2 de febrero
¿Qué hemos sacrificado por el cielo?
Yantarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas- Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Marcos 12:30, 31.

Vemos belleza, hermosura y gloria en Jesús. Contemplamos en él encantos incomparables. El era la Majestad del cielo... Los ángeles se postraban en adoración ante él y obedecían en seguida sus mandatos. Nuestro Salvador lo dejó todo. Depuso su gloria, su majestad y esplendor, y descendió a esta tierra y murió por una raza de rebeldes que transgredían los Mandamientos de su Padre. Cristo condescendió a humillarse a sí mismo para salvar a la raza caída. Tomó de la copa del sufrimiento y nos ofrece, en su lugar, la copa de la ben­dición. Sí, esa copa fue apurada por nosotros. Y aunque muchos saben todo esto, deciden persistir en el pecado y la locura; y aún así Jesús los invita... Las verdades de la Palabra de Dios han de ser colocadas sobre nosotros, y hemos de aferramos de ellas. Si hacemos esto, tendrán una influencia santificadora en nuestra vida; nos harán idóneos para que podamos prepararnos para el Reino de gloria, a fin de que cuando se cierre nuestro tiempo de gracia, veamos al Rey en su gloria y moremos en su presencia para siempre.
La pregunta clave es: ¿Estamos dispuestos a hacer el sacrificio?... "Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso" (2 Cor. 6:17, 18). ¡Qué promesa!
¿Cree usted que se está degradando al abrazar la verdad de Dios?... La ver­dad siempre eleva al receptor... Trae pureza de carácter y pureza de vida, y pro­vee una aptitud para que podamos unirnos a la compañía celestial en el Reino de gloria. Sin esta aptitud nunca podremos ver la morada celestial...
¿Requiere la verdad que uno tenga que sostenerse solo en su posición para servir a Dios, porque otros a su alrededor no están dispuestos a ceder a los reclamos que Cristo les hace? ¿Requiere separarse sentimentalmente de tales personas? Sí. Y esta es la cruz que le toca llevar, lo que hace que muchos digan: No puedo ceder a los reclamos de la verdad. Pero Cristo dice: El que ama a padre, o madre, o hermana más que a mí, no es digno de mí... ¿Será este un sacrificio demasiado grande por Aquel que lo sacrificó todo por usted? —Review and Herald, 19 de abril de 1870.