12 de febrero

El desarrollo de un carácter como el de Dios
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
Gálatas 5:22,23.

Cada persona puede ser exactamente lo que haya escogido ser. El carácter no se obtiene recibiendo determinada educación. No se obtiene acumu­lando riqueza o ganando honores mundanos. No se obtiene haciendo que otros peleen la batalla de la vida por nosotros. Debe buscárselo, debe trabajarse en procura de él, hay que pelear por él; y requiere un propósito, una voluntad, una determinación. Formar un carácter que Dios pueda aprobar requerirá un esfuerzo perseverante. Exigirá una resistencia continua a los poderes de la tinie­blas; colocarse bajo la bandera ensangrentada del Príncipe Emanuel; ser apro­bado en el día del juicio, y el tener nuestros nombres conservados en el libro de la vida. ¿No vale mucho más la pena tener nuestros nombres registrados en ese libro, inmortalizados entre los ángeles celestiales, que oírlos celebrados en alabanza a lo largo de toda la tierra? Permítanme saber que Jesús me sonríe; permítanme saber que él aprueba mis acciones y mi curso, y entonces dejen que venga lo que venga, que las aflicciones sean tan grandes como puedan: me resignaré a mi suerte y me gozaré en el Señor...
¿Ha atizado su fuego en el altar? Déjelo brillar en buenas obras para los que lo rodean. Reúnanse, y por su influencia divina y sus esfuerzos fervientes esparzan la luz...
Debemos obrar para Dios y debemos obrar para el cielo con toda la fuerza y el poder que hay en nosotros. No sean engañados por las cosas temporales de esta vida. Consideren las cosas de interés eterno. Yo deseo una conexión más íntima con Dios. Yo deseo cantar el canto de redención en el Reino de gloria. Yo deseo que se coloque la corona de la inmortalidad sobre mis sienes. Con una lengua inmortal, deseo cantar alabanzas a Aquel que dejó la gloria y vino a la tierra a salvar a los que estaban perdidos. Yo deseo alabarlo. Yo deseo magnificarlo. Yo deseo glorificarlo. Yo deseo la herencia inmortal y la sustancia eterna. Y ¿qué me importan a mí las cosas de este mundo si pierdo o gano el cielo finalmente?, pregunto. ¿De qué ventaja me serán? Pero si estoy aferrada del Cielo, puedo tener una conexión correcta con mis congéneres; puedo tener una influencia que constantemente hará presión contra la marea de maldad que hay en el mundo, y conducir a las almas al arca segura -Review and Herald, 21 de diciembre de 1886; parcialmente en Dios nos cuida, p. 164.