12 agosto
La Escritura fue la guía de Jesús
Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.
Lucas 2:47.

Ellos [los rabinos] sabían que él los superaba mucho en discernimiento espi­ritual, y que vivía una vida intachable; pero estaban enojados con él porque no violaba su conciencia obedeciendo sus dictados. Al no poder convencerlo de que debía considerar como sagradas las tradiciones humanas, vinieron a José y a María y se quejaron de que Jesús estaba tomando un curso errado respecto de sus costumbres y tradiciones. Jesús sabía lo que era tener una familia dividida contra él, por causa de su fe religiosa. Él amaba la paz; anhelaba el amor y la confianza de los miembros de su familia; pero sabía lo que significaba que le re­tiraran sus afectos. Sufrió reproche y censura porque tomó un camino derecho y no cometía maldad porque otros lo hicieran, sino que era fiel a los manda­mientos de Jehová. Sus hermanos lo reprendieron porque se mantenía apartado de las ceremonias enseñadas por los rabinos, porque consideraban la palabra de seres humanos superior a la Palabra de Dios; porque amaban la alabanza de los hombres más que la alabanza de Dios.
Jesús hizo de las Escrituras su estudio constante; y cuando los escribas y los fariseos intentaron hacerle aceptar sus doctrinas, advirtieron que él se encontra­ba listo para enfrentarlos con la Palabra de Dios, y no podían hacer nada para convencerlo de que tenían razón. Parecía conocer las Escrituras de principio a fin, y las repetía de tal modo que su significado verdadero brillaba... Estaban enojados porque este niño se atrevía a dudar de sus palabras, cuando ellos ha­bían sido llamados a estudiar y explicar las Escrituras...

Sus hermanos lo amenazaron e intentaron lograr que tomara un curso erra­do, pero él los ignoró e hizo de las Escrituras su guía. Desde la ocasión en que sus padres lo encontraron en el Templo haciendo y respondiendo preguntas entre los doctores, no podían entender su curso de acción. Callado y gentil, pa­recía uno que había sido colocado aparte. Cada vez que podía, salía en solitario a los campos y las colinas para comulgar con el Dios de la naturaleza. Cuando terminaba su trabajo, caminaba cerca del lago, entre los árboles del bosque y en los verdes valles, donde podía pensar en Dios y elevar su alma al cielo en oración. Después de pasar tiempo de esta manera, regresaba a su hogar para retomar los simples deberes de su vida y brindar a todos un ejemplo de labor paciente —Youth's Instructor, 5 de diciembre de 1895.