia de su compasión y su reticencia a destruir.
Al final del tercer día de tinieblas, Faraón llamó a Moisés y le dijo: "Id, servid a Jehová; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas; vayan tam­bién vuestros niños con vosotros". La respuesta fue: "Tú también nos darás sacrificios y holocaustos que sacrifiquemos para Jehová nuestro Dios. Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni una pezuña; porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehová nuestro Dios, y no sabemos con qué he­mos de servir a Jehová hasta que lleguemos allá" (Éxo. 10:24-26).
El rey se mostró severo y firme. "Retírate de mí —clamó—; guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás". La respuesta de Moisés fue: "Bien has dicho; no veré más tu rostro" (vers. 28, 29) —Signs of the Times, 18 de marzo de 1880; ver un texto similar en Patriarcas y profetas, pp. 277, 278.