25 de febrero

El camino de Dios, no el mío
Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Salmo 25:4.

A veces se escucha a uno que profesa ser un seguidor de Cristo decir: "No deben sorprenderse si soy duro, si hablo rudamente o manifiesto mal ge­nio; es mi manera de ser".
¡Nos pide que no nos sorprendamos! ¿Acaso el cielo no se sorprende ante tales manifestaciones, dado que se ha diseñado un plan de salvación; dado que se ha hecho un sacrificio infinito en la cruz del Calvario para que usted refleje la imagen de Jesús? ¿Entrará en el cielo su manera de ser? Suponga que alguien se acerca a las puertas de perla y dice: "Yo sé que he sido rudo y desagradable, y que tengo la tendencia a mentir y robar; pero quiero entrar en las mansiones celestiales". ¿Conseguirá entrada a través de las puertas de la Santa Ciudad tal disposición? ¡No, no! Allí solo entrarán los que siguen el camino de Dios.
La manifestación de tendencias naturales y heredadas hacia la mala con­ducta no puede ser excusada por la alegación de que "es mi manera de ser". Los cristianos advierten que para poder introducir los principios del cristianismo en la vida diaria, necesitan mucho de la gracia de Cristo.
Los jóvenes que cooperan con Cristo encontrarán que su camino está lleno de errores que necesitan corregirse. De traerse a la edificación del carácter, estos errores serán como maderos podridos. No permitan que ninguno permanezca. Que nadie alegue el privilegio de aferrarse de sus imperfecciones y se excuse di­ciendo: "es mi manera de ser". Quienes gratifican el yo y se niegan a abandonar su camino por el camino de Cristo sufrirán el resultado seguro...
¿Intenta usted caminar en la senda de la verdad y la justicia? Entonces no permita que la tentación lo desanime. En verdad, será tentado, pero recuerde que la tentación no es pecado; no es una indicación del desagrado de Dios. Él permite que usted sea rentado, pero mide la tentación según el poder que le imparte para permitirle a usted resistirla y vencerla. Es en la hora de la tenta­ción y la prueba que usted ha de medir el grado de su fe en Dios, y calcular la estabilidad de su carácter cristiano.

No diga "me es imposible vencer"... Con sus propias fuerzas, usted no puede vencer, pero se ha dispuesto ayuda de Uno que es poderoso. Susurre la oración: "Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas" (Sal. 25:4) -Youth's Instructor, 2 de octubre de 1902.