IV Trimestre de 2010
La historia poco contada
Personajes secundarios del Antiguo Testamento

Capítulo 4 - Jonatán:Nacido para ser un grande
Gerald y Chantal Klingbeil

Imagine una anotación en el diario de Jonatán en la víspera de la ba­talla de Micmas:
“La situación es desesperada. Esperábamos que los filisteos vinieran con un ejército de carros, así que teníamos la esperanza de llevar la ba­talla hacia un terreno más abrupto para ganar ventaja. Pero no esperá­bamos que se aparecieran con tres mil carros y seis mil hombres. No hemos podido estimar el número de enemigos, parecen tan numerosos como la arena de la playa”.
“Los filisteos ya han enviado tres escuadrones al ataque. Uno pa­rece dirigirse al vecindario de Sual, otro hacia Bet-horón, y el tercero pare­ce que ha alcanzado el valle de Zeboim. Después de esto, parece ser que su principal estrategia militar es la de llevar la batalla hacia un área en la que puedan utilizar cómodamente sus carros. Otra estratagema com­plementaria ha sido minar la moral de nuestros soldados. No hay duda de que los filisteos han tenido éxito. La última semana las deserciones han alcanzado una cifra récord. Parece que nuestros hombres se funden con las cuevas, los zarzales, las piedras, los huecos y las cisternas.
“Según el último recuento, solo nos quedan 600 hombres. La imagen de todos esos filisteos bien pertrechados me recuerda la precarie­dad de nuestro equipamiento. Mi padre y yo somos los únicos que dis­ponemos de una espada y una armadura como es debido. Los demás van armados con tridentes, palos o hachas. Para ser sincero, desde el punto de vista militar no tenemos ninguna posibilidad”.
“Sin embargo, aunque algunos piensen que estoy loco, creo que gana­remos. ¡Tenemos a Dios, y él está especializado en lo imposible! Estoy seguro que él actuará a nuestro favor. Nadie puede impedir que el Señor nos salve, sean pocos o muchos. Quizá Dios está esperando que alguien asuma el liderazgo; alguien que se adelante con fe. Tenemos un batallón de filisteos en el paso de Micmas. Me pregunto si...”
Personajes
Jonatán: Su nombre significa «Jehová ha dado». Es el primer hijo del rey Saúl. Sus padres, como todos los padres israelitas, debieron alegrar­se con su llegada. Jonatán es el primero en la lista de los hijos de Saúl (1 Samuel 14:49). La fama de Jonatán se debe a su carácter generoso y su completa confianza en el Dios de Israel.
Cuando en Micmas se enfrentó a un enemigo invencible, Jonatán, con­tra todo pronóstico y contraviniendo todo dictado de sentido común (1 Samuel 13:2 - 14:46), no dudó en dar un paso al frente en la fe. Él es un excelente ejemplo de cómo lograr un equilibrio entre ser fieles a nuestras raíces, y tener una amistad que podría requerir salimos de la rutina para tomar decisiones difíciles. La amistad de Jonatán con David es un ejemplo perfecto de lo que es un compromiso desinteresado (1 Samuel 18:1). Jona­tán muere junto a Saúl en la batalla del monte Gilboa, luchando contra los filisteos. Más tarde los filisteos exponen los cuerpos de Saúl y sus hijos en la muralla de Bet-san (1 Samuel 31:1-13). En una arriesgada incursión nocturna, los habitantes de Jabes de Galaad rescatan y queman los cuer­pos en descomposición y luego entierran los huesos en Jabes.
David: Es uno de los personajes principales del Antiguo Testamento. Su nombre podría ser un apócope de «Amado de [Jehová]». Él era el oc­tavo hijo de Jesé de Belén (1 Samuel 16:1-13), aparte de un valiente guerrero (1 Samuel 17). Cuando se desposa con Mical, la hija del rey Saúl, además de ser el yerno del rey se convierte en cuñado de Jonatán. El profeta Samuel ungió a David en secreto mientras el anterior rey ungido ocupaba todavía el trono. Los celos de Saúl forzaron a David a que abandonara la corte real y se convirtiera en el líder de una banda de guerreros curtidos en la batalla que, aparentemente, habían caído en desgracia ante el régimen de Saúl (1 Samuel 22:1, 2). Tan pronto como David obtiene, al menos parcialmente, el control del reino, inicia una campaña para convertirlo en una potencia regional, establece la nueva capital en Jerusalén (2 Samuel 5:6-16) y somete a los distintos grupos tribales que lo rodean.
El escudero de Jonatán: Aunque desconocemos tanto sus orígenes como su nombre, este desempeña un importante papel en la milagrosa victoria de Jonatán sobre los filisteos en la batalla de Micmas. Su res­puesta a la atrevida invitación de Jonatán a que atacaran la guarnición filistea mejor situada es de algún modo un eco de la propia abnegación y deferencia de Jonatán hacia David (1 Samuel 14:7).
Saúl: Fue el primer rey de Israel y el padre de Jonatán. Pertenecía a la tribu de Benjamín. Su nombre significa «al que le piden». Dios lo es­cogió para que reinara sobre Israel (1 Samuel 9-11). Al principio Saúl ob­tuvo importantes victorias militares, pero a causa de su negligencia en el cumplimiento de los mandamientos divinos (1 Samuel 13:13; 15:14-23), Dios termina rechazándolo y haciendo que el profeta Samuel unja en a David en secreto. Dado que fue escogido en una época de conflictos, como primer rey de Israel Saúl centra su atención principalmente en los asuntos militares más que en el desarrollo de la nación.
Los filisteos: Durante el último periodo de los jueces y los primeros años de la monarquía, los filisteos, situados principalmente a lo largo de la costa occidental de Canaán, fueron los archienemigos de los is­raelitas. Estos estaban organizados como una confederación de ciudades estado, entre las que se contaban Asdod, Ascalón, Ecrón, Gat y Gaza. Los datos arqueológicos sugieren un estrecho vínculo con la cultura egea, posiblemente vía Chipre.
Información sobre el contexto
La historia de Jonatán y David es la historia de dos familias. Durante los primeros días de la monarquía, la lealtad al clan y a la tribu era to­davía muy importante. El poder del rey aún no había alcanzado la for­ma de lo que entendemos como monarquía (a la luz de la larga historia de las poderosas monarquías europeas en los siglos que prece­dieron al período de la Ilustración).
