16 de abril

Palabras cautivantes
Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! Juan 7:46.

Las personas educadas quedaban encantadas con las enseñanzas de Jesús; y los iletrados siempre se beneficiaban, porque apelaba a su entendimiento. Sus ilustraciones eran tomadas de las cosas de la vida cotidiana, y aunque eran sencillas, contenían una maravillosa profundidad de significado: las aves del aire, los lirios del campo, la semilla, el pastor y sus ovejas. Con estos objetos, Cristo ilustraba la verdad inmortal, y de allí en adelante, cuando sus oyentes encontraban estos objetos en la naturaleza, recordaban sus palabras. Las ilustraciones de Cristo continuamente repetían sus lecciones.
Cristo siempre utilizaba el lenguaje más sencillo, pero sus palabras eran apreciadas por los pensadores profundos y no prejuiciados porque eran palabras que desafiaban su sabiduría. Los asuntos espirituales siempre deben presentarse en un lenguaje sencillo aunque se dirijan a personas educadas, porque las tales generalmente son ignorantes respecto de los asuntos espirituales. El lenguaje sencillo es el más elocuente... Las palabras de Cristo, tan reconfortantes y ani­madoras para los que las escuchaban, son para nosotros hoy. Como un pastor fiel conoce y cuida a sus ovejas, así cuida Cristo de sus hijos... Cristo conoce íntimamente a sus ovejas, y los sufrientes y los desvalidos son objetos de su cuidado especial...
Cristo no deseaba que sus palabras regresaran a él vacías... Él mismo no escribió nada, sino que el Espíritu Santo trajo todas sus palabras y actos a la me­moria de los discípulos, con el fin de que fuesen registradas para nuestro beneficio. La instrucción de Cristo fue dada con la mayor claridad. Nadie necesitaba malentenderla. Pero los escribas y los fariseos... malinterpretaban y aplicaban mal sus palabras. Las declaraciones que constituían el pan de vida para las almas hambrientas eran amargura para los gobernantes judíos...
En su Sermón de la Montaña, Cristo habló dando por sentado que los escribas y los fariseos creían en el Antiguo Testamento. Se encontraban en el grupo; y los discípulos estaban cerca de su amado Maestro. Allí Cristo declaró: "Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (Mat. 5:20). Por medio de sus palabras condenó su formalismo e hipocresía. Y aunque se aplicaban directa­mente a quienes se encontraban ante él, estas palabras también se aplican a los que en nuestros días no hacen la voluntad de Dios. Son abarcantes, y resuenan a través de los siglos hasta hoy—Review and Herald, 18 de mayo de 1897.