| Notas de E. G. White Lección 4 PAZ CON DIOS (Rom. 5.1 |
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Domingo 17 (Audio) El pecado ha destruido nuestra paz. Mientras el yo no sea subyugado, no podemos encontrar descanso. Ningún poder humano puede regir las dominantes pasiones del corazón. En esto somos tan impotentes como lo fueron los discípulos para dominar la rugiente tempestad. Pero aquel que apaciguó las olas de Galilea ha pronunciado las palabras que proporcionan paz a cada alma. No importa cuán fiera sea la tempestad, los que se vuelven a Jesús clamando "Señor, sálvanos", hallarán liberación. La gracia de Jesús, que reconcilia el alma con Dios, aquieta la contienda de la pasión humana y en su amor halla descanso el corazón... "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Romanos 5:1). "El efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre" (Isaías 32:17). En nuestra búsqueda por los dones celestiales, somos dirigidos a un don que incluye todos los demás: Creer en aquel a quien Dios ha enviado para reconciliar al ser humano con él. Los atributos de Cristo deben ser estudiados e imitados para que, completos en él, podamos revelar la belleza de su carácter. Cuando el ser humano, mediante Cristo, se acerca a Dios y renueva su lealtad hacia él, gozará de descanso, paz y seguridad (Review and Herald, agosto 13, 1901). | |
| Notas de E. G. White Lección 4 ENCONTRAR PAZ: Parte I (Mat. 11:28, 29) |
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Lunes 18 (Audio) Debemos llevar el yugo de Cristo para que nos coloquemos en completa unión con él. "Llevad mi yugo sobre vosotros", dice él. Obedeced mis requerimientos; pero estos requerimientos quizá sean diametralmente opuestos a la voluntad y propósitos de una persona en particular. ¿Qué se debe hacer entonces? Oíd lo que dice Dios: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame". El yugo y la cruz son símbolos que representan una misma cosa: la entrega de la voluntad a Dios. Cuando el hombre limitado lleva el yugo, se une en compañerismo con el amado Hijo de Dios. Cuando toma la cruz, el egoísmo se elimina del alma, y el hombre queda en condiciones de aprender a llevar las cargas de Cristo. No podemos seguir a Cristo sin llevar su yugo, sin llevar su cruz y seguirlo. Si nuestra voluntad no está de acuerdo con los requerimientos divinos, debemos renunciar a nuestras inclinaciones, abandonar nuestros deseos acariciados y seguir en las pisadas de Cristo... | |
| Notas de E. G. White Lección 4 ENCONTRAR PAZ: Parte 2 (Juan 14:27) |
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Martes 19 (A La vida del Salvador en esta tierra, pese a haber sido vivida en medio de conflictos, fue una vida de paz... Ninguna tormenta de la ira satánica pudo alterar la calma de aquella perfecta comunión con Dios. Y nos dice: "Mi paz os doy". La vida de cada hombre testifica acerca de la verdad de las palabras de la Escritura: "Los impíos son como la mar en tempestad, que no puede estarse quieta... No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos". El pecado ha destruido nuestra paz. Mientras el yo no está subyugado, no podemos hallar descanso. Las pasiones predominantes en el corazón no pueden ser regidas por facultad humana alguna. Somos tan impotentes en esto como los discípulos para calmar la rugiente tempestad. Pero el que calmó las olas de Galilea ha pronunciado la palabra que puede impartir paz a cada alma. Por fiera que sea la tempestad, los que claman a Jesús: "Señor, sálvanos" hallarán liberación. Su gracia, que reconcilia al alma con Dios, calma las contiendas de las pasiones humanas, y en su amor el corazón descansa. "Hace parar la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Alégranse luego porque se reposaron; y él los guía al puerto que deseaban". "Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo". "Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre" (El Deseado de todas las gentes, pp. 303, 304). Poco antes de su crucifixión, Cristo había dejado a sus discípulos un legado de paz: "La paz os dejo -dijo- mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo". Esta paz no es la paz que proviene de la conformidad con el mundo. La que Cristo dejó a sus discípulos es interior más bien que exterior. Afuera habrá guerras y luchas, oposición de los enemigos declarados y frialdad y suspicacia de los que dicen ser amigos. La paz de Cristo no destierra la división y las luchas sino que permanece en el corazón en medio de los conflictos (Review and Herald, enero 16, 1900). | |
| Notas de E. G. White Lección 4 PAZ EN EL HOGAR (Heb. 12:14) |
