26 de febrero

Fe que no duda
Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. Juan 4:50.

En la ciudad de Capernaum, el hijo de un noble se encuentra enfermo de muerte. Su padre ha tratado en vano de salvarlo. Un mensajero llega a paso rápido a la mansión, y pide ver al noble. Este le dice que acaba de regresar de Jerusalén y que en Galilea hay un profeta de Dios, de quien muchos dicen que es el Mesías tan esperado... Quizá pueda sanar al niño.
A medida que el noble escucha, la expresión de su rostro cambia de desáni­mo a esperanza... Mientras se prepara para el viaje, la esperanza nacida en su alma cobra fuerzas. Antes del amanecer, ya va camino a Caná de Galilea, donde supone que Jesús se encuentra...
Al encontrar a Jesús, le ruega que vaya a Capernaum y sane a su hijo. "Si no viereis señales y prodigios, no creeréis" (Juan 4:48), le responde Jesús. Hasta cierto punto, el noble sí creía; de otra manera no habría hecho tan largo viaje en ese momento crítico. Pero Cristo deseaba aumentar su fe.
Con un ruego desesperado, el padre clama: "Señor, desciende antes que mi hijo muera". Teme que cada minuto que pasa colocará a su hijo fuera del alcance del poder del Sanador... Con el deseo de conducirlo a una fe perfecta, el Salvador le dice: "Ve, tu hijo vive".
"Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue" (vers. 49, 50). Seguro de que la muerte que lo aterraba no le vendrá a su hijo, el noble no hace ninguna pregunta ni busca alguna explicación. Él cree. Vez tras vez repite las palabras: "Tu hijo vive".
Y el poder de las palabras del Redentor fulgura como un relámpago desde Caná a Capernaum, y el niño es sanado... Los que velan junto a la cama notan casi sin respirar el conflicto entre la vida y la muerte. Y cuando en un instante la fiebre ardiente desaparece, se llenan de asombro. Sabiendo de la ansiedad del padre, se dirigen a su encuentro para compartir las alegres noticias. Él solo tiene una pregunta para hacerles: ¿Cuándo comenzó a mejorar el niño? Le dicen, y queda satisfecho... Ahora su fe ha sido coronada con certeza...

En nuestro trabajo para Cristo, necesitamos más de la fe que no duda, la fe que tenía el noble... Aquel que confía implícitamente en el Salvador encuentra las puertas del cielo abiertas e inundadas con la gloria que procede del Trono de Dios —Youth's Instructor, 4 de diciembre de 1902.