Los primeros reyes de Israel no tenían una capital definida y se sentían en casa (y apoyados) en el país de sus ancestros (1 Samuel 10:26). El ungi­miento de David mientras Saúl era todavía el rey designado por Dios fue causa de tensiones y celos entre ambas partes (1 Samuel 16:1-13). El declive de Saúl está contrarrestado por el fuerte auge de David. A causa de su des­treza militar y su capacidad de liderazgo, David se convierte en el cam­peón del pueblo (1 Samuel 18:5-7). Naturalmente, esto desagrada a Saúl (1 Samuel 18:8, 9), especialmente si consideramos que en ese momento no había tradición real en Israel, y por lo tanto, el liderazgo militar parecía ser el factor clave para la calificación de un rey israelita.
Los años que David vivió como fugitivo de Saúl, incluido su exilio en territorio filisteo (1 Samuel 27), ponen nuevamente de manifiesto el importante elemento de las relaciones tribales o de clan. Según se pue­de ver en ejemplos contemporáneos de sociedades tribales, en cierto modo las lealtades y las alianzas son de naturaleza provisional y pue­den cambiar de un día para otro, dependiendo de la situación y las necesidades. La obsesión de Saúl por derrotar a David deja de manifiesto la presencia cada vez menor de Dios en su vida y en la vida de Israel. La Palabra de Dios ya no es relevante para Saúl, puesto que no encaja en su visión de las cosas.
Acción
En realidad, Jonatán es un protagonista que no busca llamar la aten­ción sobre él. Su acción más heroica fue la de atacar por su propia cuenta un puesto militar filisteo en Micmas. En esta aparentemente alocada em­presa, Jonatán tiene el apoyo de su joven y leal escudero. Para entender un poco mejor la acción, será útil prestar atención al diálogo de Jonatán con su escudero, registrado en 1 Samuel 14:6-10. Este pasaje muestra la fe de Jonatán en el Señor, no como una deidad más o un dios que nece­sita ser pacificado mediante un sacrificio, sino como un Dios que se in­volucra personalmente en los asuntos de Israel. La fe activa de Jonatán en la providencia y dirección divinas establece una diferencia funda­mental con su padre Saúl. Más tarde, David parece demostrar una pro­fundidad de fe y un reconocimiento de la divina providencia similares en su encuentro con Goliat (1 Samuel 17:37).
Cualquier lector que lea la narración original en hebreo captará inme­diatamente el juego de palabras entre la señal acordada en 1 Samuel 14:10: «Jehová los ha entregado», y el nombre de Jonatán, que significa exacta­mente lo mismo. La elección de esta señal es irónica: La orden divina para que Jonatán entre en acción es precisamente su nombre. Al salir de su es­condite y entrar en el campo visual de los guardias, los filisteos reaccionan como se había esperado. Jonatán y su escudero avanzan, matando a veinte enemigos. Cunde el pánico y tiembla la tierra. Se consideraba que los te­rremotos eran una señal de la intervención divina (véase 1 Samuel 7:10) y solían estar relacionados con las teofanías, las apariciones divinas (véase Jueces 5:5; 2 Samuel 22:8; Salmo 29). Aunque Jonatán y su escudero se mostra­ron realmente valientes, el autor bíblico quiere que el lector se dé cuenta de que Dios una vez más actúa como el guerrero divino que lucha por su pueblo. La victoria para Israel es un logro de Dios, no de Jonatán.
El acto más abnegado de Jonatán es cuando reconoce que Dios ha llamado a David. Aquí actúa en claro contraste con su padre Saúl, quien se aferra al trono y a la posición que ocupa. Al proteger la vida de David y establecer un pacto con él, Jonatán abandona consciente­mente su ambición y su sueño (1 Samuel 20). Saúl reconoce la amistad entre los dos jóvenes y, lleno de ira, insulta a Jonatán (versículos 30, 31). Es­to sin embargo no parece afectar a Jonatán, lo que demuestra hasta qué punto llegaba su amistad con David. Los versículos 16 y 17 relacionan las implicaciones legales de las relaciones basadas en un pacto (lo que también es visible en otros textos no bíblicos del antiguo Oriente Próxi­mo) con el concepto de amor. Con todo, el amor entre David y Jona­tán va más allá de la lealtad y el oportunismo político. Este se basa en una amistad genuina. Los actos hablan con más fuerza y duran más que cual­quier conquista militar. Este acto era arriesgado: Casi le cuesta la vida a Jonatán, al lanzarle su padre una lanza (versículo 33).
En profundidad
¿Cómo podemos saber qué es lo que quiere Dios para nosotros en una situación específica? Como cristianos, es allí donde entra en juego nuestra fe. En esta sección veremos cómo Jonatán se dio cuenta de que la voluntad de Dios era que atacara a los filisteos en Micmas (1 Samuel 14:1-14).
Para empezar, Jonatán entendió quién era Dios. No se trataba de probar si Dios existe. Él confiaba absolutamente en él. Estaba totalmente seguro de que Dios puede salvar. «Para él no es difícil salvarnos, ya sea con mu­chos o con pocos» (versículo 6, NVI). Él no quiere manipular a Dios ni forzar­lo a actuar, sino descubrir cómo encaja él en los planes de Dios. La actitud de Jonatán es la correcta. Él está preparado para aceptar la voluntad divi­na, y no quiere usarla como pretexto para hacer lo que le parezca o forzar a alguien a que entre en su plan. En el versículo 9 deja claro que sí Dios se lo indica, él está preparado para quedarse y no subir «adonde están ellos». Elena G. de White nos aconseja a «ejercer sabiduría y juicio en toda acción de la vida, a fin de no colocarnos en situación de prueba por procederes temerarios. No debemos sumirnos en dificultades descuidando los medios que Dios ha provisto y usando mal las facultades que nos ha dado».
