La Esperanza que transforma |
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Nuestro presente se caracteriza por la desesperanza. La ausencia de esperanza provoca reacciones tormentosas que traen como consecuencia dolor, tristeza y desamor. Con seguridad, muchas de las reacciones humanas tengan su respuesta en esta característica que impera en nuestra sociedad.
El hombre sin Dios, es un ser sin esperanza. La sociedad, el dinero, no otorgan esperanza ni paz. Por lo tanto la visión desastrosa de nuestra sociedad sería una reacción a la separación de lo único que puede otorgar felicidad: Dios.
Por supuesto que el pecado provoca separación de Dios. El pecado hace que los hombres miren de acuerdo a su instancia, y claro, la instancia humana es limitada, débil y finita.
Esperanza sólo en Cristo
Jesús señaló enfáticamente que jamás obtendremos la paz mientras Él no haya realizado las transformaciones necesarias. “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jn 16:33). Las palabras de Cristo nos señalan que a pesar de este mundo y su aflicción, en Él podemos esperar. No está señalando que la vida del cristiano será apacible, lo que está diciendo es que podemos confiar que el final es esplendoroso, porque Él gano la victoria, conquistó el mundo, derrotó al diablo y la muerte (Ef 4:8; Col 2:15) y por lo tanto tiene todo el derecho y autoridad de brindarnos esperanza y paz.
La sociedad busca esperanza donde no la encontrará. Algunos la buscan en el descontrol, en el alcohol, las drogas, etc. Las grandes organizaciones y los gobiernos buscan la paz política y económica. Sin embargo ninguna de ellas podrá proveer esperanza, paz y seguridad. Por el contrario, el descontrol de la sociedad contribuye cada día a profundizar aun más la imposibilidad humana.
Las profecías señalan que los días de este planeta están contados, Cristo vendrá por segunda vez. ¿A qué? Nos parece una interesante pregunta. Jesús vendrá para llevarnos a su hogar. Este mundo y su condición actual, nunca fue el lugar adecuado para que las criaturas de Dios viviéramos, es un lugar que está infectado por el pecado y la corrupción moral, un mundo que está condenado a la destrucción y que ningún esfuerzo humano podrá dar respuesta a la desesperanza. La única solución que poseen los hombres está en aquel que ganó el derecho de perdonar y de hacer nuevas todas las cosas.
La muerte y la eternidad.
Recuerdo con mucho dolor, hace ya varios años, haber oficiado el servicio fúnebre de un muchacho de 19 años. Había muerto trágicamente en un accidente en su moto. Esa noche llovía torrencialmente y el terreno estaba resbaladizo, sin embargo aunque era un buen y prudente conductor, mientras realizaba la última etapa de su trayecto, se encontró de frente con unos caballos que corrían asustados por el ruido de los truenos y la luz de los relámpagos y golpeó su cabeza en un montículo de concreto. Mi gran inquietud era ¿qué digo a esos padres que perdieron a su hijo amado? La verdad es que nuestras inquietudes sobre la muerte, desde el punto de vista humano, no tienen ninguna respuesta que satisfaga la necesidad y el dolor que provoca. Como cristianos sabemos que la muerte es un resultado del pecado y que a menos que Cristo regrese, todos tendremos que pasar por ella. La muerte es una inesperada visita que nadie desea recibir.
La obra redentora de Cristo incluye también una solución a la problemática de la muerte. Cuando el Señor resucitó, no sólo resucitó y logró derecho a perdonar los pecados, sino que ha ganado el derecho a que todos los que aceptaran el mensaje de salvación puedan vivir, a pesar de haber muerto. Jesús dijo que aquellos que crean en Él, aunque estén muertos, vivirán (Jn 11:25). ¡Esto es fantástico!, Cristo tiene el poder de reestablecer la vida, de hacer nuevas todas las cosas, incluso a nosotros. La esperanza cristiana nos hace enfrentar con un espíritu templado la muerte, aunque dolorosa, existe la esperanza maravillosa de la resurrección.
Aun más, la oferta divina incluye un adelanto de la experiencia ahora mismo. “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muere a vida” (Jn 5:24). Jesús no solo ofrece la resurrección y luego de ello la vida para siempre, sino que desde ahora puede otorgarnos vida en abundancia. Es decir, la presencia de Cristo a través del Espíritu Santo y su conducción puede llevarnos a una nueva experiencia sin parangón alguno. Esta experiencia incluirá una nueva relación basada en el amor que anulará el miedo (1Jn 4:18), también es aceptar los mandatos divinos, aceptar estos principios darán al creyente la seguridad de ir por el único camino capaz de proveer paz y felicidad. Esta experiencia nos conduce a una nueva relación con Dios, de confianza y plena dependencia, también hay una nueva relación con nuestros semejantes, por lo que el egoísmo y el rencor quedan fuera de nuestra experiencia y toman su lugar, el perdón, el amor y el servicio.
Nuestra única esperanza
La muerte y resurrección de Cristo, han dado lugar a la única esperanza que podamos poseer. Imagine lo que sería si todo esto no fuera cierto. Vagaríamos y daría lo mismo qué creer, tal vez tendríamos estilos de vida ordenados, sólo por vivir una experiencia, sin embargo viviríamos con el temor a lo desconocido. Cristo ha prometido regresar. A medida que pasa el tiempo, entendemos que nuestro encuentro con Él está más cerca. Recuerdo en el año 1995, se realizó una protesta por las detonaciones atómicas en el Atolón de Mururoa, en el Pacífico por Francia. En todo el mundo se reaccionó por los experimentos nucleares que allí se realizaban. Un sábado mientras viajaba en un taxi a una reunión de líderes en Santiago, la muchacha que hablaba por la radio estimulaba la protesta, la idea era hacer sonar la bocina de los vehículos a las 17:00. Eso sería la protesta y el hacer conciencia de lo terrible que ocurría en el pacífico. Cuando llegó el momento ella dijo, ‘hagan sonar sus bocinas, ¡salvemos al mundo!’. Nunca me he olvidado de esa frase: ¡Salvemos al mundo! ¿Es posible? ¿Podemos nosotros salvar al mundo de su autodestrucción? Algunos reportajes señalan que el calentamiento global viene con un retraso de por lo menos 35 años, y que ya en ese tiempo era imposible detenerlo, hoy vemos los estragos que el calentamiento global está dejando a su paso, cambios climáticos, grandes deshielos en la antártica, calores excesivos, nevazones sin precedentes, tornados, etc.
La Biblia señala que la única esperanza de salvación que tenemos, no está en lo que podamos hacer con nuestro esfuerzo, radica en la obra sobrenatural realizada por Cristo al morir y resucitar y en el cumplimiento de su promesa de regresar para llevarnos a casa.