| Notas de E. G. White Lección 8 Amar a los hermanos |
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Sábado 15 (Audio ) El amor de Juan por su Maestro no era una mera amistad humana, sino que era el amor de un pecador arrepentido, que sentía que había sido redimido por la preciosa sangre de Cristo. Estimaba como el mayor honor trabajar y sufrir en el servicio de su Señor. Su amor por Jesús lo inducía a amar a todos aquellos por quienes Cristo murió. Su religión era práctica. Razonaba que el amor a Dios debía manifestarse en el amor a sus hijos. Se lo oyó reiteradamente diciendo... "Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?" (1 Juan 4:19, 20). La vida del apóstol estaba en armonía con sus enseñanzas. El amor que brillaba en su corazón por Cristo, lo indujo a realizar el más ferviente esfuerzo y la más incansable labor por sus semejantes, especialmente por sus hermanos en la iglesia cristiana. |
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| Notas de E. G. White Lección 8 LOS DOS PASAJES DEL AMOR |
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Domingo 16 (Audio ) El mayor peligro de la iglesia de Cristo no es la oposición del mundo. Es el mal acariciado en los corazones de los creyentes lo que produce el más grave desastre, y lo que, seguramente, más retardará el progreso de la causa de Dios. No hay forma más segura para destruir la espiritualidad que abrigar envidia, sospecha, crítica o malicia. Por otro lado, el testimonio más fuerte de que Dios ha enviado a su Hijo al mundo, es la armonía y unión entre hombres de distintos caracteres que forman su iglesia. El privilegio de los seguidores de Cristo es dar ese testimonio. Pero para poder hacerlo, deben colocarse bajo las órdenes de Cristo. Sus caracteres deben conformarse a su carácter, y sus voluntades a la suya. |
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| Notas de E. G. White Lección 8 LA “DEFINICIÓN” DEL AMOR (1 Juan 3:11-16; 4:7-16) |
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Lunes 17 (Audio) Los seres humanos pertenecen a una gran familia: la familia de Dios. El propósito del creador era que los seres humanos se despertaran y se amaran mutuamente, y que siempre manifestaran un interés puro y abnegado en el bienestar mutuo. Pero Satanás se ha propuesto interesar a los hombres en primer término en sí mismos, y éstos al ceder a su control han desarrollado un egoísmo que ha llenado al mundo de miseria y lucha, y ha indispuesto a los hombres entre sí. La belleza del carácter de Cristo se verá en los que le siguen. Era su delicia hacer la voluntad de Dios. El poder predominante en la vida de nuestro Salvador era el amor a Dios y el celo por su gloria. El amor embellecía y ennoblecía todas sus acciones. El amor es de Dios, no puede producirlo u originarlo el corazón inconverso. Se encuentra solamente en el corazón donde Cristo reina. "Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero" (1 Juan 4:19). En el corazón regenerado por la gracia divina, el amor es el móvil de las acciones. Modifica el carácter, gobierna los impulsos, restringe las pasiones, domina la enemistad y ennoblece los afectos. Este amor alimentado en el alma, endulza la vida y derrama una influencia purificadora en todo su derredor (El camino a Cristo, pp. 58, 59). La verdadera finalidad del evangelio es desarrollar en los seres humanos un amor santo y supremo por Dios y un amor abnegado los unos por los otros. Esta clase de amor no es solamente un impulso que nos lleva a ser benevolentes o a practicar la filantropía; es el fruto de un corazón purificado y lavado de toda maldad (Loma Linda Messages, p. 62). |
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| Notas de E. G. White Lección 8 UNA DEFINICIÓN DE PECADO (1 Juan 3:4) |
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Martes 18 (Audio ) Cristo nunca debiera estar alejado de nuestra Mente. Los ángeles dijeron de él: "Llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (S. Mateo 1:21). ¡Qué precioso Salvador es Jesús! Seguridad, auxilio, confianza y paz hay en él. Es el disipador de todas nuestras dudas, la prenda de todas nuestras esperanzas. Cuán precioso es el pensamiento de que realmente podemos llegar a ser participantes de la naturaleza divina, con la que podemos vencer así como Jesús venció. Jesús es la plenitud de nuestras expectativas. Es la melodía de nuestros himnos, la sombra de una gran roca en el desierto. Es el agua viva para el alma sedienta. Es nuestro refugio en la tempestad. Es nuestra justicia, nuestra santificación, nuestra redención. Cuando Cristo es nuestro Salvador personal, anunciaremos las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable... Debe enseñarse la fe, la fe salvadora. La definición de esta fe en Jesucristo se puede hacer con pocas palabras: es el acto del alma por medio del cual todo el hombre se entrega a la guarda y el control de Jesucristo. Por la fe él mora en Cristo y Cristo