6 de enero

Lecciones de Elias sobre la oración
Elias era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto. Santiago 5:17, 18.

Se nos presentan lecciones importantes en la experiencia de Elias. Cuando sobre el monte Carmelo ofreció la oración pidiendo lluvia, su fe fue proba­da, pero perseveró en presentar su pedido a Dios. Seis veces oró fervientemente, y aun así no hubo señal de que su pedido había sido contestado, pero una fe vi­gorosa urgió su reclamo ante el Trono de gracia. Si, desalentado, hubiera aban­donado a la sexta vez, su oración no hubiera sido contestada, pero perseveró hasta que llegó la respuesta. Tenemos un Dios cuyo oído no está cerrado a nues­tras peticiones, y si ponemos a prueba su palabra él honrará nuestra fe. Quiere que todos nuestros intereses estén entrelazados con los suyos, y entonces podrá bendecirnos sin peligro, porque ya no nos atribuiremos la gloria cuando llegue la bendición; sino que daremos a Dios toda la alabanza.
Dios no siempre contesta nuestras oraciones la primera vez que le rogamos, porque si lo hiciera, pensaríamos que tenemos derecho a todas las bendiciones y favores que nos concede. En vez de escudriñar nuestros corazones para ver si acariciamos algún mal o nos complacemos en algún pecado, nos volveríamos descuidados y dejaríamos de comprender nuestra dependencia de él, y nuestra necesidad de su ayuda.
Elias se humilló hasta que estuvo en condiciones de no atribuirse a sí mis­mo la gloria. Esta es la condición por la cual el Señor escucha la oración: porque entonces daremos a él la alabanza...
Hemos de creer la Palabra de Dios, ya sea que exista una manifestación de sentimientos o no. Antes yo le pedía a Dios que me diera una sensación, pero ya no lo hago... Como Elias, vez tras vez yo presento mi petición al Trono de gracia; y cuando el Señor ve que advierto mi ineficiencia y debilidad, la bendi­ción llega...
He entregado la protección de mi alma a Dios como un fiel Creador, y yo sé que él guardará aquello que le he entregado hasta ese día...
Alabémosle con el corazón, el alma y la voz. Si alguno ha perdido la fe, que busque a Dios hoy. El Señor ha prometido que si lo buscamos con todo el corazón, será encontrado por nosotros-Review and Herald, 9 de junio de 1891; parcialmente en Conflicto y valor, p. 212.