17 de febrero

Las bendiciones de Dios y nuestra responsabilidad
Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehovd de los ejércitos. Malaquías 3:7.

Satanás constantemente presenta los pecados y los errores de los que preten­den ser hijos de Dios, y echa en cara sus defectos ante los ángeles de Dios. ¿Qué hará que el pueblo de Dios alcance una posición correcta ante él? El Señor responde a la pregunta en Malaquías, al decir: "Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos". Cuando buscamos al Señor de todo corazón, lo encontraremos.
Daniel decidió en su corazón que sería leal al Dios del cielo. Determinó que no comería de la carne del rey ni bebería de su vino; y sus tres compañeros determinaron que no deshonrarían a Dios arrodillándose ante la imagen dora­da que Nabucodonosor erigió en la llanura de Dura. Cuando nos proponemos servir al Señor con una determinación como la de estos fieles siervos de Dios, el Señor tomará nuestra parte y nos permitirá aferramos de su fuerza...
Los ángeles observan con asombro la ingratitud de aquellos por los cuales Dios ha hecho tanto, al conferirles continuamente favores y dones. La gente olvida los reclamos de Dios y complace su egoísmo y mundanalidad...
Dios no puede bendecirnos con tierras y rebaños cuando no empleamos sus bendiciones para su gloria. No puede confiar su tesoro a quienes lo aplican mal. En el lenguaje más sencillo el Señor les ha dicho a sus hijos lo que requiere de ellos. Han de pagar diezmos de todo lo que poseen, y dar ofrendas de aque­llo que él les confiere. Sus misericordias y bendiciones han sido abundantes y sistemáticas. Él nos envía su lluvia y su sol, y hace que la vegetación crezca. Da las estaciones; la siembra y la cosecha llegan en su orden; y la bondad inagotable de Dios merece algo mejor que la ingratitud y el olvido que muchos le rinden.

¿No nos volveremos a Dios, y con corazones agradecidos le presentaremos nuestros diezmos y ofrendas? El Señor ha hecho tan claro el deber que, si des­cuidamos el cumplimiento de sus requisitos, no tendremos excusa. El Señor ha dejado sus bienes en manos de sus siervos, para que los manejen con equidad; a fin de que el evangelio pueda ser predicado en todo el mundo. No ha dejado al azar los arreglos y las provisiones para esparcir su verdad en el mundo -Signs ofthe Times, 13 de enero de 1890.