24 agosto
Saciando la sed del alma

Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Juan 4:15.

La mujer estaba tan atónita por sus palabras que colocó su cántaro sobre el pozo, y olvidando la sed del extraño y su pedido de bebida, olvidando por qué había venido al pozo, quedó absorta en su ferviente deseo de escuchar cada palabra...
Entonces Jesús cambió bruscamente el tema de la conversación, y le orde­nó a la mujer que llamara a su esposo. Ella respondió francamente: "No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad" (Juan 4:17, 18).
Según se revelaba su pasado ante ella, la mujer temblaba. Se despertó la convicción por el pecado. Dijo: "Señor, me parece que tú eres profeta" (vers. 19). Y entonces, para cambiar la conversación a otro tema, intentó conducir a Cristo a una discusión sobre sus diferencias religiosas...
La convicción del Espíritu de Dios había llegado al corazón de la mujer samaritana... Ninguna enseñanza escuchada hasta ese momento había estimu­lado su naturaleza moral y despertado en ella la sensación de una necesidad superior.
Cristo leyó debajo de la superficie, y le reveló a la mujer de Samaria la sed su propia alma; algo que el agua del pozo de Sicar jamás podría satisfacer...
La sed natural de la mujer de Samaria la había llevado a una sed del alma por el agua de vida...
Habiendo olvidado qué propósito la había traído al pozo, la mujer dejó su cántaro de agua y se fue a la ciudad, a decirles a todos los que encontraba: "Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?" (vers. 29).

Las cisternas de la tierra a menudo están vacías, sus estanques se secan; pero en Cristo hay una fuente viva de la que siempre podemos sacar... No hay peli­gro de agotar su contenido; porque Cristo es la fuente inagotable de la verdad. Él ha sido la fuente de agua viva desde la caída de Adán. Él afirma: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Juan 7:37). Y añadió: "El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna" (Juan 4:14) —Signs of the Times, 22 de abril de 1897.