28 de febrero

La verdad derrota al mal
No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Mateo 10:34.

Algunos se han hecho esta pregunta: ¿Cómo puede existir acuerdo entre la declaración: "No he venido a traer paz, sino espada", y el canto entonado por los ángeles cuando Cristo nació en el pesebre de Belén: "Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres"? El canto de los ángeles guarda armonía con las palabras del profeta Isaías, quien al pre­decir el nacimiento de Jesús declaró que él era el Príncipe de paz. El evangelio es un mensaje glorioso de paz y de buena voluntad para los hombres; la bendi­ción que Cristo vino a traer fue la armonía y la paz. Dejó su Trono de gloria, y revistió su divinidad con humanidad para traer a los hijos de los hombres de la apostasía a la lealtad a Dios, y vincular sus corazones con el corazón de amor infinito. Vino a presentar a un mundo caído el remedio para el pecado, a fin de que todo aquel que crea en él no se pierda sino que, al llegar a ser uno con él y el Padre, tenga vida eterna...
La condición del mundo cuando Cristo entró en los senderos de la huma­nidad no era excepcional. En ese tiempo las Escrituras habían sido enterradas debajo de las tradiciones humanas, y Cristo declaró que los que profesaban interpretar la Palabra de Dios ignoraban tanto las Escrituras como el poder de Dios...
Cristo presentó a sus congéneres y al mundo el brillo, la belleza y la santi­dad, la naturaleza divina, que les permitirían vincularse con el corazón de amor infinito. Trajo luz al mundo para disipar las tinieblas espirituales y revelar la verdad... La verdad, que habría de restaurar y renovar, es un destructor del mal; y cuando el mal es atesorado persistentemente, se transforma en un destructor también del pecador...
La perversidad del pecador, su resistencia a la verdad, hacen que la misión de Cristo parezca lo que él anunció a sus discípulos: el envío de una espada a la tierra; pero el conflicto no es el efecto del cristianismo, sino el resultado de la oposición en los corazones de los que no reciben sus bendiciones.
Desde la primera presentación del cristianismo al mundo, se ha instituido en contra de él una guerra mortal... Los que sufren por la verdad saben del valor de un evangelio puro, una Biblia libre y la libertad de conciencia -Bible Echo (Australia), 12 de marzo de 1894.