17 agosto
Rechazado

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Juan 1:11.

En ocasión del primer advenimiento de Cristo, que aparentemente pasó inadvertido, los ángeles del cielo a duras penas pudieron contener su de­seo de derramar sus glorias para celebrar el nacimiento del Hijo de Dios. Las gloriosas manifestaciones del cielo no fueron enteramente restringidas. El ma­ravilloso evento no careció de algunas evidencias de carácter divino. Ese naci­miento, para el cual no se hizo preparación en la tierra, fue celebrado en los atrios celestiales con alabanza y acciones de gracias en favor de los pecadores...
Aquel que vino en carne humana y se sometió a una vida de humillación era la Majestad del cielo, el Príncipe de la vida; pero los hombres sabios de la tierra, los príncipes y los gobernantes, e incluso su propia nación, no lo co­nocieron. No lo reconocieron como el tan anticipado Mesías. A pesar de los poderosos milagros obrados ante ellos en él, a pesar de que abrió los ojos de los ciegos y resucitó a los muertos, Cristo sufrió el odio y el abuso del pueblo que vino a bendecir. Lo tomaron por pecador y lo acusaron de echar fuera los demonios por medio del príncipe de los demonios. Las circunstancias de su nacimiento fueron misteriosas y comentadas por los gobernantes. Lo acusaron de haber nacido en pecado. El Príncipe del cielo fue insultado por las mentes corruptas y la incredulidad pecaminosa y blasfema de su pueblo. ¡Qué maligna cosa es la incredulidad! Se originó con el primer gran apóstata, y en el rechazo del Mesías por parte de los judíos se aprecia cuán terriblemente lejos conduce a todos los que caminan en ella...
Los dirigentes de Israel profesaban comprender las profecías, pero habían albergado ideas falsas con relación a la forma en que Cristo vendría...
El mismo que murió por los pecadores habrá de juzgarlos en el último día; porque el Padre "todo el juicio dio al Hijo", y le "dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre" (ver Juan 5).

¡Qué día será cuando los que rechazaron a Cristo contemplen a Aquel que fue traspasado por sus pecados! Entonces sabrán que él les ofreció el cielo todo con la única condición de colocarse de su parte como hijos obedientes; que él pagó un precio infinito por su redención, pero que ellos no aceptaron la liber­tad de la mortificante esclavitud del pecado. Ellos eligieron colocarse bajo el es­tandarte negro de la rebelión hasta el cierre de la hora de misericordia —Review and Herald, 5 de septiembre de 1899.