16 de febrero

Atributos celestiales
Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad: Juan 17:17.

Cada momento de nuestro tiempo de prueba es precioso, porque es nuestro tiempo para la edificación del carácter. Debemos prestar cuenta diligente al cultivo de nuestra naturaleza espiritual. Debemos guardar nuestros corazo­nes, guardar nuestros pensamientos, no sea que la impureza manche el alma. Debemos intentar mantener cada facultad de la mente en la mejor condición posible, para que sirvamos a Dios hasta el alcance de nuestra habilidad...
Tenemos una obra que hacer en este mundo, y no debemos permitirnos llegar a ser egocéntricos, y así olvidar los reclamos de Dios y de la humanidad para con nosotros. Si buscamos a Dios fervientemente, él nos impresionará por su Santo Espíritu. Él sabe lo que necesitamos, porque él conoce todas nuestras debilidades; y él quisiera que obremos aparte del yo, para que lleguemos a ser amables en palabra y obra. Debemos cesar de pensar y hablar del yo, de hacer de nuestras necesidades y deseos el único objeto de nuestros pensamientos. Dios quiere que cultivemos los atributos del cielo...
Cuán pacientemente debiéramos soportar las faltas y los errores de nuestros hermanos, al recordar cuán grandes son nuestros propios fracasos a la vista de Dios. ¿Cómo podemos orar a nuestro Padre celestial: "perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores", si somos denunciadores, re­sentidos, exigentes en nuestro trato con los demás? Dios desea que seamos más bondadosos, más benignos y amables; menos criticadores y suspicaces. ¡Oh, si pudiéramos tener el espíritu de Cristo y saber cómo tratar a nuestros hermanos y vecinos!...
Hay muchos entre nosotros que profesan ser seguidores de Cristo y, no obstante, buscan excusar sus propios defectos magnificando los errores de los demás. Debemos copiar el ejemplo de Jesús, porque cuando fue injuriado él no injurió, sino que se encomendó a Aquel que juzga con justicia... Él era la Majes­tad del cielo, y en su pecho puro no había lugar para el espíritu de la venganza, sino únicamente para la compasión y el amor...
Quizá no recordemos algunos actos de bondad que hayamos hecho; quizá se borren de nuestra memoria. Pero la eternidad traerá, en todo su esplendor, cada acto realizado por la salvación de las almas, cada palabra hablada para ani­mar a los hijos de Dios. Y estas cosas realizadas por amor de Cristo serán una parte de nuestro gozo a través de toda la eternidad —Review and Herald, 24 de febrero de 1891; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 230.