John Wesley se adhiere a esta idea, al advertirnos: «No os apresuréis a atribuir cosas a Dios. No asumáis que sueños, voces, impresiones o visiones son revelaciones de Dios. Pueden ser de él, pueden ser natura­les, o pueden ser del diablo. Por lo tanto, "no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios"». La Biblia nos advierte: «No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios» (1 Juan 4:1). También nos dice: «Examinadlo todo y retened lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:21). Ese examen comienza por descubrir qué dicen las Escrituras res­pecto a un tema determinado. Dios siempre actúa en armonía con su voluntad revelada en la Biblia.
Sucede que, cuando conocemos bien a una persona, podemos pre­decir cuál será su elección o qué dirá ante una situación determinada. Cuanto más cerca estamos de alguien, más fácil nos resulta saber su vo­luntad, aunque las circunstancias sean completamente nuevas. De igual manera, mientras más nos familiarizamos con la Biblia, llegamos a en­tender mejor qué es lo que Dios quiere que hagamos en cada nueva si­tuación que se nos presenta. Comparado a nosotros, Jonatán solo dis­ponía de una pequeña porción de las Escrituras. Aun así, él sabía que Dios había llamado a Israel y lo había escogido, y que había prometido luchar por su pueblo y salvarlo si este volvía a Dios en busca de ayuda. Saber cuál era el plan maestro de Dios ayudó a Jonatán a definir mejor lo que Dios esperaba de él ese día en Micmas.
A veces la línea que separa la fe de la presunción puede parecer muy fina. Jonatán entendía que Dios no tiene límites. Él no quiso manipular a Dios para que hiciera lo que él quería. Más bien, miró a su alrededor para asegurarse de que las circunstancias eran providenciales. Estuvo dis­puesto a esperar o avanzar. Lo importante es que Jonatán esperó a que Dios le revelara su voluntad mediante la señal que él le propuso.
De igual manera, nosotros debemos mirar a nuestro alrededor y fi­jarnos si las circunstancias son providenciales. ¿Nos está hablando el Señor por medio de los acontecimientos o las personas de nuestra vi­da? Es ahí donde tenemos que buscar una señal.
Es importante resaltar que Jonatán no confió exclusivamente en sus propias impresiones. Él consulta a otra persona temerosa de Dios y le confía sus planes y sus ideas (1 Samuel 14:6, 7).
Finalmente, Jonatán decide avanzar. Puede decir con fe y seguridad absolutas: «Ven conmigo [...], porque el Señor le ha dado la victoria a Israel» (versículo 12, NVI).
Respuestas
La amistad conlleva una relación benéfica mutua entre dos o más per­sonas. Esta sería una buena definición científica. Pero la amistad no es ni clínica, ni estéril. En ella están implicadas las emociones, puede causar do­lor, y exige un esfuerzo y un compromiso continuos. A veces, la relación entre Dios y un ser humano se describe en términos de amistad. Abraham es referido como el amigo de Dios (Isaías 41:8; Santiago 2:23). Moisés, cuando hablaba cara a cara con Dios «como habla cualquiera con su compañero» (Éxodo 33:11) es otro ejemplo de amistad entre Dios y un ser humano.
En el Nuevo Testamento, Jesús ilustra esta amistad entre Dios y el hombre con más ejemplos. Al fin y al cabo, él es la Palabra encarnada, el Creador del universo. La amistad de Dios no solo está reservada para los justos y los que se la merecen (aquellos que no necesitan médico [Mateo 9:12]). Él busca también a los marginados, los solitarios y los pe­cadores (como las prostitutas y los publícanos); gente de quienes la mayoría de nosotros nos aparataríamos como si estuviesen contamina­dos. En su oración sacerdotal, Jesús vincula la amistad con el acto de guardar los mandamientos (Juan 15:14), no como un medio de salva­ción, sino como una imitación del amor de Jesús y su interés por la co­munidad («como el pámpano permanece en la vid»).
La amistad también está estrechamente ligada a la identidad. Solo po­dré ser un buen amigo si me conozco a mí mismo, si soy capaz de amar, y si acepto los peores rasgos de mi carácter. Amar al prójimo como a mí mismo es uno de los principios básicos de la amistad (Levítico 19:18). Jesús se basa en este importante concepto y lo expande para incluir, además de los amigos (o aquellos a quienes nos resulta fácil amar), a los ene­migos (Mateo 5:43, 44). Basada en esta luz, la amistad de Jonatán debió florecer a partir de un profundo reconocimiento propio de lo que él era como persona. Él encontró su lugar en la vida, aunque no fuera en el palacio de Gilboa.
En nuestro tiempo, la abnegación está completamente pasada de mo­da. Ceder el asiento a una dama en un vagón del metro o en el autobús se puede interpretar como un acto de paternalismo o de chauvinismo, al menos en Estados Unidos. Una vez más, Jesús es nuestro modelo. «El, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo» (Filipenses 2:6, 7). Él se hizo siervo para servir a la humanidad. Jesús es digno de ser imitado. Co­menzando por el establo de Belén y siguiendo con el taller de carpinte­ro en Nazaret, el plan maestro de Dios para la encarnación no incluía palacios reales ni alfombras rojas. En su lugar, Jesús estaba llamado a mezclarse con las masas sudorosas y malolientes, a tocar a los impuros y servir a los despojados.
El servicio de la Santa Cena es una buena ilustración de este principio de abnegación. Mientras los discípulos discutían quién de ellos ocuparía el preciado lugar a la diestra de Jesús (tanto en el banquete como en el rei­no que pronto tendría que venir), este se despojó de su manto, se inclinó para tomar la jofaina y la toalla, e inició la aparentemente denigrante tarea de lavarles sus pies sucios y malolientes. El autor y compositor estadouni­dense Michael Card captó esta escena de manera extraordinaria:
En el aposento alto
una parábola está a punto de hacerse realidad.
Mientras ellos discuten quién es el mejor
él se levanta en silencio con mirada adolorida.
Su Siervo Salvador les da el ejemplo
mediante la fuerza del agua
y la suavidad de la toalla.
El llamado es a la comunidad
el poder empobrecido que libera el alma.
Para que humildemente tome el voto
de tomar cada día la jofaina y la toalla.
Reacción

