8 agosto
Un ejemplo de amor
Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen. Lucas 8:21.

Jesús amaba a los niños y siempre ejercía su influencia sobre ellos para bien.
Se ocupaba de los pobres y los necesitados incluso en su niñez. Buscaba agradar a aquellos con quienes entraba en contacto en cada acto gentil, tierno y sumiso. Pero aunque era gentil y sumiso, nadie podía llevarlo a hacer nada que contrariara la Palabra de Dios. Algunos admiraban su perfección de carác­ter y a menudo buscaban estar con él; pero otros, que apreciaban las máximas humanas por encima de la Palabra de Dios, se apartaban de él y evitaban su compañía...
Cuando Jesús contemplaba las ofrendas que se traían como sacrificio al Templo, el Espíritu Santo le enseñó que su vida sería sacrificada por la vida del mundo... Desde sus años más tempranos fue guardado por los ángeles celestia­les, pero su vida fue una larga lucha contra los poderes de las tinieblas. Satanás buscaba tentarlo y probarlo de toda manera. Causaba que la gente no entendie­ra sus palabras, para que no recibieran la salvación que Cristo vino a traerles...
Él era fiel en su obediencia a los mandatos de Dios, y esto lo hacía diferente de aquellos a su alrededor, quienes ignoraban la Palabra de Dios. Su vida in­maculada era un reproche, y muchos evitaban su presencia; pero había algunos que buscaban estar con él, porque sentían paz donde él estaba...
Él no fallaba ni se desanimaba. Vivía por encima de las dificultades de su vida, como iluminado por la luz del rostro de Dios. Soportaba insultos pacien­temente, y en su naturaleza humana se convirtió en un ejemplo para todos los niños y los jóvenes.
Cristo mostró el mayor respeto y amor por su madre. Aunque ella a menu­do hablaba con él y buscaba que él hiciera lo que querían sus hermanos, nunca le mostró la menor falta de devoción...

María se sintió muy angustiada cuando los sacerdotes y los dirigentes vi­nieron a ella para quejarse de Jesús, pero su atribulado corazón se llenó de paz y confianza cuando su hijo le mostró lo que las Escrituras decían sobre sus accio­nes. A veces vacilaba entre Jesús y sus hermanos, quienes no creían que él había sido enviado por Dios; pero vio lo suficiente para convencerse de que el de él era un carácter divino —Youth's Instructor, 12 de diciembre de 1895.