Comentario de la Biblia
I. Rebelión (otra vez) y recordativos (Repasa, con la clase, Núm. 16:1-40 y Sal. 106:16-18).
¿Quién ha ido demasiado lejos? ¿Se podrá de pie el verdadero culpable?
Coré y sus asociados pretendían que Moisés y Aarón habían ido demasiado lejos en el ejercicio de su autoridad. Como la mayoría de las pretensiones, el problema no era "negro y blanco". Las personas que persiguen el poder a menudo pueden dar una explicación razonable de ello, que tiene cierto grado de respetabilidad en un nivel superficial. Coré argumentó que 1) todos en Israel eran parte del pueblo de Dios, y 2) Dios está con todos. Ahora, ¿quién podría discutir eso? ¿Podríamos estar de acuerdo en que este argumento es sólido, sobre una base filosófica, para una democracia basada en la Biblia?
La verdadera motivación de Coré, sin embargo, parece verse en su afirmación posterior, que acusa a Moisés y a Aarón de una falta de disposición de compartir el liderazgo con otros. ¿Era cierto esto? Los hechos contradicen esta acusación. Primero, Moisés estuvo dispuesto a seguir la sugerencia de Jetro de distribuir el liderazgo por toda la Nación. Segundo, Moisés había cooperado en poner en práctica la distribución del liderazgo a "los setenta". aun defendiendo el derecho de liderazgo de aquellos que no estuvieron presentes en la "investidura". Nada, en el registro, pareciera indicar que Moisés o Aarón trataron de explotar sus posiciones exaltadas como líder y sumo sacerdote, respectivamente, para algún tipo de ganancia o ventaja personal.
Esto nos lleva a sospechar de los motivos de Coré y su séquito. Moisés le contestó a Coré con sus propias palabras: "¡Son ustedes [...] los que han ido demasiado lejos! (Núm. 16:3, 7, NVI). Moisés sugiere que el motivo real detrás del movimiento de Coré era una insatisfacción con el liderazgo que él ya ejercía. No satisfecho con ser líder de los levitas, aspiraba el sacerdocio. Como hombre de habilidad e influencia considerables en el cargo que tenía, ganó una audiencia entre muchos de los líderes de Israel que simpatizaban con él.
Es de notar que Datán y Abiram ni siquiera lo acompañaron para discutir cosas con Moisés cara a cara. En cambio, dirigieron más acusaciones contra Moisés por medio de mensajeros. Dijeron que Moisés los había sacado de una existencia fácil en Egipto. Usaron descripciones que Dios había reservado para la Tierra Prometida. ¡Una existencia fácil! Cuán rápidamente habían olvidado las exigencias irrazonables del trabajo, los castigos abusivos, aun la matanza de sus propios hijos. Así, a la luz de la acusación y la contraacusación, ¿cómo podría la Nación discernir quién tenía la razón?
Moisés y Coré aceptaron participar de una prueba, algo similar a los sacrificios de Caín y Abel, o a la discusión entre Elías y los profetas de Baal. Los que se pusieron de parte de Coré traerían sus incensarios llenos de incienso, como también lo harían Moisés y Aarón. Entonces Dios demostraría a quién él había realmente elegido. Al tiempo señalado, Coré y los doscientos cincuenta líderes que lo apoyaban se presentaron ante Moisés y Aarón a la entrada del atrio del Tabernáculo.
El que Coré llamara a la congregación a presenciar el evento testifica del hecho de que él creía que abogaba por una causa justa, en la que esperaba triunfar. ¡Así son las ilusiones engañosas de un corazón celoso y ansioso de poder! En cambio, una sentencia de muerte sobrenatural fue pronunciada sobre Coré, Datán y Abiram, mientras un terremoto los tragaba vivos junto con sus familias, y los doscientos cincuenta seguidores fueron quemados. Dios había hablado claramente, pero la rebelión no había sido aplacada.
Considera: Cuando las iglesias se dividen y los líderes están enfrentados, ¿cómo podemos descubrir quién realmente está siguiendo la conducción divina?
II. Entre los vivos y los muertos, y el reverdecimiento de la vara de Aarón (Repasa, con la clase, Núm. 16:41-50; 17).
Eleazar, el hijo de Aarón, recibió la tarea de recoger los incensarios de los rebeldes y martillarlos a fin de formar una cubierta para el altar, que serviría como un recordativo constante de las consecuencias de la rebelión. Esto no sirvió. Al día siguiente, algunos descontentos, en la congregación, acusaron a Moisés y Aarón de asesinar a los que habían muerto el día anterior. ¡Qué falta de sentido! ¿Creían ellos realmente que Moisés y Aarón tenían el poder de producir un terremoto y llamar fuego del cielo? Si no lo creían, ¿por qué los acusaron? Si era así, ¡cuán necio era que ellos desafiaran a alguien que tenía todo ese poder!
Por segundo día consecutivo, Moisés y Aarón intercedieron en favor de la congregación rebelde, cuando Dios les advirtió que se apartaran a fin de que pudiera destruir a Israel. Aarón corrió por entre la congregación llevando incienso en su incensario, un símbolo de la oración intercesora. Sin embargo, casi quince mil personas perecieron, antes de que la plaga se detuviera. En la vara que brotó, Dios proveyó un ejemplo más, indiscutible, de que había elegido a Aarón como sacerdote. Cada tribu presentó una vara, y todas fueron puestas ante el altar del Pacto. Solo la vara de Aarón floreció, indicando la elección que Dios hacía. La rebelión terminó, pero qué precio alto se pagó por esa instrucción.
Considera: ¿Cómo podemos ser intercesores efectivos para aquellos que, en nuestras familias o en nuestras iglesias, se están rebelando contra Dios?
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