Chantal: La vida de Jonatán demuestra lo importantes que son tam­bién los papeles secundarios. A veces siento que si no soy la presidenta, cofundadora o directora de algo es porque no soy tan importante. Pre­sentarme como una simple ama de casa que educa a sus hijos en el ho­gar suena poco interesante, sobre todo después de haber sido profesora en un seminario. Sin embargo, Jonatán es una excelente demostración de que desvivirse por estar en una posición destacada no es lo que el cielo entiende por grandeza. La vida de Jonatán como amigo y como hijo irradia calidez, lealtad y una fe inconmovible. Deseo que esa fe, esa calidez y esa lealtad brillen en mi vida como hija, esposa y madre.
Gerald: Al parecer, la amistad es una especie en vías de extinción, al menos en el mundo occidental. Las personas se han vuelto prescindibles y la palabra sacrificio se ha convertido prácticamente en un insul­to. ¿Aún recordamos a nuestro mejor amigo de la escuela o de la uni­versidad? ¿Seguimos en contacto con ese amigo o amiga? ¿Alguna vez los superficiales y enervantes estilos de comunicación de Twitter y Facebook sustituyeron los momentos de intimidad que la conversación y la relación cara a cara solían tener? El estilo de amistad de Jonatán es un don inigualable. Me alegro por todos esos amigos que a menudo me han sorprendido con su lealtad y dedicación. No obstante, me pre­gunto hasta qué punto puedo responder de una manera desinteresada; o si estoy demasiado ocupado «calculando los costos» sin antes actuar.