mora supremamente en su alma. El creyente encomienda su alma y su cuerpo a Dios, y con seguridad puede decir: Cristo es capaz de guardar lo que le he encomendado hasta aquel día. Todos los que hagan esto serán salvos para la vida eterna. Habrá seguridad de que el alma ha sido lavada en la sangre de Cristo, revestida con su justicia, y es preciosa a la vista de Jesús. Nuestros pensamientos y nuestras esperanzas están concentrados en la segunda venida de nuestro Señor. Ese es el día cuando el Juez de toda la tierra recompensará la confianza de su pueblo (Mente, carácter y personalidad, t. 2, p. 550). Hay, gracias a Dios, cuadros más brillantes y halagüeños que el Señor nos ha presentado. Agrupemos las bienaventuradas seguridades de su amor, como tesoros preciosos, para que podamos mirarlas de continuo. El Hijo de Dios abandonando el trono de su Padre, vistiendo su divinidad de humanidad, a fin de rescatar al hombre del poder de Satanás; su triunfo en nuestro favor, abriendo el cielo al hombre, revelando a la visión humana la cámara de la presencia donde la divinidad revela su gloria; la especie caída levantada desde el abismo de la ruina en que el pecado la había sumido, y puesta de nuevo en relación con el Dios infinito, habiendo soportado la prueba divina por la fe en nuestro Redentor, revestida con la justicia de Cristo y exaltada a su trono, éstos son los cuadros son los cuales Dios nos invita a alegrar las cámaras del alma. Y mientras no miremos "a las cosas que se ven, sino a las que no se ven" resultará cierto que "lo que al presente es momentáneo y leve de nuestra tribulación, nos obra un sobremanera alto y eterno peso de gloria" (2 Corintios 4:18, 17) (Joyas de los testimonios, t. 2, p. 342). El alma imbuida con el amor de Jesús, gusta de contemplar a Jesús, y contemplándolo, será transformada a su semejanza. Cristo, la esperanza de gloria, se forma en el interior. Su confianza aumenta... y su amor se profundiza y amplía, a medida que tiene la seguridad de que mora en Cristo, y Cristo en él... Y nosotros podemos volvernos a Jesús en busca de su más tierna simpatía y recibir ánimo para perseverar, poniendo toda nuestra confianza en el que dijo: "Confiad, yo he vencido al mundo" (Hijos e hijas de Dios, p. 312).
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| Notas de E. G. White Lección 8 EL AMOR EN ACCIÓN (1 Juan 3:17, 18; 4:19-21) |
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Miércoles 19 (Audio ) "Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano" (1 Juan 4:21). Es imposible que alguno tenga verdadero amor a Dios pero no tenga compasión por sus prójimos. El amor de Jesús en el corazón siempre se revelará en una tierna compasión por aquellos por quienes el pagó un precio tan elevado. "No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad" (1 Juan 3:18). No existe tal cosa como un cristiano sin amor, porque el que está unido a Cristo en palabra, en vida y en acción, dará un testimonio viviente de que tiene la mente y el espíritu de Cristo (The Home Missionary, agosto 1, 1896). |
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| Notas de E. G. White Lección 8 EL AMOR Y LOS MANDAMIENTOS (1 Juan 3:22-24; 4:21-5:4) |
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Jueves 20 (Audio ) La justicia es la práctica del bien, y es por sus hechos por lo que todos han de ser juzgados. Nuestros caracteres se revelan por lo que hacemos. Las obras muestran si la fe es genuina o no. La ley de Dios es la transcripción de su carácter. Los que profesan guardarla pero no aman a Dios con todo su corazón, su alma, su mente y sus fuerzas, no guardan los primeros cuatro mandamientos ni los seis últimos. "Por sus frutos los conoceréis". El verdadero amor a Dios se revela siempre; no se puede esconder. El que verdaderamente guarda los mandamientos revelará el amor que Cristo mostró por su Padre y por sus semejantes, porque el corazón en el que mora Jesús mostrará su carácter y sus obras en favor de aquellos que necesitan conocer el evangelio. Mostrará los frutos de su fe en palabras de ternura y obras de misericordia. |
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| Notas de E. G. White Lección 8 Los hechos de los apóstoles, pp. 452, 453. |
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Viernes 21 (Audio ) Las instrucciones formuladas en la Palabra de Dios no dan lugar para transigir con el mal. El Hijo de Dios se manifestó para atraer a todos los hombres a si mismo. No vino para adormecer al mundo arrullándolo, sino para señalarle el camino angosto por el cual todos deben andar si quieren alcanzar finalmente las puertas de la ciudad de Dios. Sus hijos deben seguir por donde él señaló la senda; sea cual fuere el sacrificio de las comodidades o de las satisfacciones egoístas que se les exija; sea cual fuere el costo en labor o sufrimiento, deben sostener una constante batalla consigo mismos. |
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