20 de enero
El hombre más humilde del pueblo
"Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo; hermoseará a los humildes con la salvación"
(Salmo 149:4).

HABÍA UNA VEZ un pueblo en e! que alguien sugirió que se reconociera de ma­nera especia! a ¡a persona más humilde. La población era pequeña y todos se co­nocían, por lo que decidieron que alguien fuera puerta por puerta y preguntara a los vecinos quién ellos creían que era la persona más humilde del lugar. De modo que uno fue puerta por puerta por toda la población y la respuesta fue unánime: casi todos votaron por la misma persona. Por tanto, decidieron que honrarían al hombre otorgándole una distinción especial; una banda en la que se leía: "Al hombre más humilde del pueblo".
Prepararon la cinta y eligieron una fecha para que el alcaide hiciera entrega de la distinción en el salón de actos de la escuela secundaria. Diríase que todos los lugareños asistieron al acto.
La orquesta de la escuela secundaria tocó una música. Cuando ei alcalde hubo pronunciado su discurso en reconocimiento a tan especial ciudadano, pidieron a! hombre que subiera al estrado para hacerle entrega de la banda distintiva. El pú­blico se puso en pie y estalló en una cerrada ovación.
A! día siguiente, el alcalde tuvo que retirarle la banda... ¡porque el hombre todavía la llevaba puesta! Una persona humilde de verdad no lo habría hecho.
Por supuesto esta historia no es más que una parábola; pero la lección es clara: El que es verdaderamente humilde no se jacta de ello porque, al hacerlo, deja de ser humilde.
He aquí algunas maneras de comprobar si una humildad es genuina:

  1. Una persona humilde no trata de ser el centro de atención. Recuerde que Jesús reprendió a los fariseos por su ansia de aplauso. "Hacen todas sus obras para ser vistos por ¡os hombres" (Mat. 23:5).
  2. Una persona humilde no se apresura a expresar sus opiniones. "El necio da rienda suelta a toda su ira, pero el sabio, a! fin, la apacigua" (Prov. 29:11).
  3. Una persona humilde no busca venganza. "No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad iugar a la Ira de Dios, porque escrito está: 'Mía es la venganza, yo pagaré, dice ei Señor'" (Rom. 12:19).