19 de abril
¿Cuántas veces debo perdonar?
J
esús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Mateo 18:22 (leer Mateo 18:15-35).

Pedro había ido a Cristo con la pregunta: "¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?"... No "hasta siete -dijo él—, sino aun hasta setenta veces siete"...
"El reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.
"Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. En­tonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso"...
Esta parábola intenta mostrar el espíritu de ternura y de compasión que debiéramos manifestar hacia otros. El perdón de este rey representa un perdón que es sobrenatural: un perdón divino de todo pecado. El rey que, movido a la compasión, perdonó la deuda de su siervo, representa a Cristo...
En la parábola se revocó la sentencia cuando el deudor pidió una prórroga, con la promesa: "Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo". Toda la deuda fue cancelada, y pronto se le dio una oportunidad de seguir el ejemplo del señor que lo había perdonado... Pero el que había sido tratado tan misericordiosa­mente, trató a su consiervo en una forma completamente distinta...
La lección a aprender es que debemos tener el espíritu del perdón verda­dero, al igual que Cristo perdona a los pecadores, quienes de ninguna manera pueden pagar su enorme deuda. Hemos de tener en mente que Cristo ha paga­do un precio infinito por los seres humanos falibles, y hemos de tratarlos como la posesión comprada por Cristo -Review and Herald, 3 de enero de 1899; parcialmente en Palabras de vida del gran Maestro, pp. 190-192.