La certeza de lo que se espera
(Pr. Aarón A. Menares Pavez, Orador Nuevo Tiempo – Chile)

La carta a los Hebreos capítulo 11 es un documento fantástico sobre la fe.  El registro que allí está cuenta la vida de hombres y mujeres que vivieron en la medida de Dios.  Como concepto, la fe es definida como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Heb 11:1).

El creer en algo o alguien racionalmente no constituye en su totalidad como el ideal de fe.  Creer básicamente es entender que algo está o existe, sin embargo la fe bíblica va aun más allá, por esto señala que incluso Satanás y sus demonios creen y tiemblan (Stgo 2:19).  El evangelio de Juan considera llegar a creer en Jesús como el Mesías divino humano y necesario para la salvación. 

La expresión fe, semánticamente es una sencilla declaración, sin embargo su importancia está más allá de un conocimiento de tipo intelectual.  La fe provee un tipo de relacionamiento y produce cambios en la conducta del que vive ese relacionamiento de fe. 

La fe viene del oír la Palabra de Dios (Ro 10:17), eso quiere decir que el relacionamiento con Dios se va fortaleciendo a medida que la comunión con su Palabra va creciendo, por supuesto que el interés debe ser más que un interés literario.  Entonces la fe también es un don divino (Ef 2:8), Dios provoca que la fe crezca, a través de la experiencia y la comunión con Él.

No es sensacionalismo 

Deberíamos hacer una notable distinción entre lo que es la fe y la presunción.  Es bueno reflexionar en el tema, porque existen hoy en día muchos creyentes que basan su fe en la cantidad de milagros que vean.  Presunción sería lanzarse de un piso alto de un edificio argumentando que los ángeles evitarán los daños físicos o bien la muerte.  Aunque Dios tiene el poder de proteger a cualquier hijo suyo de una caída como esa. 

Basar nuestra religión en actos milagrosos, nos hace basar nuestra fe en las cosas efectistas, más que buscar un tipo de relación de comunión y confianza.  Blackaby, en su libro “Mi experiencia con Dios” señala basado en la vida de Moisés que debemos buscar ‘experimentar’ a Dios en nuestra vida y en todo lo que hacemos.  Si Dios hace o no un milagro no debería marcar la diferencia como saber que su presencia está con nosotros y tenemos la certeza de aquello.  Por ejemplo, los amigos de Daniel fueron enfrentados a decidir adorar o no la estatua que había erigido el rey, sin embargo ellos decidieron ser fieles a Dios.  Tenían la certeza que Dios estaría con ellos, aún si tenían que morir (Dn 3:17,18), cosa que no ocurrió porque Dios mismo vino para protegerlos.

Basar nuestra religiosidad en los actos sobrenaturales o el sensacionalismo, nos hace cristianos de segunda categoría, porque dependemos de algún acto sobrenatural para creer.   Dios espera algo de mayor contundencia como lo fue la experiencia de aquellos que están registrados en Hebreos 11.

 

 

Cristo el gran afecto de fe 
Al reconocer nuestra condición limitada, observamos la obra redentora de Cristo.  Cristo aparece como el soporte único y perfecto de nuestra fe.  Basar la fe en personas o instituciones, nos hace cristianos débiles, porque estaremos realizando una observación humana y por ser humana es imperfecta.  Basar nuestro tipo de relación de fe con Cristo, nos hace fuertes e incluso ‘poderosos’, no porque exista virtud poderosa en nosotros sino porque el poder divino, es decir su presencia se manifiesta en cada acto nuestro.  Creer en Jesús es creer que es nuestro único y suficiente salvador.  Que ha provisto de un puente de acceso hacia lo que nosotros no podríamos jamás haber trazado.  Creer en Él es confiar y depender plena y absolutamente y comprender que nada de lo que ocurra, sea esto positivo o negativo pasa sin que su presencia esté  manifestándose en medio nuestro.  Cristo es el redentor, el autor de la salvación (Heb 12:1,2), es Dios y por ser Dios es Todopoderoso.  A través del Espíritu Santo nos acompaña, nos bendice, nos dirige.

Este es el gran secreto del cristianismo práctico, que la presencia de Jesús está en cada creyente, y que esa presencia afecte la vida práctica.

Fe activa
La experiencia del creyente es fortalecida por la presencia del Espíritu Santo y va creciendo en gracia, en estatura espiritual, es decir a medida que su relación se estrecha con Jesús, ya sea a través del estudio de la Biblia, y la comunión con la oración su andar diario se realiza ya no solo sino que de la mano del Todopoderoso.  “Más el justo por la fe vivirá” (Ro 1:17), entonces todo lo que acontece en su vida tiene un sentido, tal vez no exista una respuesta inmediata como fue el caso de Job, pero si tiene la seguridad que su vida está controlada por Dios (Ro 8:28).  Como se puede dar cuenta la fe, va más allá de ser testigo de grandes milagros, o sorprendentes acontecimientos.  Eso no quiere decir que Dios no pueda realizarlos, de hecho Él a cada instante lo está realizando.  Su protección para los que se aferran a Él es una realidad, defendiéndolos y protegiéndolos de los dardos del enemigo, otorgando una coraza de fe.  Este es una experiencia para aquellos que viven por fe, bajo una comunión estrecha e íntima con su Señor.

En conclusión, la fe es más que una palabra relacionada con milagros, aunque en los hombres de fe los milagros son una realidad.  La fe es más que vivir de sensaciones, es vivir en la presencia de Dios.  Es confiar, depender, entender que Dios está al control de todo.  Es asumir que Él es la salvación, es creer que en Él tenemos la vida eterna.  Que por su sacrificio logró la salvación y al creer en Él y aceptarlo, somos trasladados a su reino de luz (Col 1:13).