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Miércoles 20 (Audio ) Dios desea que su pueblo tenga manos limpias y corazones purificados. ¿Será posible que esto los haga infelices? ¿Acarrearía infelicidad a sus familias el hecho de que fueran bondadosos y pacientes, corteses y tolerantes? Lejos de ello. La bondad que manifiesten hacia sus familias se reflejará sobre ellos mismos. Esta es la clase de obra que debería llevarse a cabo en el hogar. Si los miembros de una familia no están preparados para vivir en paz aquí, tampoco están preparados para formar parte de la familia que se reunirá alrededor del gran trono blanco. Invariablemente el pecado produce oscuridad y esclavitud; pero el bien hacer produce paz y santo regocijo (Exaltad a Jesús, p. 135). Dios quisiera que nuestras familias fuesen símbolos de la familia del cielo. Recuerden esto cada día los padres y los hijos, y relaciónense unos con otros como miembros de la familia de Dios. Entonces su vida será de tal carácter que dará al mundo una lección objetiva de lo que pueden ser las familias que aman a Dios y guardan sus mandamientos. Cristo será glorificado; su paz, su gracia y su amor compenetrarán el círculo familiar como un perfume precioso (El hogar cristiano, p. 13). Si un hermano nos hiere, no debemos tratar de hacerle lo mismo; y si nosotros lo hemos herido, debemos ir a él y pedirle que nos perdone. Una herida entre hermanos no debe dejarse sin solucionar ni siquiera una noche; por el contrario, debemos decirnos: "Quiero dejar esto solucionado; quiero que haya armonía entre mi alma y la de mi hermano". Al hacerlo así estaremos dando un ejemplo a los demás. Y si un hermano cae en una falta. ¡Cuán ansiosos deberíamos estar de que se vuelva de sus malos caminos y retorne al Señor, quien tendrá misericordia de él y le ofrecerá su perdón abundante! Si vemos que nuestro hermano tropieza, nuestro primer deber será ayudarlo a pararse sobre sus pies para proseguir por el camino de la vida. Si el amor de Jesús está en el alma seremos misericordiosos con todos, porque él también es misericordioso. Pero si juzgamos y condenamos a otros, seremos juzgados por el Juez de toda la tierra. | |
| Notas de E. G. White7 Lección 4 PAZ EN LA IGLESIA (Mat. 5:23, 24) |
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Jueves 21 (Audio ). El Salvador estableció los pasos que debemos seguir al tratar con los demás. En el Sermón del Monte declaró: "Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda" (S. Mateo 5:23, 24). Si hay una diferencia con otro hermano en la iglesia, debemos acercarnos a él y tratar de solucionarla para que continúe la comunión entre nosotros. Es un deber y una obligación que debemos cumplir antes de presentar nuestras ofrendas, para que las mismas sean aceptables ante Dios. Si la falta ha sido nuestra, debemos quitar la piedra de tropieza que hemos colocado delante de sus pies. Las relaciones en la iglesia no son un asunto sin importancia, por el contrario, cada creyente debiera preocuparse de todo corazón por mantener buenas relaciones en la iglesia de Dios. La prosperidad de la misma debiera ser su primer interés. Y si un miembro no siente la sagrada obligación de conectarse con el pueblo de Dios de tal manera que sea una bendición para toda la iglesia, en lugar de buscar solamente sus propios intereses, quizá la iglesia podría estar mejor sin él. Pero nadie necesita quedarse afuera porque sus talentos y medio sean limitados. Todos pueden hacer algo por la causa de Dios; todos pueden ilustrar en sus vidas y caracteres las enseñanzas de Cristo al buscar vivir en paz y en perfecta armonía. Por otra parte, todos pueden sacrificarse un poco para colaborar con las cargas financieras de la iglesia, y no pensar en recibir sus beneficios y privilegios sin hacer nada por ellos. Cuanto más entreguemos de los medios que Dios nos ha confiado, tanto más él colocará en nuestras manos (The Bible Echo, septiembre 1, 1888). La obra del pueblo de Dios en el mundo consiste en refrenar el mal, en elevar, ennoblecer y purificar a la humanidad. Los principios del amor, de la bondad y la benevolencia deben desarraigar cada fibra de egoísmo que ha impregnado toda la sociedad y corrompido a la iglesia... Si los hombres y las mujeres quieren abrir sus corazones a la influencia celestial de la verdad y del amor, estos principios fluirán de nuevo, como corrientes en el desierto, refrigerándolo todo, y produciendo frescura donde ahora hay sólo esterilidad y hambre. La influencia de los que siguen el camino del Señor será tan abarcante como la eternidad. Llevarán consigo la alegría de la paz celestial como un poder permanente, refrigerante e iluminador (La maravillosa gracia de Dios, p. 124).
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| Notas de E. G. White Lección 4 |
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Sal. 4:3; 119:165; Isa. 26:3; Rom. 8:6; Fil. 4:7. | |