2 de abril

Dos hijos
Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar
en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿ Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Mateo 21:28-31.

En la parábola, el hijo que se negó a ir representaba el mundo gentil, y el grupo que decía "Sí, señor, voy" representaba a los fariseos. Cristo acababa de limpiar el Templo de los que lo contaminaban con un tráfico prohibido. La divinidad había fulgurado a través de la humanidad, y el pueblo había visto la gloria y el poder de Dios manifestado ante ellos... Al viajar hacia Jerusalén, la multitud había extendido sus mantos en el camino y lo había adornado con ramas de palmera; también lo alabó al cantar: "Hosanna al Hijo de David". Aunque los que lo alababan no se habían atrevido a llevar sus aclamaciones has­ta las puertas mismas del Templo, por temor a los sacerdotes y los gobernantes, los niños habían seguido el canto y alababan a Dios en el Templo clamando "Hosanna al Hijo de David".
El mundo gentil aceptaría la verdad, pero quienes habían tenido una luz tan grande y tales privilegios maravillosos, a quienes se les había concedido bendiciones tanto temporales como espirituales, rechazaron el mensaje de sal­vación. Habían profesado ser el pueblo de Dios. Habían dicho: "Vamos, se­ñor", pero no habían hecho la voluntad de su Padre...
Cuando la invitación del cielo ha llegado a sus oídos, ¿dice usted "Sí, Se­ñor, creo la verdad", aunque las acciones en su vida muestran que en realidad no creyó? ¿La ha traído usted a su corazón? ¿Se ha apoderado de su alma su poder transformador? ¿Ha sido integrada en su carácter su gracia santificadora? ¿Qué sucede con usted?...
Es el privilegio de cada uno decir: "Cumpliré las órdenes de mi Capitán al pie de la letra, ya sea que sienta [el deseo] o no... Diré: '¿Cuáles son mis órde­nes? ¿Cuál es mi deber? ¿Qué me dice el Maestro?... ¿Cuál es mi posición ante Dios?"' Tan pronto como llegamos a una relación correcta con Dios, entende­remos nuestro deber y lo haremos, y no pensaremos que las cosas buenas que hacemos nos ganan la salvación...
La pregunta no es cómo permanecerá cuando lo asalten las pruebas en el futuro, sino: ¿Cómo está ahora su relación con Dios? ¿Desea hoy empeñarse en su obra? -Review and Herald, 9 de abril de 1889; parcialmente en Recibiréis poder, p. 131.