18 agosto
Revelando al Padre

El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Juan 14:9.

El hecho de que la gente estaba más interesada en la enseñanza de Cristo que en los argumentos secos y tediosos de los maestros judíos irritaba a los escribas y los fariseos. Estos maestros hablaban con incertidumbre, e inter­pretaban las Escrituras de una manera y de otra. Esto dejaba a la gente muy confundida. Pero cuando escuchaban a Jesús, sus corazones eran entibiados y aliviados. Él presentaba a Dios como un Padre amoroso, no como un Juez ven­gador. Atraía a todos, los encumbrados y los humildes, los ricos y los pobres, para que vieran a Dios en su carácter verdadero, y los llevaba a dirigirse a él con un título cariñoso: "Nuestro Padre".
Mediante palabras amables y obras de misericordia, Cristo encaraba las antiguas tradiciones y los mandamientos de hombres, y presentaba el amor del Padre en su inagotable abundancia. Su voz calmada, intensa y musical, caía como un bálsamo en los espíritus heridos. Él revelaba la imagen de Dios reflejada en sí mismo. Les presentaba a sus oidores las verdades de las profecías, alejándolos de las interpretaciones enredadas que los escribas y los fariseos ha­cían de ellas. Esparcía los granos celestiales de la verdad doquiera iba.
Determinados a escuchar lo que Cristo decía a sus discípulos, los escribas y los fariseos tenían espías que lo seguían. Estos espías anotaban sus palabras y las reportaban a los jefes de los judíos quienes, al escucharlas, quedaban casi fuera de sus cabales con ira poco disimulada, y esto lo interpretaban en términos del celo por Dios.
Al reunirse los miembros del Sanedrín para consultarse entre sí, no se trata­ba de hombres carentes con prejuicios fuertes y determinados que aconsejaban que se eliminara a este hombre que pretendía tanto...
Vieron que la influencia de Cristo sobre la gente rápidamente se estaba volviendo mayor que la suya. Anhelaban aplastarlo por atreverse a restar im­portancia a sus tradiciones, pero temían moverse abiertamente por causa de la gente. Pensaban que si obraban en secreto, observando sus palabras y acciones, pronto encontrarían acusaciones tales contra él que mereciera juzgarlo, con su vida de por medio...

Cristo estaba dando a los gobernantes de Israel luz que eliminaba sus excu­sas. No dejó de hacerse algo que pudiera hacerse para convencerlos de su error —Review and Herald, 5 de marzo de 1901