4 de enero
La oración ferviente
La oración eficaz del justo puede mucho. Santiago 5:16.

Jesús es nuestro Salvador hoy. Él intercede por nosotros en el Lugar Santísi­mo del Santuario celestial, y él perdonará nuestros pecados. Espiritualmente hablando, hará para nosotros toda la diferencia del mundo el que dependamos de Dios, sin dudas, como de un seguro fundamento, o que tratemos de encon­trar alguna justicia en nosotros mismos antes de venir ante él...
El Señor nos ama, y nos soporta incluso cuando somos desagradecidos para con él, olvidadizos de sus promesas, malvadamente incrédulos... Hagamos un cambio completo. Cultivemos la preciosa planta del amor, y deleitémonos en ayudarnos unos a otros...
Hay ricas promesas para nosotros en la Palabra de Dios. El plan de salva­ción es amplio. La provisión hecha por nosotros no es estrecha ni limitada. No estamos obligados a confiar en la evidencia que recibimos un año o un mes atrás, sino que podemos tener la certeza hoy de que Jesús vive y está haciendo intercesión por nosotros...
Si hemos de refrescar a otros, nosotros mismos debemos beber de la Fuente que nunca se seca. Es nuestro privilegio familiarizarnos con la Fuente de nues­tra fuerza, aferramos del brazo de Dios. Podemos hablar con él de nuestros deseos reales; y nuestras peticiones fervientes mostrarán que advertimos nues­tras necesidades y haremos lo que podamos para contestar nuestras propias oraciones. Debemos obedecer el mandato de Pablo: "Levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo".
Martín Lutero era un hombre de oración. Trabajaba y oraba como si algo tenía que hacerse... Sus oraciones eran seguidas por la dependencia de las pro­mesas de Dios; y por medio de la ayuda divina, fue dotado para sacudir el vasto poder de Roma, de manera que los fundamentos de la iglesia temblaron en
cada país.
El Espíritu de Dios coopera con el obrero humilde que mora en Cristo y comulga con él. Oren... Cuando estén desanimados, cierren los labios ante otros; mantengan la oscuridad adentro, para que no traigan sombras a la senda de otro, pero díganselo a Jesús. Pidan humildad, sabiduría, valor, aumento de fe, para que puedan ver luz en su Luz y gozarse en su amor. Solo crean, y cier­tamente verán la salvación de Dios —Review and Herald, 22 de abril de 1884; parcialmente en Mensajes selectos, t. 3, p. 169.