 

Algunos eruditos han sugerido que la amistad entre David y Jonatán iba más allá de una amistad sana entre dos hombres. Sin embargo, esta es solo una conjetura de una historia de la edad de hierro del antiguo Oriente Próximo vista desde la perspectiva de los convencionalismos y los temas que preocupan a la sociedad del siglo XXI. Aunque Jonatán «amó» a David (1 Samuel 18:1), también lo amaban Judá e Israel (1 Samuel 18:16), así como Saúl y sus siervos (1 Samuel 18:22).

La raíz hebrea traducida como «temblar» o «miedo» es la misma que se usa en 1 Samuel 13:7, donde se describe de manera irónica la reacción de los israelitas cuando se enfrentan al poderoso ejército filisteo. En esta ocasión la situación ha dado un vuelco, y son los filisteos quienes ahora tiemblan y se muestran teme­rosos.

Compárese Ralph W. Klein, 1 Samuel, Word Biblical Commentary, tomo 10 (Dallas, Texas: Word [1983]), p. 136. El motivo del guerrero divino es muy importante en las Escrituras. Véase, por ejemplo, Martin G. Klingbeil, Yahweh Fighting From Heaven: God as Warrior and as God of Heaven in the Hebrew Psalter and Ancient Near Eastern Iconography [Jehová luchando desde el cielo: Dios como guerrero y como Dios del cielo en el salterio hebreo y la iconografía del antiguo Oriente Próximo] Orbis Biblicus et Orientalis, tomo 169 (Fribourg/Góttingen: University Press/Vandenhoeck & Ruprecht [1999]) y T. Longman III - D. G. Reid, God Is a Warrior [Dios es un guerrero], Studies in Oíd Testament Biblical Theology (Grand Rapids, Michigan: Zondervan [1995]).

Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 340.

Citado por James Dobson, Emotions: Can You Trust Them? (Londres: Hodder and Stoughton [1980]), pp. 119, 120. Disponible en John Wesley, Works of the Reverend John Wesley (First American Complete and Standard Edition from the Latest London Edition), tomo 4 (Nueva York: B. Waugh & T. Mason, for the Methodist Episcopalian Church [1835]), p. 521. Consultado en http://books.google.com el 24 de marzo de 2010 a las 19: 36 horas GMT+l.

Michael Card, «The Bassin and the Towel» [La jofaina y la toalla] en Poiema (Sparrow, 1994).