En esta parábola, Jesús presenta a un extranjero, un prójimo, un hermano sufriente, herido y moribundo... Pero aunque los sacerdotes y los escribas habían leído la Ley, no la aplicaban a su vida cotidiana...
En cuanto a la manera en que el sacerdote y el levita trataron al hombre herido, el abogado no había escuchado nada fuera de armonía con sus propias ideas; nada contrario a las formas y las ceremonias que eran todo lo reque­rido según lo que le habían enseñado. Pero Jesús presenta otra escena: "Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él" (vers. 33, 34).
Después de mostrar la crueldad y el egoísmo manifestados por los represen­tantes de la nación, presenta al samaritano, que era detestado, odiado y maldito por los judíos, y lo coloca ante ellos como uno que posee atributos de carácter muy superiores a los poseídos por los que se atribuían una elevada justicia...
Todo el que reclame ser hijo de Dios debe notar cada detalle de esta lec­ción... El samaritano advirtió que ante él se encontraba un ser humano en necesidad y sufrimiento, y tan pronto como lo ve, siente compasión por él...
El samaritano siguió el impulso de un corazón bondadoso y amante. Cristo presentó la escena de manera que la amonestación más severa recayó sobre las acciones insensibles del sacerdote y el levita. Pero esta lección no era solo para ellos, sino también para los cristianos de nuestros días; y es una advertencia so­lemne para nosotros que, por el bien de la humanidad, no dejemos de mostrar misericordia y piedad por los que sufren...

En la parábola del buen samaritano, Jesús presentó su propio amor y ca­rácter. La vida de Cristo estaba llena con obras de amor hacia los perdidos y los errantes. El pecador está representado en el hombre golpeado, moribundo y privado de sus posesiones. La familia humana, la raza perdida, es presentada en el sufriente, que ha quedado desnudo, sangrante y desamparado. Jesús toma su propio manto de justicia para cubrir al alma, y todo aquel que en él cree no se perderá, sino que tendrá vida eterna —Signs ofthe Times, 23 de julio de 1894.