Comentario de la Biblia
I. Cuando caen los gigantes (Repasa, con la clase, Núm. 20:1-13; Sal. 78:40-56; 105:41; 106:32, 33).
En un momento en que, sin duda, estaban agotados emocionalmente luego de la muerte de su hermana, Moisés y Aarón se encontraron confrontados por otra rebelión más del pueblo hebreo. No hay dudas de que su sed no era imaginaria, sino muy real. Los hijos lloraban, y los nervios de los padres estaban tensos. Las quejas alcanzaron un nivel muy alto, y Moisés y Aarón debieron haber pensado: "¿Hasta cuándo tendremos que soportar esto?" Después de casi cuarenta años de peregrinación por el desierto, a las edades de 120 y 123 años, habiendo soportado años de ingratitud y quejas, Moisés y Aarón sentían que su paciencia llegaba al límite.
Al principio, parecía que Moisés y Aarón prevalecerían espiritualmente. A través de los años, habían cultivado una dependencia de Dios en oración. Una vez más, se acercaron a Dios pidiendo una respuesta, y él hablo. Él dijo que no había olvidado las necesidades de su pueblo, y que él proveería. Se les dieron instrucciones específicas a los hermanos; pero, en el calor del momento, Moisés atacó al pueblo de Dios, hablándoles como si él y Aarón (en vez de Dios) fueran responsables por entregarles agua, y golpeó la roca en vez de hablarle.
Considera: Todos los líderes afrontan desafíos de sus seguidores. ¿Cómo puedes tú, como líder, evitar las trampas que atraparon a Moisés y Aarón en el desierto?
II. La muerte de Aarón (Repasa, con la clase, Núm. 20:23-29; 33:38; Sal. 77:20).
Habían pasado cuatro meses desde la muerte de la hermana mayor de Aarón, María. Habiendo abandonado Cades, los israelitas habían viajado al Monte Hor, en las afueras del territorio edomita. Los días de la peregrinación por el desierto estaban a punto de terminar; había llegado un tiempo de transición. Las funciones del liderazgo atendidas por Moisés y Aarón estaban a punto de ser transferidas a Josué y Eleazar, el hijo mayor de Aarón. La siguiente etapa de la obra de Dios estaba lista para avanzar con nuevo líderes. También fue un tiempo de gran tristeza, cuando la congregación se despidió de aquellos que habían hecho grandes sacrificios personales para conducir a Israel hasta allí. Sin duda, fue un tiempo de ansiedad también. Aunque la gente a veces había sido rebelde, se había desarrollado un nivel de confianza en los líderes; ahora se enfrentaban a lo desconocido sin ellos.
Considera: ¿Qué herencia dejarás a la siguiente generación? Cuando cambian los líderes, ¿cómo ayuda el recordar al verdadero Líder (Dios)?
III. El pecado de ingratitud y las serpientes ardientes (Repasa Núm. 20:14-21; 21:1-9; 2 Rey. 18:4; Sal. 78:19, 20: Juan 3:14, 15; Heb. 12:1, 2).
Es muy irónico que otra sesión de quejas siga a la gran victoria sobre los cananeos. Los israelitas podrían haber visto esto por lo que era: el anuncio del avance hacia el reino de Dios entre los territorios dominados por los paganos; pero, en lugar de alegrarse, se quejaron. ¡Cuán cortos de vista! Cada pequeña incomodidad llegó a ser una ocasión para quejarse. Cuarenta años bajo la conducción providencial de Dios se olvidaron misteriosamente. Ahora, un generación que difícilmente puede recordar Egipto (y su opresión) repite el refrán que repitieron sus padres con demasiada frecuencia: "¡Egipto era mejor!" En consecuencia, Dios retiró un poco de protección, y las serpientes atacaron a los israelitas en proporciones epidémicas. Dios le dijo a Moisés que hiciera una réplica de bronce de una víbora y la pusiera sobre un asta. Cuando eran mordidos, los israelitas podían mirar a la serpiente, un símbolo de la liberación divina. Al mirarla, serían sanados del veneno mortal. Con el tiempo, Jesús se apropiaría de esto como un símbolo de su expiación por el pecado.
Considera: ¿Por qué era importante para Israel mirar a la serpiente de bronce? ¿Por qué es necesario que el creyente ejerza fe mirando a Jesús?
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