2 julio
La prueba de Caín y Abel
Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo delfruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Génesis 4:3-5.

Caín y Abel, los hijos de Adán, eran muy distintos en carácter... Estos hermanos fueron probados, como lo había sido Adán antes que ellos, para comprobar si habrían de creer y obedecer la Palabra de Dios. Conocían el medio provisto para salvar al hombre y entendían el sistema de ofrendas que Dios había ordenado. Sabían que, mediante esas ofrendas, podían expresar su fe en el Salvador a quien estas representaban, y al mismo tiempo reconocer su completa dependencia de él para obtener perdón. Y sabían que sometiéndose así al plan divino para su redención, demostraban su obediencia a la voluntad de Dios y demostraban fe y dependencia del Salvador tipificado por estas ofrendas.
Los dos hermanos levantaron altares semejantes, y cada uno de ellos trajo una ofrenda. Pero Caín, desobedeciendo el directo y expreso mandato del Se­ñor, presentó solo una ofrenda de frutos. No hubo señal del cielo de que este sacrificio fuera aceptado. Abel rogó a su hermano que se acercase a Dios en la forma que él había ordenado, pero sus súplicas crearon en Caín mayor obstina­ción para seguir su propia voluntad. Como era el mayor, no le parecía propio ser amonestado por su hermano, y desdeñó su consejo.
Abel trajo lo mejor de las primicias de su rebaño, conforme a las instruccio­nes del Señor. En el cordero inmolado, vio por la fe al Hijo de Dios, señalado para morir por causa de la transgresión de la Ley de su Padre. Dios respetó la ofrenda de Abel: descendió fuego del cielo y consumió la víctima. Caín ahora tenía una oportunidad de ver y reconocer su error... Y aquel que no hace acep­ción de personas respetará la ofrenda de fe y de obediencia... La ofrenda de Abel había sido aceptada, pero esto fue así porque Abel ha­bía hecho cada detalle conforme Dios se lo requirió —Signs ofthe Times, 16 de diciembre de 1886; parcialmente en Patriarcas y Profetas, pp. 58-60.
Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? Génesis 4:6, 7. que él reflexionara sobre su conducta, y al convencerse de su pecado se arrepintiera y colocara sus pies en el camino de la obediencia. No había motivo para sus sentimientos de enojo hacia su hermano ni hacia su Dios. Su propio descuido de la voluntad claramente expresada de Dios había llevado al rechazo de su ofrenda...

La ofrenda de Abel había sido aceptada, pero esto fue así porque Abel ha­bía hecho cada detalle conforme Dios se lo requirió —Signs ofthe Times, 16 de diciembre de 1886; parcialmente en Patriarcas y Profetas, pp. 58-60.

Señor no ignoraba los resentimientos acariciados por Caín, pero deseaba que él reflexionara sobre su conducta, y al convencerse de su pecado se arrepintiera y colocara sus pies en el camino de la obediencia. No había motivo para sus sentimientos de enojo hacia su hermano ni hacia su Dios. Su propio descuido de la voluntad claramente expresada de Dios había llevado al rechazo de su ofrenda... La ofrenda de Abel había sido aceptada, pero esto era porque Abel había hecho en cada detalle lo que Dios había requerido que hicier
a. Esto no le robaba su primogenitura a Caín... Por eso el asunto fue presentado claramente ante Caín; pero su combatividad fue despertada porque su decisión fue puesta en tela de juicio y no se le permitió seguir sus ideas independientes. Estaba enojado con Dios y enojado con su hermano. Estaba enojado con Dios porque él no aceptaría los planes de un pecador en lugar de sus requerimientos divinos; y estaba enojado con su hermano por estar en desacuerdo con él...
Caín invitó a Abel a caminar con él por el campo, y allí dio expresión a su incredulidad y su murmuración contra Dios. Aseguró que hacía el bien al pre­sentar su ofrenda. Y cuanto más hablaba contra Dios y ponía en duda su justi­cia y misericordia por haber rechazado su ofrenda y aceptado la de su hermano Abel, más amargos se volvieran sus sentimientos de ira y de resentimiento.
Abel defendió la bondad e imparcialidad de Dios, y le señaló a Caín la razón simple por la cual Dios no aceptó su ofrenda.

El hecho de que Abel se atreviera a estar en desacuerdo con él y fuera tan lejos como para señalarle sus errores, sorprendió a Caín... El sentido común le decía a Caín que Abel tenía razón cuando habló de la necesidad de presentar la sangre de una víctima herida, si deseaba que su sacrificio fuese aceptado. Pero Satanás le presentó el asunto bajo otra luz. Incitó a Caín a una locura furiosa, hasta que mató a su hermano, y el pecado de homicidio fue colocado sobre su alma -Signs ofthe Times, 16 de diciembre de 1886.