El ministerio de curación, p. 123

"En esperanza somos salvos." (Romanos 8:24). Hay que inducir a los caídos a que sientan que no es demasiado tarde para ser hombres. Cristo honró al hombre con su confianza, y así le puso en la obligación de ser fiel a su honor. Aun a aquellos que habían caído más bajo los trataba con respeto. Era un dolor continuo para Cristo arrostrar la hostilidad, la depravación y la impureza; pero nunca dijo nada que denotase que su sensibilidad había sido herida u ofendido su gusto refinado. Cualesquiera que fueran los hábitos viciosos, los fuertes prejuicios o las pasiones despóticas de los seres humanos, siempre les hacía frente con ternura compasiva. Al participar de su Espíritu, miraremos a todos los hombres como a hermanos, que sufren las mismas tentaciones y pruebas que nosotros, que caen a menudo y se esfuerzan por levantarse, que luchan con desalientos y dificultades, y que anhelan simpatía y ayuda. 123 Entonces los trataremos de tal manera que no los desalentemos ni los rechacemos, sino que despertemos esperanza en sus corazones. Al ser así alentados, podrán decir con confianza: "Tú, enemiga mía, no te huelgues de mí: porque aunque caí, he de levantarme; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz." El juzgará mi causa y hará "mi juicio, ... me sacará a luz; veré su justicia." (Miqueas 7:8, 9.)Dios "miró sobre todos los moradores de la tierra.

El formó el corazón de todos ellos." (Salmo 33:14, 15.)
Al tratar nosotros con los tentados y extraviados, nos manda: Considérate "a ti mismo, porque tú no seas también tentado." (Gálatas 6:1.) Si sentimos nuestras propias flaquezas, nos compadeceremos de las flaquezas ajenas.
"Porque, ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido?" (1 Corintios 4:7.) "Uno es vuestro Maestro; ... y todos vosotros sois hermanos." (S. Mateo 23:8.) "¿Por qué juzgas a tu hermano? o tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano?" "Así que, no juzguemos más los unos de los otros: antes bien juzgad de no poner tropiezo o escándalo al hermano." (Romanos 14:10,13.)
Es siempre humillante que se nos señalen nuestros errores. Nadie debe amargar tan triste experiencia con censuras innecesarias. Nadie fue jamás regenerado con oprobios, pero éstos han repelido a muchos y los indujeron a endurecer sus corazones contra todo convencimiento. La ternura, la mansedumbre y la persuasión pueden salvar al extraviado y cubrir multitud de pecados.