19 de febrero

Nuestra necesidad del Espíritu Santo
Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. Gálatas 5:25.

El Espíritu Santo no solo santifica sino también convence. No podemos arrepentimos de nuestros pecados hasta que seamos convencidos de nuestra culpa. Cuán necesario, entonces, es que tengamos al Espíritu Santo con nosotros al esforzarnos por alcanzar las almas caídas. Nuestras habilidades humanas serán ejercitadas en vano, a menos que se unan a esta agencia celestial...
En el ministerio de rescatar a los perdidos, los hombres y los ángeles deben trabajar en armonía para enseñar la verdad de Dios a los que todavía no la co­nocen, a fin de que puedan verse libres de las ataduras del pecado. Solo la ver­dad puede producir esta liberación. La libertad resultante del conocimiento del mensaje debe ser proclamada a toda criatura. Nuestro Padre celestial, Jesucristo y los ángeles del cielo están interesados en esta obra grandiosa y santa. Al hom­bre se le ha concedido el exaltado privilegio de manifestar el carácter divino por intermedio de la abnegación que requiere la tarea de rescatar a los que fueron arrojados al pozo de la ruina. Cada uno que desee someterse a la iluminación del Espíritu Santo será usado para realizar este propósito divinamente concebido...
Nuestro Salvador ha de ser reconocido y aceptado más claramente como la suficiencia completa de su iglesia. Solo él puede perfeccionar la fe de su pueblo...
Necesitamos dejar más espacio para la obra del Espíritu Santo, a fin de que los obreros sean unidos y puedan avanzar con la fuerza de un cuerpo unido de soldados... Una consagración entera al servicio de Dios revelará la influencia modeladora del Espíritu Santo a cada paso del camino...
Dios desea que la iglesia se aferre por fe de sus promesas, y pida el Espíritu Santo para que la ayude en todo...
Gh, si la frágil humanidad comprendiera que es el General de los ejércitos del cielo quien conduce y dirige el movimiento de sus aliados sobre la tierra. Cristo mismo es el poder renovador que, gracias al Espíritu Santo, actúa en y a través de cada soldado. Cada individuo ha de convertirse en un instrumento en sus manos para obrar por la salvación de las almas. A nadie que desee laborar para el Maestro se le negará un lugar, si es un verdadero seguidor de Cristo. La eficacia del Espíritu hará productiva la labor de todos los que estén dispuestos a someterse a sus orientaciones -Review and Herald, 16 de julio de 1895; parcial­mente en Recibiréis poder, pp. 185, 189.